Diario Nova

Nova Editorial : La técnica del miedo

El 22 de Noviembre será una fecha histórica. Por primera vez los argentinos/as elegiremos nuestro próximo presidente por un ballotaje.

La tensión va en aumento a medida que pasan los días. Los comentarios y discusiones se producen en todos los ámbitos. En algunas ocasiones, con resultados poco deseados, producto de la intolerancia.

El oficialismo, en una carrera desesperada, apela a todos los argumentos posibles desde 2001 a la fecha para convencer a los ciudadanos/as que no hay mejor opción que la continuidad del actual modelo. Una continuidad altamente cuestionada, porque ni los mismos fanáticos del kirchnerismo están convencidos de que Daniel Scioli represente las metodologías gobernantes imperantes hasta ahora.

Digo, metodologías, porque el modelo, según mi modo de ver, no es menos liberal que el que plantea la otra opción representada por Mauricio Macri.

Así es que la orden fue adoctrinar a la gente con la técnica del miedo. Si no votás a Scioli, se viene el Apocalipsis y nada quedará sobre esta tierra. Argentina será un páramo donde ni los pastos crecerán.

Es tan violenta la campaña desatada que ya está produciendo un hartazgo generalizado en la población. Todos tenemos la seguridad que están insultando nuestra inteligencia y sentido crítico. Nos sentimos como si fuésemos infradotados que necesitamos que alguien nos indique a quién hay que votar. Al mismo tiempo, sentimos que tanto interés por seguir aferrados al poder nos despierta fuertes sospechas.

¿Sólo temen dejar el poder por el amor al país? ¿Temen dejar el poder porque si gana el candidato opositor hará un desastre? ¿O será que temen dejar el poder porque se terminan los privilegios para muchos? ¿O será que temen irse y muchos rendir cuentas a la justicia?

Me pongo en los zapatos de un oficialista y pienso. Si yo hice la cosas bien y mi conciencia está tranquila porque he servido al pueblo y puse mis mejores intenciones en ello, ¿por qué estaría desesperado por indicarle a los demás que me tienen que votar?

Se saca a la superficie todo el album de los recuerdos de Mauricio Macri, sus errores, sus causas judiciales, sus corrupciones. Seguramente habrá muchas que son reales y verdaderas y sobre ello deberá dar cuenta como cualquier ciudadano.

Ahora bien, sería bueno que el oficialismo también haga un mea culpa de todos sus hechos de violenta corrupción, las causas judiciales que abarcan desde la presidenta Cristina hasta decenas de funcionarios hacia abajo.

Si vamos a poner todas las cartas sobre la mesa, eso también da mucho miedo. Da miedo la forma obscena en que muchos funcionarios del gobierno se han enriquecido a costa de nuestro sacrificio. Dan miedo las muertes y desapariciones nunca esclarecidas donde el gobierno aparece altamente implicado.

Un gobierno que habla de inclusión, genera miedo cuando esa inclusión es sólo para los amigos. Los demás, los que estamos en veredas diferentes no existimos en sus cálculos. No contamos. No somos confiables. Da miedo la exclusión que le han hecho a miles de profesionales, científicos, periodistas, titulares de ONGs, jueces y trabajadores porque no forman parte del “modelo”. Muchos han debido renunciar a sus trabajos en el estado porque no pudieron seguir resistiendo los atropellos y las amenazas. Profesionales dedicados a la investigación debieron migrar a otros países para poder conseguir algún lugar donde desarrollar sus conocimientos. Lo afirmo, porque puedo mostrar ejemplos con nombres y apellidos, a lo largo y lo ancho de la argentina.

Da miedo un gobierno que miente a mansalva. Da miedo que la presidente diga muy suelta de cuerpo que deja un país desendeudado y no le dice a los argentinos que, en realidad, debemos 146 mil millones de dólares.

Da miedo un gobierno que dice que el país ha crecido y que nunca hemos estado tan bien, cuando las villas miseria se agrandan cada día a pasos agigantados, y las asignaciones universales y los planes de ayuda social crecen geométricamente a diario porque a la gente no le alcanzan sus ingresos para lo más básico, comer.

Da miedo un gobierno que protege a sus funcionarios corruptos, corriendo y amenazando jueces y colocando las causas en jueces amigos para que ninguna investigación prospere.

Da miedo un gobierno que dice ser aliado de Venezuela, como si fuera un gran ejemplo a seguir. Nos aliamos con un país donde su presidente, Nicolás Maduro, acaba de anunciar que si pierde las próximas elecciones, no respetará el resultado de la voluntad popular y conformará una alianza cívico-militar para continuar en el poder por fuera de las normas constitucionales.

Da miedo un gobierno que, teniendo las mejores oportunidades económicas de la historia argentina, nos deja las reservas del banco central casi vacías.

Nadie puede negar que se han hecho cosas, pero nadie me puede negar que se pudieron haber hecho muchas más. No podemos negar que hubo avances importantísimos en cuanto a derechos ciudadanos, pero eso no es suficiente cuando esas conquistas no están acompañadas de diálogo y humildad.

El oficialismo no puede entender aún por qué los argentinos no los votan. Ellos viven repitiendo como un loro todas las obras realizadas y las conquistas alcanzadas. Sin embargo, pareciera que eso no resulta a la hora de contar los votos.

El problema es que no pueden asumir que el pueblo les retacea el voto por la metodología, por la confrontación permanente, por la técnica política que adoptaron para aferrarse al poder, por la mentira sistematizada, por el autoritarismo y porque ya nadie les cree lo del “progresismo”.

Eso también da miedo. Un gobierno que se pinta la cara de progresista, y por debajo de la mesa arregla con lo peor del capitalismo salvaje. Da miedo un gobierno que repudia al campo y la Sociedad Rural, pero es amigo de Monsanto, Barrik Gold, Wall Mart, Dreyfus, Cargill, Chevrón y la larga lista de representantes del mal en el mundo.

 

            LA CAMPAÑA SUCIA

 

Así fue definida esta técnica del miedo lanzada por doquier rumbo al 22 de Noviembre. Debemos recordar que esto no es nuevo. En la reelección de Carlos Menem también hubo una campaña de miedo, diciéndole al pueblo que si no lo votaban a él tendrían problemas con los créditos que habían adquirido. La mayoría de los argentinos se había endeudado hasta la cabeza y, por lo tanto, la campaña surtió un efecto altamente positivo y tuvimos al riojano,que ya se había quedado sin patillas, por cuatro años más.

Así nos fue. En el año 2001 terminó explotando la bomba como producto de todos los desaguisados que el menemismo había hecho y entonces si que tuvimos miedo.

Ahora, ocurre algo similar. El bonachón y nirvanesco Daniel Scioli, que promovía el optimismo, la confianza y la paz, cambió su estrategia. Asesorado por el brasileño Joao Santana, se transformó en un hombre adusto, que anda siempre enojado, copiando como puede los mensajes de Cristina y mirando de reojo para comprobar si lo dijo bien.

La militancia fundamentalista del gobierno sacó a relucir sus peores armas y bombardea las redes sociales y los medios de comunicación con el fantasma del 2001 y el neoliberalismo, como si ellos nunca hubiesen tenido nada que ver con esos tiempos. Como si en la era de la pizza y el champagne hubiesen estado fuera de la fiesta. Como si no hubieran aplaudido al riojano con el mismo entusiasmo que hoy aplauden a Cristina.

Por la otra parte, los machistas, asesorados por el inefable Durán Barba, salieron al cruce con una campaña de ridiculización de su propio candidato, generando mensajes verdaderamente ingeniosos y cómicos.

Esto también da miedo. No es propio de una democracia seria. No es propio de un país en serio que estemos en medio de esta deplorable pelea vergonzosa.

Los argentinos concurriremos el 22 de Noviembre a las urnas. Cada uno sabrá, de acuerdo a sus convicciones, a quié votar. Y será el pueblo argentino el que decida quién será su próximo presidente. Ya se ha dicho hasta el cansancio: “los votos no son de nadie”.

Afortunadamente, el miedo ya no es un elemento decisivo para la población. No hay miedo ni amenaza que pueda torcer las decisiones de un pueblo.

Y tal vez, los argentinos se equivoquen al votar. Tal vez tengamos que arrepentirnos de lo que votemos. No será la primera vez que ocurra.

Sin embargo, lo más importante que hay que defender es la autodeterminación de los pueblos. El que gana recibe la tremenda responsabilidad que le delega el pueblo y el que pierde se las tiene que bancar y ayudar desde su lugar para que el país siga funcionando de la mejor manera.

Nadie puede meternos miedo. Nadie puede convencernos con chistes. Votemos con la autoridad y la tranquilidad que nos da la Constitución, con lo que nos dicta nuestra conciencia, con la fe puesta en que elegiremos lo que más nos convenga. Aún cuando es difícil elegir para muchos, porque muchos enfrentan la disyuntiva de no sentir preferencia por ninguna de las dos opciones.

Aún así, aún cuando se vote en blanco, aún cuando se vote a un candidato a regañadientes, hagámoslo por nuestra propia decisión y no porque alguien nos indique lo que debemos elegir.

Ese instante en que ingresamos al cuarto oscuro, somos realmente soberanos.

ALBERTO DORATI

Alberto José Dorati.

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