Diario Nova

Nova Editorial : El festival del billete

 

Entre los innumerables festivales que tiene la República Argentina, cuya mayoría se festeja durante la temporada estival, se agrega un nuevo evento que ya viene gestándose hace unos años y que pareciera tendrá un final desenfrenado.

El objeto de dicho festival no es el chamamé, ni el salame casero, ni la guitarra. Se trata del festival del billete, o del dinero, o de la biyuya, o como quiera llamarlo.

El gobierno nacional ha puesto a funcionar la maquinita de hacer plata de una manera incontrolable. A tal punto que han hecho falta cuatro imprentas de las grandes para que impriman todo lo que hace falta. Dos plantas argentinas, más la casas de moneda de Chile y Brasil. Incluso, a futuro, podría sumarse la imprenta de Alemania. En síntesis, el mundo fabrica dinero para nosotros.

Entre otras cosas, la cuestión se complica porque desde el gobierno han tomado la decisión de no imprimir ningún billete mayor a $ 100.-, por ende, es mucho mayor el trabajo y el gasto de impresión. Me imagino a decenas de aviones y camiones transportando dinero.

Como es común en el gobierno, siguen tratando de tapar el sol con un arnero. Imprimir billetes de mayor valor sería reconocer explícitamente la fuerte devaluación que nuestra moneda ha sufrido.

De todos modos, a los ciudadanos comunes no nos hace falta que nos informen en qué medida se nos ha devaluado el dinero argentino. Lo corroboramos cada día cuando debemos comprar la comida y el billete de 100 ya no nos alcanza ni para empezar.

Los economistas aseguran que el rojo fiscal y la emisión desmedida de moneda son la fórmula perfecta para generar inflación.

Cuando hablamos de “rojo fiscal” nos referimos al exceso de gastos sobre los ingresos públicos. Es decir, gastamos más de lo que nos ingresa. El estado funciona igual que nuestros hogares. Cuando gastamos más de lo que ganamos se nos complica la situación y entramos a tener deudas que no podemos levantar. Ante ello, la única solución es achicar nuestros gastos para así poder equilibrar la balanza.

Al país le ocurre lo mismo. La diferencia es que quienes nos gobiernan, en lugar de buscar el camino de la austeridad, tienen la facilidad de seguir imprimiendo más dinero para cumplir con los compromisos asumidos.

Si nosotros, en nuestros hogares, tuviéramos una maquinita para fabricar dinero, todo sería mucho más fácil, pero más caótico al mismo tiempo.

Así estamos hoy en Argentina, gastando más de lo que nos ingresa, imprimiendo dinero más allá de lo permitido, fulminando las pocas reservas en dólares que nos quedan en las arcas del Banco Central y por ende, generando una compleja situación económica que más temprano que tarde explotará causando un sacudón que nos dejará tembleques a todos los argentinos, sobre todo a los más pobres.

Hay países, como Estados Unidos, que también tienen una acelerada emisión de dinero. Sin embargo, esto no les genera inflación. La gran diferencia está en que su moneda, el dólar, es altamente confiable, la población sabe que es una moneda estable y la mayor emisión no genera ningún tipo de alteración económica.

Aquí sabemos que nuestra moneda cada vez vale menos y por lo tanto, si tenemos la posibilidad de cambiarla por dólares o euros, lo hacemos. Es la única manera de conservar nuestro poder adquisitivo, que, por otra parte, ahora se ha visto vedado a partir del cepo cambiario. Todos conocemos que ahorrar en pesos, es perderlo todo en poco tiempo.

El dinero, como cualquier mercancía, pierde su valor cuando más abunda. Si las verdulerías están abarrotadas de tomates, el kilo de esta fruta será más barato. Cuando escasea el tomate, lo pagamos más caro.

Con el dinero pasa lo mismo. Cuanto más billetes circulan, menos valor real tienen.

Todo esto, sin tener en cuenta la relación que debe existir entre el dinero circulante y las reservas en dólares o en oro que el estado debe tener en el Banco Central para respaldar a ese circulante.

Hoy circulan en el país, cinco veces más billetes que los que circulaban durante la última etapa de la hiperinflación del gobierno de Alfonsín.

Según el propio Banco Central, actualmente circulan en el país 5.581 millones de billetes, que equivalen a 423.598 millones de pesos, unos 47 mil millones de dólares. Para que todo funcionara como corresponde ese mismo importe debería estar respaldado con las reservas del Banco Central. Sin embargo, ha trascendido que las reservas actuales no van más allá de los 14 mil millones de dólares.

UNA BRASA CALIENTE

 

Más allá de esta información y los análisis y debates que podamos hacer alrededor del tema, la cuestión de fondo es política. No hay dudas que el próximo gobierno será el que reciba en las palmas de sus manos una brasa caliente que no podrá soltar fácilmente y que deberá enfriarla como pueda.

El gobierno actual, con el único objetivo de culminar su período con la mayor popularidad posible y empeñados en hacerle creer a la gente que el relato que han dibujado es real, gastan y malgastan, emiten dinero, dibujan las cuentas y nadie sabe a ciencia cierta sobre qué tembladeral estamos parados.

Esta es la triste y más compleja herencia que Cristina Fernández de Kirchner y sus laderos le dejan al próximo gobierno, incluso, a su propio candidato si es que gana las elecciones.

Cuando se habla de condicionamientos del kirchnerismo al próximo gobierno, ¿hay peor condicionamiento que el tema económico?

El que tome las riendas a partir de Diciembre tendrá que tomar decisiones drásticas y urgentes. En Argentina, todos sabemos lo que pasa cuando se tienen que tomar estas decisiones en materia económica. Esas decisiones van más allá de las teorías económicas, más allá de la formación que el ministro de economía tenga. Son decisiones inevitables para transparentar una situación dibujada y mentirosa. Será necesario plantear una economía real y no una fantasía como la que ahora pretenden vendernos.

Esa economía real puede generar devaluaciones, un dólar mucho más alto, como ya ocurrió tantas otras veces en Argentina. Sacudones que son producto de plantear irrealidades, en lugar de generar una economía sana, transparente, estable, que esté fundamentalmente basado en el trabajo y la producción de todos los que habitamos este suelo.

Ante este panorama no es descabellado pensar que el próximo gobierno, sea del signo que sea, va a tener un camino plagado de obstáculos que pueden transformase en grandes dolores de cabeza que, como siempre pasa, serán bien aprovechados por los otros sectores políticos. Y otro detalle a tener en cuenta es que los primeros dos años de gestión, el gobierno que venga tendrá un congreso con mayoría kirchnerista que le significará otro fuerte palo en la rueda para poder sacar leyes que le permitan la gobernabilidad.

Esta película ya la hemos visto repetidamente en Argentina. Hago lo que quiero y el que venga que se arregle….total, va a venir bien para hacerle la vida imposible y prepararnos para volver al poder en la próxima elección.

Convengamos que esto no se lo podemos achacar solamente a la clase política. Es un pensamiento bien argento, que nos pinta de pies a cabeza. Por algo, andamos siempre saltando de un tiempo de prosperidad a otro tiempo de crisis y así sucesivamente.

En definitiva, los males no están sólo dados por la emisión monetaria. Hay muchos otros factores. Eso sí, no podemos dejar de reconocer que don Amado Boudou tuvo un buen ojo al pretender quedarse con Ciccone Calcográfica. Era un empresa con futuro.

ALBERTO DORATI

Alberto José Dorati

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