Ha muerto el personaje y con él se ha llevado de un plumazo los destellos de un poder aún más grande que el que confiere el dinero, cualquier cargo de prestigioso, o el apellido de una familia. La vida de la fama, mentado tópico medieval que el poeta Manrique tan acertadamente evoca en las “Coplas a la muerte de su padre”, allá por el siglo XV, ha sido el incesante desvelo de este ser siniestro, acaso como salvoconducto por sus delitos, acaso en una búsqueda narcisista de trascendencia en la memoria de todo un pueblo:
XXXV
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama gloriosa acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco nos es eternal
ni verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,
perecedera.



