Ante el impacto inminente del fenómeno meteorológico El Niño en el territorio nacional, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación emitió un llamado de advertencia a los productores agropecuarios para priorizar la planificación anticipada y mitigar los posibles daños en los cultivos.
A través de sus canales oficiales, el organismo dependiente del Ministerio de Economía subrayó que las decisiones operativas tomadas a tiempo “pueden marcar la diferencia”. En un contexto donde el exceso de precipitaciones amenaza la infraestructura y los rendimientos del sector, las autoridades difundieron una serie de pautas técnicas estructuradas en tres momentos clave: antes, durante y después de las lluvias.
1. Preparación previa: anticipación y diagnóstico del campo.
Para reducir pérdidas, la Secretaría enfatiza la necesidad de conocer el terreno previamente y preparar la infraestructura rural:
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Identificar zonas críticas: Reconocer las áreas bajas y los sectores con tendencia al anegamiento para tomar decisiones informadas.
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Mantenimiento de infraestructura: Limpiar y mantener canales, cunetas, alcantarillas y caminos rurales para facilitar la salida del agua y evitar acumulaciones en accesos o lotes.
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Monitoreo hídrico: Registrar el comportamiento del agua en cada lote (dónde se acumula, cuánto tiempo permanece y cómo escurre).
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Planificación por ambientes: Utilizar la información recopilada para definir estratégicamente dónde sembrar, circular y trabajar primero.
2. Manejo durante las precipitaciones y el anegamiento.
Cuando se presentan las contingencias hídricas, la recomendación principal es priorizar la protección de la estructura del suelo:
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Restricción de maquinaria: Evitar el tránsito sobre suelos saturados para prevenir la compactación y la formación de huellas que dificulten la infiltración y el crecimiento radicular.
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Adecuación de equipos: Si las labores (como la cosecha) son indispensables, ajustar la maquinaria y la dinámica de trabajo para minimizar el deterioro del terreno.
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Siembra directa y cobertura: Mantener la cobertura vegetal mediante rastrojos y cultivos de servicio que reduzcan la erosión, favorezcan la percolación y conserven la estructura del suelo.
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Flexibilidad en las fechas de siembra: Adaptar las fechas de implantación a cada lote, entendiendo que esperar a que el suelo recupere condiciones adecuadas resulta más beneficioso que generar daños irreversibles.
3. Evaluación y monitoreo posterior.
Una vez finalizado el evento hidrológico, el foco se traslada al control de daños y la detección de puntos críticos:
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Recorrida de lotes: Inspeccionar el estado sanitario, el grado de implantación y el desarrollo de las plantas en las zonas afectadas.
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Evaluación del impacto: Analizar el grado de anegamiento, dado que puede provocar pérdida de plantas, daños en el sistema radicular y reducciones en el potencial productivo.
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Control sanitario: Mantener un seguimiento constante sobre la aparición de plagas y enfermedades favorecidas por la alta humedad, aplicando tratamientos oportunos.
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Registro de datos: Documentar lo ocurrido durante todo el ciclo para optimizar la toma de decisiones de cara a futuros eventos climáticos.
Con estas medidas, el Gobierno insiste en que el manejo técnico adecuado y la previsión constituyen la principal estrategia para cuidar el suelo y resguardar la producción agropecuaria nacional.
Redacción: Nova Comunicaciones.


