El equipo se convirtió en el primer representante de América Latina en la prestigiosa competencia internacional Drillbotics. Diseñaron un dispositivo automatizado a escala capaz de tomar decisiones en tiempo real.
La ingeniería argentina volvió a pisar fuerte en el escenario internacional. Un equipo interdisciplinario de 11 estudiantes del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) marcó un hito histórico al convertirse en el primer contingente de América Latina en clasificar y competir en el Drillbotics, un certamen global organizado por la Sociedad de Ingenieros del Petróleo (SPE) que desafía a universidades de todo el mundo a crear sistemas de perforación autónomos.
El prototipo fue la gran atracción del ITBA Future Day, un evento que reunió a más de 2.000 personas. Allí, el dispositivo demostró su capacidad para operar con una autonomía que emula los desafíos de los mismísimos rovers que exploran la superficie de Marte, aunque su aplicación más terrenal apunte a revolucionar la industria energética local.
Innovación con el sello de Vaca Muerta.
“Comenzamos el desarrollo a mediados de 2025. Trabajamos hasta diciembre en el diseño teórico, clasificando a la instancia final, y luego tuvimos apenas cuatro meses para la fabricación y puesta en marcha del equipo físico”, explicó Augusto Storani, miembro del equipo y líder de la administración del proyecto, en diálogo con TN Tecno. En la fase final, los argentinos midieron sus fuerzas cara a cara con representantes de Alemania y Noruega.
El robot es, en esencia, un equipo de perforación automatizado a escala reducida. Su objetivo central en la competencia fue realizar una perforación direccional autónoma, guiando la mecha a través de tres puntos específicos predeterminados dentro de un bloque de roca.
¿Cómo funciona? El sistema mide en tiempo real variables críticas como la profundidad, el peso sobre la herramienta, el torque, la velocidad de rotación y la orientación. Con estos datos, el software procesa la información y corrige el rumbo de manera automática para alcanzar los objetivos con máxima precisión.
A pesar de las inevitables analogías espaciales, Storani aclaró que la verdadera musa inspiradora está en el suelo patrio: “Nuestra principal referencia fue la tecnología utilizada en la perforación direccional de pozos de petróleo y gas. Nos basamos en equipos reales que hoy se utilizan en desarrollos como Vaca Muerta, pero que aún no se fabrican en nuestro país”.
El valor del trabajo bajo presión.
El mayor desafío del proyecto no fue solo fierros y motores, sino lograr que disciplinas diametralmente opuestas hablaran el mismo idioma. El robot demandó una integración perfecta de mecánica, electrónica, software de control y algoritmos industriales.
Para los estudiantes, la experiencia dejó lecciones que exceden las aulas. “Adquirimos experiencia práctica en diseño, automatización, gestión de proyectos y resolución de problemas bajo presión, habilidades muy valiosas para nuestra futura carrera profesional”, destacó Storani, quien además ponderó el valor del enfoque interdisciplinario.
De cara a lo que viene, el equipo ya planea optimizar los sistemas del robot para aumentar su confiabilidad y utilizarlo como una plataforma educativa para las próximas generaciones de ingenieros. “Queremos que esta experiencia motive a otros equipos a involucrarse, asumir nuevos desafíos y continuar desarrollando tecnologías vinculadas a la robótica y los sistemas autónomos en la región”, concluyó.
Los cerebros detrás del desarrollo.
El éxito del proyecto radicó en la sinergia de alumnos de las carreras de Ingeniería en Petróleo, Mecánica, Electrónica e Informática:
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Administración y Documentación: Augusto Storani, Chiara Alexandra Bortolot y Julieta Luz Bó.
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Área Mecánica, Fabricación y Ensamblaje: Martiniano Federico Leguizamón y Conrado Besel Stur.
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Electrónica, Hardware y Potencia: Andrea Belén Enricci Louzán (Líder) y Julieta Goldbaum.
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Instrumentación y Sensores: Álvaro González Christiansen.
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Software, Control y Automatización: Juan Ignacio García Vautrin Raggio (Líder), Matías Hernán Felizia, Juan Ignacio Cantarella y Augusto Felipe Ospal Madeo.
Redacción: Nova comunicaciocnes.


