El próximo 28 de agosto de 2026, la Luna nos ofrecerá uno de esos espectáculos astronómicos que pueden resultar especialmente llamativos incluso a simple vista. Nuestro satélite atravesará la sombra proyectada por la Tierra durante un eclipse Lunar parcial, pero con una particularidad: será un eclipse extraordinariamente profundo.
Durante el máximo del fenómeno, aproximadamente el 96 % del diámetro de la Luna quedará dentro de la umbra terrestre, la parte más oscura de la sombra de nuestro planeta. Eso significa que solamente una pequeña porción del disco lunar, alrededor del 4 %, permanecerá fuera de ella.
Y aquí aparece la pregunta que hace especialmente interesante a este eclipse: si casi toda la Luna estará dentro de la sombra de la Tierra, ¿por qué no será un eclipse total?
La respuesta está precisamente en la geometría del fenómeno.
La diferencia entre un eclipse parcial y uno total.

Para entenderlo hay que imaginar la sombra de la Tierra proyectándose hacia el espacio. Cuando nuestro planeta se interpone entre el Sol y la Luna, bloquea la luz solar y genera una larga sombra que se extiende detrás de la Tierra.
Esta sombra tiene dos zonas principales. La primera es la penumbra, donde solo una parte de la luz solar queda bloqueada. La segunda, mucho más oscura, es la umbra, donde la Tierra bloquea directamente la luz procedente del Sol.
Durante un eclipse Lunar parcial, la Luna atraviesa la umbra, pero no llega a quedar completamente dentro de ella. Una parte de su superficie permanece fuera de la sombra más profunda y continúa recibiendo directamente la luz del Sol.
Eso es exactamente lo que ocurrirá el 28 de agosto.
La Luna se adentrará profundamente en la umbra, pero su trayectoria no la llevará completamente al interior de esta zona. Por eso, aunque casi todo el disco lunar estará oscurecido, una pequeña franja permanecerá iluminada por el Sol.
Y esa pequeña diferencia es suficiente para que el eclipse sea clasificado como parcial.
¿Qué veremos durante el máximo?
Según la NASA, momento más espectacular llegará cuando el eclipse alcance su máximo, aproximadamente a las 04:13 GMT.
En ese instante, cerca del 96 % de la Luna estará dentro de la umbra terrestre. A simple vista, nuestro satélite tendrá un aspecto muy diferente al habitual.
La mayor parte del disco lunar estará oscurecida y podrá adquirir tonalidades rojizas, anaranjadas o cobrizas, mientras que una pequeña zona permanecerá mucho más brillante.
El resultado será una Luna aparentemente dividida entre una parte oscura y rojiza y una diminuta región todavía iluminada directamente por el Sol.
Precisamente esa pequeña zona brillante permitirá apreciar de inmediato que estamos ante un eclipse parcial extremadamente profundo, y no ante uno total.
¿Por qué la Luna se vuelve roja?
Uno de los aspectos más llamativos de los eclipses lunares es que la Luna no desaparece por completo cuando entra en la sombra terrestre.
En realidad, parte de la luz solar consigue alcanzar la superficie lunar después de atravesar la atmósfera de nuestro planeta.
La atmósfera terrestre actúa como una especie de filtro. La luz azul se dispersa con mayor facilidad, mientras que los tonos rojizos y anaranjados pueden atravesar la atmósfera y desviarse hacia el interior de la sombra.
Por eso, durante la fase más profunda del eclipse, la Luna puede adquirir ese característico aspecto cobrizo o rojizo que ha hecho que los eclipses totales sean popularmente conocidos como «Lunas de sangre».
En este caso no tendremos una Luna completamente sumergida en la umbra, pero la enorme superficie eclipsada podrá mostrar igualmente esas tonalidades.
Un eclipse que casi será total.

La profundidad del eclipse es precisamente lo que convierte al fenómeno del 28 de agosto en algo tan especial.
Un eclipse Lunar parcial puede ser muy discreto cuando solamente una pequeña parte de la Luna entra en la umbra. En esos casos, resulta sencillo pasar por alto el fenómeno si no se sabe exactamente dónde mirar.
Pero este será muy diferente.
Con alrededor del 96 % de la Luna dentro de la umbra, prácticamente todo el disco lunar experimentará el oscurecimiento provocado por la sombra terrestre. Solo una pequeña porción quedará fuera de ella.
En otras palabras, estaremos ante un eclipse que rozará la totalidad sin llegar a alcanzarla.
La diferencia entre ambos tipos de eclipse puede parecer mínima visualmente, pero desde el punto de vista astronómico es fundamental: para que un eclipse Lunar sea total, todo el disco de la Luna debe entrar en la umbra.
Si una pequeña parte permanece fuera, aunque sea solamente una fracción del disco, la clasificación seguirá siendo la de eclipse parcial.
La Luna atravesará la sombra de nuestro planeta.
El fenómeno completo comenzará antes de que la Luna alcance la zona más profunda de la sombra. Primero entrará en la penumbra, una región donde el oscurecimiento es mucho más sutil.
La fase penumbral comenzará aproximadamente a las 01:24 GMT. Posteriormente, a las 02:34 GMT, comenzará la fase parcial, cuando la Luna empiece a introducirse en la umbra terrestre.
A partir de ese momento, el cambio será mucho más evidente.
La sombra de la Tierra irá avanzando sobre el disco lunar hasta alcanzar su máxima profundidad alrededor de las 04:13 GMT. Después, la Luna comenzará a abandonar progresivamente la umbra, hasta que la fase parcial termine aproximadamente a las 05:52 GMT.
Aunque estos horarios permiten seguir la evolución del fenómeno, lo más interesante será observar cómo cambia lentamente el aspecto de la Luna a medida que la sombra terrestre avanza sobre ella.
Un fenómeno visible sin protección especial.
Al contrario de lo que ocurre con los eclipses solares, no necesitamos ningún tipo de protección ocular para observar un eclipse Lunar.
La Luna puede contemplarse directamente durante todas las fases del fenómeno. Además, unos prismáticos o un pequeño telescopio pueden permitir apreciar con mayor detalle la transición entre las zonas iluminadas y las regiones que se encuentran dentro de la sombra.
Pero ni siquiera será necesario disponer de equipamiento astronómico.
Una simple vista despejada del cielo será suficiente para disfrutar de uno de los momentos más curiosos del eclipse: cuando casi todo el disco lunar esté sumergido en la sombra y solamente una pequeña parte permanezca brillante.
Un eclipse parcial muy poco «parcial»
La paradoja es precisamente lo que hace especial a este fenómeno.
El eclipse Lunar del 28 de agosto de 2026 será oficialmente parcial, pero visualmente se acercará mucho al aspecto de un eclipse total. Cerca del 96 % de la Luna quedará dentro de la umbra, dejando apenas una pequeña región iluminada directamente por el Sol.
No veremos desaparecer completamente nuestro satélite, pero sí podremos observar cómo la sombra de la Tierra cubre prácticamente todo su disco y transforma buena parte de su superficie en una esfera oscura y rojiza.
Será, en definitiva, un buen ejemplo de cómo unos pocos kilómetros de diferencia en la trayectoria de la Luna pueden cambiar por completo la clasificación de un eclipse.
Y también una oportunidad perfecta para mirar al cielo y recordar que, aunque desde nuestra perspectiva la Luna parece seguir siempre el mismo camino, la geometría exacta entre el Sol, la Tierra y nuestro satélite puede producir espectáculos muy diferentes.
El 28 de agosto, la Luna no llegará a desaparecer por completo detrás de la sombra terrestre. Pero estará muy cerca de hacerlo.
Será un eclipse Lunar que rozará la totalidad.


