Cada vez que se avecina un mundial, como es el caso de estos tiempos, rememoramos la canción más linda de los mundiales, que es la de Italia 90, por siempre insuperable. Esa canción que nos enamora con su armonía, y nos hace desear “Un’estate italiana”, “Un Verano Italiano”, como dice su estribillo.
Y en ese Verano Italiano está inmersa ahora la vicegobernadora María Laura Stratta.
Ella partió hacia la tierra del Dante dejando atrás la restricción del Gobierno argentino sobre los viajes de los funcionarios públicos al exterior, medida impulsada antes que finalice agosto por el ministro de Economía Sergio Masa.
Esa medida pretende contribuir a una mayor racionalización del gasto público, limitando los traslados a aquellos eventos internacionales “reconocidos e impostergables” para los intereses del Estado, y cuya organización no contemple la posibilidad de participar de forma virtual.
El Gobierno Nacional recomendó limitar las comitivas oficiales que integren dichos traslados «a un máximo de un funcionario o funcionaria por evento o actividad a realizarse».
Y Stratta encabeza una comitiva de alrededor de diez integrantes.
El motivo del viaje y estadía en Italia sería participar de una feria de emprendedores, por eso, de esa comitiva, cerca de la mitad serían emprendedores, que es incierto si harán algún negocio que recupere para la provincia todo el dinero que implica viajar en estos momentos al exterior, con el dólar tan alto, con costos que son siderales.
Tal vez María Laura vuelva bronceada para tratar de seducir a los que hoy no le dan apoyo a sus aspiraciones como candidata a gobernadora. Un bronceado que también adquirió en un viaje a Cancún (Mejico) junto a su familia hace apenas un mes.
Cuando se habla de que “al Estado no le alcanza la plata” y por eso se ahoga en nuevos préstamos, y a continuación se dispara la pregunta sobre “en que gasta el Estado la plata”, la plata de los infinitos impuestos, la plata de los préstamos que recibe, la plata que debería beneficiarnos a todos, la respuesta está en estos viajes y estadías que no reditúan en ningún beneficio público.
Diez pasajes ida y vuelta en avión a Italia en Clase Bussines para viajar en esta clase tenes que pagar 3 millones, es sinónimo de confort, cuidado de detalles, donde el pasajero recibe más atención. Diez estadías en un país europeo. Traslados. Todo pago como si fueran los ganadores de un «Gran Premio».
Pero todo es pagado con el gran esfuerzo de muchos que ya ni sueñan con llegar alguna vez a un país extranjero, y menos europeo, pagado por esos que ya solo esperan llegar a tiempo a su trabajo diario, yendo en un colectivo incomodo, sin higiene, sin mantenimiento, que pasa a deshora, o que tal vez no pase, porque los choferes resuelven un paro sorpresivo por falta de pago.