El crudo internacional volvió a escalar tras la ruptura de la tregua en Medio Oriente y oscila entre los USD 82 y USD 88, con riesgos de nuevas disrupciones en las rutas alternativas al estrecho de Ormuz.
El precio del petróleo Brent volvió a escalar y osciló entre los USD 82 y USD 88 por barril en las últimas rondas financieras, luego de que la tregua de junio —que había llevado al crudo a niveles más bajos— llegara a su fin. La reanudación de los ataques estadounidenses contra Irán y las posteriores represalias iraníes revirtieron la calma e encendieron nuevamente las alarmas sobre los surtidores argentinos.
De acuerdo con un informe de la consultora Empiria, si el precio internacional del petróleo alcanza los USD 100, las naftas locales deberían absorber un incremento del 12,4%, lo que generaría un impacto directo de 0,56 puntos porcentuales sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El Brent llegó a cotizar en USD 102 el pasado 23 de julio —su nivel más alto desde junio—, antes de ceder a USD 92,82 tres días después tras una breve pausa en los combates, marcando una caída del 4,1% en una sola jornada. Aunque esta corrección redujo la brecha con el precio implícito en el mercado local, no la eliminó del todo: los valores actuales en los surtidores argentinos son consistentes con un Brent en torno a los USD 84, una cifra por debajo del rango internacional de mercado.
Si el crudo lograra estabilizarse en los niveles actuales, el impacto pendiente sobre la inflación sería neutro. Sin embargo, el panorama global dista de mostrar signos de estabilización.
La crisis en las rutas globales de suministro.
El tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz, canal clave por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, sufrió un drástico desplome: pasó de registrar más de 88 buques diarios a tan solo 15 barcos por jornada.
Con esta vía prácticamente bloqueada, el mercado energético intenta operar mediante rutas alternativas:
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El oleoducto saudí hacia el Mar Rojo.
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Las salidas de los Emiratos Árabes Unidos por Fuyaira.
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Las terminales de exportación de Omán.
No obstante, cada una de estas vías presenta serias vulnerabilidades. Los rebeldes hutíes ya declararon un bloqueo sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, la salida obligada del crudo saudí hacia Asia tras cruzar el Mar Rojo. Aunque por el momento se trata de una amenaza sin ataques efectivos registrados a los flujos, fue suficiente para empujar nuevamente al Brent por encima de los USD 80.
Estimaciones de Bloomberg Economics citadas por Empiria indican que la interrupción efectiva de la ruta saudí —que moviliza entre 4 y 5 millones de barriles diarios— llevaría el Brent a los USD 103 por barril. Un cierre simultáneo de las cuatro vías alternativas proyectaría el barril hacia los USD 114.
Para medir la magnitud del problema, el informe detalla el impacto potencial por ruta:
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Oleoducto Este-Oeste (Arabia Saudita): sumaría USD 18 al barril ante un corte total.
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Fuyaira (EAU): agregaría USD 6.
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Terminales de Omán: añadirían USD 4.
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Oleoducto Irak-Turquía: sumaría USD 1.
El antecedente directo de una crisis de esta magnitud se remonta a 2019, tras el ataque a la planta saudí de Abqaiq: la pérdida temporal del 5% de la oferta mundial provocó un salto repentino del 15% en el precio del crudo en una sola rueda. La rigidez de la demanda global impide ajustes inmediatos, por lo que la escasez de barriles se traslada rápidamente a los precios.
El impacto en el mercado local y el esquema “buffer”.
Frente a la turbulencia externa, el mecanismo de amortiguación adoptado por las petroleras locales desde principios de abril explica por qué los combustibles en Argentina no replicaron la volatilidad internacional.
YPF —que encabeza más del 55% del mercado minorista— implementó un sistema de contención denominado internamente “buffer”, esquema que luego fue seguido por el resto de los competidores. Gracias a este freno, la nafta súper se sostuvo en torno a los $2.000 por litro entre abril y junio, período en el que el Brent exigía valores locales significativamente superiores.
Sin embargo, este mecanismo contempla una regla de compensación: cuando la cotización internacional baja, los surtidores locales no reducen sus tarifas de inmediato. Durante esa ventana, las compañías buscan recuperar los márgenes resignados durante la etapa de contención.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, confirmó esta postura la semana pasada al descartar un recorte en el corto plazo:
“Todavía no llegamos al valor de equilibrio para bajar el precio de la nafta. Ahora con estos precios te imaginarás que se dilata más”, sostuvo Marín, explicando que la brecha aún no se ha saldado.
De acuerdo con estimaciones de la consultora 1816, para neutralizar completamente el congelamiento aplicado durante la vigencia del buffer, los precios de los combustibles deberían mantenerse en sus niveles actuales hasta mediados de noviembre.
La contracara: récord en el superávit energético.
A pesar de la presión sobre los surtidores, la escalada del crudo deja un saldo positivo para las cuentas externas de la Argentina, consolidando al sector energético como un fuerte generador de divisas.
Para 2026, la consultora Empiria proyecta:
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Exportaciones energéticas: USD 12.300 millones.
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Importaciones energéticas: USD 3.100 millones.
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Superávit comercial del sector: USD 9.200 millones (un nuevo máximo histórico).
A largo plazo, las estimaciones sugieren que la maduración de las inversiones en infraestructura y producción llevaría el superávit energético argentino a rozar los USD 32.431 millones hacia el año 2035.
Redacción: Nova Comunicaciones.


