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Ordenación Episcopal del Mons. Héctor Zordán en Gualeguaychú-Nova

Ordenación Episcopal del Mons. Héctor Zordán en Gualeguaychú-Nova
ORDENACIÓN EPISCOPAL E INICIO DEL MINISTERIO PASTORAL DE MONS. HÉCTOR ZORDÁN-
– Gualeguaychú
PALABRAS DEL NUEVO OBISPO, MONS. HÉCTOR LUIS ZORDÁN, AL CONCLUIR LA CELEBRACIÓN RELIGIOSA DE ORDENACIÓN EPISCOPAL.
Quiero celebrar con el corazón agradecido a Dios, nuestro Padre, y a Jesús resucitado. ¡Éste es mi “magníficat”!
El Padre, en Jesús, me ha llamado a la vida; me ha educado y me ha hecho crecer como persona hasta llegar a ser lo que soy hoy.
El Padre me ha llamado a seguir a Jesús y me ha dado el don del Espíritu para que pueda ser discípulo del Resucitado.
El Padre me ha llamado a vivir mi vida y mi fe como consagrado desde el carisma de la misión sacricordiana dado a la Iglesia por medio de Cayetano Errico.
El Padre me ha llamado a vivir ese carisma misionero desde el ministerio presbiteral. Lo hice, con luces y sombras, durante 33 años.
Y ahora el Padre me llama, por medio de la Iglesia, para identificarme plenamente con Jesús-Sacerdote en el ministerio episcopal, y me une esponsalmente a esta ya querida Iglesia diocesana de Gualeguaychú.
¡Dios es grande…! Y yo canto, celebro y agradezco su grandeza, su ternura y su compromiso conmigo…
En cada llamado suyo hubo mediaciones humanas que me hicieron presente o me ayudaron a discernir el querer de Dios; y en mi respuesta hubo compañeros de camino que han compartido mi historia y mi caminar… A todos les estoy inmensamente agradecido porque también gracias a ellos, ¡a cada uno de ellos!, soy lo que soy.
Al iniciar mi ministerio episcopal renuevo mi consagración a Dios, y lo hago desde el carisma misionero sacricordiano en el cual me formé, crecí, viví mi fe cristiana y ejercí mi ministerio sacerdotal; el que ha animado toda mi vida…
Y precisamente inspirándome en ese carisma elegí como lema episcopal aquella frase de san Pablo a los efesios: “Nos amó y se entregó por nosotros” (Ef 5,2).
Quiero seguir a Jesús, que ha venido para incendiar el mundo con el amor incondicional del Padre (cfr. Lc 12,49); quiero seguirlo en su amor hasta dar la vida, asumiendo para mí la enseñanza de san Pablo: “practiquen el amor a ejemplo de Cristo…” (Ef 5,2); quiero que mi experiencia del amor entregado de Jesús por mí y por todos sea mi fuente vital, y que sea Él el único referente para mi vida; quiero que su entrega sacrificial por amor [la de Cristo que “amó a la Iglesia-Esposa y se entregó por ella para santificarla” (Ef 5,25-26)] sea inspiradora de mi ministerio; quiero ser –al decir de Cayetano Errico– “una víctima que se inmole y se consagre [para su gloria], consumido mucho más por su amor que por las mismas llamas” (Cayetano Errico, en la primera fórmula de profesión religiosa).

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