A partir del resultado adverso para el gobierno en el ballotage presidencial, un sector del fundamentalismo kirchnerista ha comenzado a lanzar llamados a la resistencia.
¡Por aquí no pasarán! ¡Resistiremos! ¡No nos van a llevar por delante!, son algunos de los términos que aparecen en las redes sociales. Y el colmo de una democracia es el llamado a una marcha de la resistencia para el 10 de Diciembre por parte de la defenestrada Hebe de Bonafini.
Cualquier persona ajena al país podría pensar que hemos tenido un golpe militar que derrocó el gobierno, o que hemos sufrido una invasión extraterrestre o que el mismo Hitler hubiera resucitado y pretendiera venir a matarnos a todos.
¿Qué ha que resistir? ¿La decisión del pueblo? ¿La soberana voluntad popular que democráticamente eligió un presidente? .
Se resiste cuando a uno le imponen un gobierno, un régimen o una metodología social a la fuerza. En esos casos, es común que los pueblos elaboren estrategias de resistencia para oponerse sin el uso de la violencia.
En Argentina nadie nos ha impuesto nada por la fuerza. Nos guste o no el nuevo gobierno, es una elección popular y como tal debe ser respetada.
O acaso, no lo hicieron así millones de argentinos que no estaban conformes con el gobierno kirchnerista? Sin embargo, soportaron estoicamente doce años de un estilo autoritario y plagado de corrupciones.
Es cierto que hubo algunas manifestaciones de resistencia, como fueron los cacerolazos que se realizaron en Buenos Aires, pero también es cierto que fueron por reclamos puntuales no escuchados.
Es imposible pensar en un país en serio, si antes que un gobierno asuma lo estamos combatiendo. Simplemente presumimos que será malo y nos hará daño.
Sin ahondar demasiado, puede advertirse que estas reacciones son propias de sectores que van a perder sus privilegios de manera indefectible.
No hay que investigar mucho para darnos cuenta que son miles los argentinos que, por ser aplaudidores del modelo, han obtenido un gran bienestar avalado por la gorda billetera gubernamental. Ahora, que la billetera se vació y los vientos políticos cambiaron, la situación se complica.
Como siempre, las contradicciones reinan en nuestro país. Los que se decían muy democráticos y progresistas, ahora pareciera que esos valores se les perdió en la niebla del autoritarismo.
Pareciera sólo son buenos que los que nos han gobernado hasta ahora. Los que vienen son el demonio. Pareciera que sólo el kirchnerismo hizo las cosas bien. Los demás, no sirven para nada. Pareciera que los que defendieron la soberanía sólo fueron Néstor y Cristina. Los que vienen nos venderán sin escrúpulos.
Sin embargo, es notorio que el actual gobierno no ha hecho todas las cosas bien. Si así fuera, hubieran ganado las elecciones de manera rotunda. Es claro también que muy democráticos nunca fueron, porque se encargaron de excluír sin más a todo aquel que pensaba distinto a ellos, coparon oficinas del estado con revólveres en mano para amenazar a los trabajadores, no hablaron con el periodismo y al final de su mandato dejaron bien claro el espíritu antidemocrático que los caracteriza haciendo estos comentarios más cercanos al fascismo que a la democracia.
Tampoco se han dedicado a defender nuestra soberanía. Lo hicieron sólo de palabra para que se las creyera el pueblo distraído y mal informado. No defiende la soberanía un gobierno que aisla a su país del resto del mundo, ni tampoco la defiende gritando contra las multinacionales, pero por debajo de la mesa haciendo negocios con ellas y abriéndoles las puertas para que se instalen a sus anchas y hagan los que quieran.
La soberanía se defiende haciendo buenos negocios con el mundo para que ingresen divisas que nos permitan una economía más estable. Se defiende imponiendo a las multinacionales que llegan pautas claras que beneficien al estado, no dejando que se lleven nuestros recursos naturales por menos que nada.
La soberanía se defiende corriendo al narcotráfico que viene a matar a generaciones de argentinos. Difícilmente habrá podido este gobierno tener una política antinarcos, cuando los tentáculos de los grandes carteles de la droga llegaban a la misma casa de gobierno.
Si hablamos de resistir, muchos argentinos tienen gran experiencia, porque han debido resistir durante muchos años un gobierno que no estuvo a la altura de las circunstancias.
Muchos argentinos debieron resistir como la corrupción pasó delante de sus ojos y enriqueció de manera obscena a algunos políticos que ellos mismos habían votado.
A diario me encuentro con muchos hombres y mujeres desesperados por un trabajo digno, que tienen que salir a mendigar por las calles, buscando cartones u ofreciendo algún servicio menor para poder obtener algunos pocos pesos que ni siquiera le permiten comprar lo necesario para comer.
Son miles las familias destruídas por la inseguridad y el narcotráfico, que han debido aceptar resignadamente la pérdida de un ser querido.
Si eso no es resistencia, ¿qué es?
Me pregunto si algunos trasnochados todavía seguirán pensando que el modelo a seguir es el venezolano. Alli se apresa o, lo que es peor, se mata al que piensa distinto. El presidente amenaza con que si pierde las elecciones del 6 de Diciembre, no respetará la voluntad popular y llamará a una coalición cívico militar para seguir ocupando el poder.
¿Será que a ese tipo de resistencia se refieren los kirchneristas fundamentalistas? Si es así, es indudable que están más trastornados que lo que hubiéramos pensado.
Respetar la voluntad popular es el paso fundamental para que una democracia crezca y se sustente. Como todo lo que existe en este mundo terrenal, a unos les gusta y a otros no.
Eso es parte de la diversidad que hace atractiva la vida. De lo contrario, todo sería muy aburrido.
A los que se les terminan algunos privilegios, no desesperen. Es simple, hay que trabajar.

Alberto José Dorati
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