Gualeguaychú vuelve a ser escenario de un reclamo que se repite, pero que esta vez escaló a una situación de peligro extremo.
Sergio, un vecino de la ciudad, relató la impunidad con la que conductores de vehículos de lujo corren carreras ilegales frente a las cámaras de seguridad, sin que ninguna autoridad intervenga.
El relato de una tragedia evitada.
El hecho ocurrió el pasado viernes, alrededor de la 1 de la madrugada. Sergio regresaba de un paseo familiar por la zona del Parque Unzué. Lo que debía ser un cierre de jornada tranquilo se convirtió en una pesadilla al llegar a la cabecera del Puente de la Balsa.
“Casi me tengo que subir a la vereda para que no me chocaran. Venían haciendo picadas a altísima velocidad”, relató Sergio con notable malestar.
Según el testigo, no se trataba de “chicos improvisados”, sino de personas mayores de edad que circulaban con los vidrios bajos, dejando a la vista su identidad. Los vehículos identificados por el vecino fueron:
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Un VW Bora blanco.
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Un VW Gol.
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Un Audi.
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Una camioneta VW Amarok.
La respuesta oficial: “No hay gente”.
Tras el violento episodio, Sergio se comunicó con el área de Tránsito para realizar la denuncia correspondiente. Sin embargo, la respuesta que recibió aumentó su sensación de desprotección. Según le informaron, el personal no podía acudir porque se encontraba en un operativo en las inmediaciones de la Terminal Nueva.
Lo más alarmante es que, según el propio relato del vecino, desde el organismo le reconocieron que esta situación es frecuente todos los fines de semana y que ya tienen identificados a los infractores, pero aseguran “no poder agarrarlos”.
Cámaras que no ven y poder que protege.
El punto central del reclamo apunta a la infraestructura de vigilancia de la ciudad. El Puente de la Balsa cuenta con cámaras de seguridad que, en teoría, deberían registrar estas maniobras de conducción peligrosa de forma inmediata.
“¿Las cámaras del puente sirven para unas cosas y para otras no? ¿O será que esta gente tiene tanto poder que no los pueden tocar?”, cuestionó el vecino.
La pregunta de Sergio resuena en una comunidad que teme que la inacción estatal termine en una tragedia fatal. La combinación de alto poder adquisitivo, vehículos de gran cilindrada e impunidad institucional parece haber convertido al Parque en una pista de carreras clandestina donde la seguridad de las familias que pasean queda en un segundo plano.
¿Esperarán las autoridades a que ocurra una desgracia para utilizar las grabaciones y frenar a los “dueños de la calle”? cerró Sergio.
Redacción: Nova Comunicaciones.


