Pareciera que las desventuras de la diva Moria Casán por tierras paraguayas nos ha calado hondo por estos días.
Verla a la “One” esposada y compartiendo celda con otras presidiarias nos ha puesto en el incómodo lugar de “argentinos haciendo de las suyas por tierras ajenas”.
Más allá que la mujer de la “lengua karateca” mantiene su desparpajo y pareciera importarle nada la situación desagradable que debe afrontar, miles de argentinos hemos seguido por diferentes medios las alternativas de este episodio propio de una película del gran Fellini.
La farándula no deja de generar noticias y episodios desopilantes. A lo de Moria se agrega el escandalete de Pampita y la China Suárez, mecheándose como dos guarras por el galán trasandino que según dicen es como la gripe: “recorre desde la china hasta la pampa”.
La teleplatea llegó a un orgásmico éxtasis escuchando los testimonios y las conclusiones descollantes de los reyes del cotilleo, enredados en la manta amarilla, la palta afrodisíaca, la bijouterie glamorosa carcelaria de Mo y la seducción sin límites del chileno con nombre inocente.
A esta altura pensarán nuestros lectores que esta editorial está dedicada a estos primorosos personajes de la estrafalaria farándula argenta.
En realidad, sólo pretendo poner un toque humorístico e irónico a la indignante y amarga situación que detrás de todo este circo de cuarta categoría quedó casi ignorada.
Me estoy refiriendo a la muerte de cuarenta y tres gendarmes, una de las tragedias más grandes que hemos padecido en el país, después de los atentados a la Amia, la Embajada de Israel, Cromagnon y el incidente del tren en la estación Once.
Un sector del pueblo argentino, o más bien porteño, tuvo la brillante idea de hacer una marcha pidiendo por la inmediata liberación de Moria Casán. Bajo el lema “Free Mo”, marcharon al obelisco y amenazaron con irse en patota al Paraguay para marcar bien nuestra idiosincrasia de argentinos solidarios con las causas justas.
A nadie se le ocurrió marchar para pedir una exhaustiva investigación sobre los motivos que originó esta terrible tragedia.
Tuvimos que conformarnos con escuetos dichos periodísticos donde se dio cuenta del reventón de uno de los neumáticos delanteros del micro que transportaba a los gendarmes. Inmediatamente se culpó al desastroso estado de la ruta 34, por la que se desplazaba el vehículo. Sin embargo, informaciones posteriores indicaron que
perfecto estado y que no existen baches.
Es posible que el neumático se haya reventado por diversos motivos, pero que importante sería que los peritos clarificaran a la población sobre cuáles fueron los motivos que ocasionaron la rotura del mismo. ¿Era viejo? ¿Estaba muy gastado? ¿Era un neumático recapado? ¿Hubo negligencia?
Los comentarios que nos llegan por parte de periodistas y por miembros de la propia fuerza de gendarmería de Tucumán y Salta, afirman con gran seguridad que podría haberse tratado de un atentado y se insiste en la aparición de un proyectil en el neumático siniestrado.
Frente a semejante duda planteada, no por nosotros, sino por la gente del lugar; cabe exigir respuestas claras y concretas. Se trata de una tragedia demasiado grande como para que se informen los motivos que causaron el incidente de manera tan rápida y liviana.
Mientras tanto, la ciudadanía del resto del país parece no haber acusado recibo de la gravedad de los hechos.
Estamos ante una tragedia que destrozó a muchas familias, que le costó la vida a hombres y mujeres jóvenes que tras de sí dejaron a sus hijos pequeños sin padre o sin madre.
Se pretende llevar consuelo a sus familiares y amigos, con el viejo cuento de “dieron la vida en cumplimiento de su deber”. Eso ya lo sabemos, pero no es motivo como para que los demás nos quedemos tan tranquilos y conformes con la insuficiente información oficial.
Es necesario saber quién es el responsable de esos traslados, las condiciones de esos vehículos, si es verdad o no la versión del supuesto ataque, y en ese caso quién o quienes podrían haber perpetrado semejante atrocidad.
No debemos olvidar que las provincias norteñas viven momentos de tensión y tampoco debemos perder de vista que la ruta por la que transitaban los gendarmes es el camino que el narcotráfico usa para transportar sus cargamentos desde el norte hacia el resto del país.
Llama poderosamente la atención la escasa repercusión que tuvo este desastre y el modo rápido en que se apagaron los comentarios.
Son cuarenta y tres vidas de hombres y mujeres que tenían todo un futuro por delante y a los que, casualmente, se les revienta el neumático delantero del micro pocos metros antes de llegar al puente. Demasiada exactitud para considerar que fue causa de una fatalidad.
Me pregunto qué habría sucedido si este mismo incidente hubiese ocurrido con un micro cargado con legisladores.
Frente a estas dudas que me desbordan, sólo pienso que me hubiese gustado ver un pueblo marchando y solidarizándose con esos cuarenta y tres gendarmes muertos.
No pudo ser. Por eso me tuve que quedar con los carteles de “Free Mo” e imaginándome lo sabrosa que estaría la palta de la china Suárez.
Una vez más debemos enfrentarnos a la cruda realidad. La agenda la marca Buenos Aires, el resto del país baila al compás de los porteños. El país interior, la Argentina profunda, está cada vez más hundida en la indiferencia, aún a pesar de lo que tanto se ha declamado: “Somos un país federal”.
En realidad, desde 1810 a esta parte el centralismo porteño sigue intacto y toma las decisiones.

Alberto José Dorati.
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