El debate presidencial.Hubo cruces fuertes. Macri buscó vincular a su rival con el kirchnerismo y Scioli alertó sobre el impacto de una devaluación. Las encuestas dieron ganador al jefe de Gobierno.
Mauricio Macri y Daniel Scioli dieron anoche un pequeño paso en sus carreras políticas pero un gran salto en la calidad del proceso electoral argentino. A una semana del balotaje que definirá el próximo Presidente, el jefe de Gobierno porteño y el gobernador bonaerense se enfrentaron cara a cara en un debate televisivo que fue seguido por más de cinco millones de personas en Capital y Gran Buenos Aires: la transmisión, en una virtual cadena nacional por aire y cable, alcanzó picos 53 puntos de rating.
Pasadas las 21, Scioli y Macri ingresaron al salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA. Los dos de traje azul. Camisa blanca y corbata al tono para Scioli; camisa celeste y cuello abierto para Macri. Se saludaron entre los aplausos del público y, tras un minuto de silencio en homenaje a las víctimas de la masacre de París, arrancaron un intenso intercambio de una hora y veinte minutos, organizado en cuatro ejes temáticos: Desarrollo Económico y Humano, Educación e infancia, Seguridad y Derechos Humanos y Fortalecimiento democrático.
Como lo había determinado el sorteo previo, Macri abrió el fuego. Para quienes pensaban que, con las encuestas a su favor, le alcanzaba con una estrategia defensiva y evitar cometer errores, el jefe de gobierno sorprendió de entrada con una táctica punzante y agresiva que buscó pegar al gobernador a lo más cuestionable del kirchnerismo. En un tono relajado, sonriente, a veces al borde de la canchereada, tuteó siempre al votante (“Nuestro único objetivo es trabajar para que vos vivas un poco mejor”, arrancó) y a su rival (“más allá de que vos no viniste el debate pasado, espero que sea un debate constructivo”, fue su primera de una decena de chicanas).
Scioli arrancó más tenso, quizás sorprendido por la táctica de su contrincante. Con el ceño fruncido, le costó asentarse. Con un movimiento de su mano golpeó su copa de agua que perdió algo de líquido. El resto, se lo bebió en la primera pausa. Se dirigió casi siempre en estilo indirecto a su contendiente (“Quiero preguntarle a Mauricio” o “El ingeniero Macri dijo …”), a quien insistió en vincular a la devaluación y a los riesgos de una vuelta al pasado, a tono con su discurso de las últimas semanas. “¿Quién va a pagar los costos de este ajuste?”, fue su primera pregunta, que reiteró varias veces a lo largo del debate, aunque en varias oportunidades no llegó a cerrar su concepto antes de sonara el timbre que anunciaba el final de su tiempo. “(Con Macri) No hay enemistad personal, pero sus ideas y propuestas son un peligro para el conjunto de la sociedad”, fue la advertencia a la que regresó una y otra vez.


