La cordillera de los Andes se prepara para ser el escenario de una de las obras de infraestructura más ambiciosas de Sudamérica: el túnel internacional de Agua Negra, diseñado para conectar la provincia de San Juan con la región chilena de Coquimbo. Para afrontar esta excavación a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, el proyecto contempla el uso de una tecnología de última generación conocida como Tunnel Boring Machine (TBM).
Más que una simple perforadora, esta máquina opera como una verdadera fábrica móvil dentro del macizo andino. Su mecanismo permite perforar la roca y construir el revestimiento definitivo del paso de manera simultánea.
Anatomía y funcionamiento de la TBM.
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Disco de corte de alta resistencia: En el frente cuenta con un gigantesco disco equipado con herramientas de carburo de tungsteno, un material capaz de soportar la dureza extrema de las formaciones rocosas. Al girar, ejerce presión masiva hasta fragmentar el terreno.
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Extracción continua de material: Las rocas trituradas son recogidas por el propio sistema y retiradas hacia el exterior mediante cintas transportadoras internas.
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Ensamblaje automatizado: En la parte posterior, brazos mecánicos colocan dovelas prefabricadas de hormigón armado. Estas piezas forman anillos estructurales que sostienen la pared del túnel inmediatamente después de la perforación, minimizando los riesgos de derrumbe.
Detalles clave del proyecto.
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Infraestructura: Dos túneles paralelos de un solo sentido de circulación, de aproximadamente 14 kilómetros de longitud cada uno.
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Maquinaria a medida: Dada la complejidad geológica, la altitud, la presión y las variaciones térmicas, los equipos no son de serie, sino diseñados a pedido por firmas especializadas de Alemania, China e Italia.
Esta megaobra busca consolidar un corredor logístico estratégico para Sudamérica, dinamizando el tránsito de personas y facilitando la salida de la producción argentina hacia los puertos del océano Pacífico.
Redacción: Nova Comunicaciones.


