They accuse manufacturer of recognized juice for contamination of a stream of Entre Ríos.
Está consagrado como uno de los jugos con mayor demanda en la Argentina, Citric hace gala de la amplia aceptación a partir de una estrategia de marketing enfocada en consolidar la idea de que sus bebidas son 100% naturales y, en simultáneo, los procesos de elaboración a los que apela su fabricante resultan cuidadosos del medioambiente.
La firma tucumana El Carmen es la controlante de la productora de jugos que posee en Chajarí, junto a la centroamericana Livsmart. “En ese distrito del noreste entrerriano, la empresa enfrenta una grave denuncia por contaminar las aguas del arroyo “Las Alpargatas”, afluente del curso Mandisoví que luego desemboca en el embalse de la represa hidroeléctrica Salto Grande”, dice el reconocido periodista Patricio Eleisegui en su publicación hecha en el portal “Economía Sustentable”.
En concreto, y de acuerdo al proceso asentado en el Juzgado Federal de Concepción del Uruguay, “la compañía vierte desechos industriales sin ningún tipo de tratamiento en el caudal de “Las Alpargatas” desde hace al menos una década”.
El movimiento en cuestión, describe el mismo artículo, derivó en la extinción de toda forma de vida en las aguas (la elevada mortandad de peces fue el primer indicio de contaminación), la proliferación de olores nauseabundos, y la imposibilidad de continuar utilizando el recurso para el riego de plantaciones y la crianza de ganado.
Todo ese detalle aparece en la acción impulsada por Néstor Marsilli, el principal afectado por los desperdicios que el fabricante de Citric libera en el ambiente. Ocurre que “Las Alpargatas” atraviesa la chacra que el damnificado comparte con su esposa, dos hijos y un hermano.
En la presentación que originó el proceso judicial Marsilli adjuntó fotografías y otros registros que ponen en evidencia el daño ambiental.
“Sendas pruebas químicas concretadas a instancias del denunciante confirmaron la ausencia casi total de oxígeno en el agua”, remarcó luego el informe del periodista reconocido por su trabajo que derivó en la publicación del libro “Envenenados”, con el entrerriano Fabián Tomasi como testigo del impacto en la salud humana de los agroquímicos.
De ocupación productor citrícola, Marsilli presentó un recurso de amparo por contaminación en 2015 en compañía de otro vecino pero el reclamo resultó desestimado por el municipio, que alegó falta de competencia por cuestiones de jurisdicción.
Dos años después, y a raíz de una intervención del provincial Concejo Regulador del Uso de Fuentes de Agua (CORUFA), “El Carmen” se comprometió por escrito a poner en marcha una planta de tratamiento de desechos con el fin de erradicar por completo las descargas tóxicas en el arroyo. La compañía nunca cumplió con lo acordado.
En diálogo con “Economía Sustentable”, Marsilli contó que, a partir de sus primeros reclamos, ejecutivos de la compañía se acercaron a tomar muestras del arroyo. Pero que los directivos de “El Carmen” nunca aportaron vías de solución.
“Vinieron y miraron en más de una oportunidad. La última vez quedaron en revisar el presupuesto, a ver qué podían hacer. Tras lo dispuesto por CORUFA la empresa compró todo para avanzar con la planta de tratamiento. Pero finalmente no instalaron nada alegando problemas con el dólar y la situación económica del país”, expresó el entrevistado.




