A diario, la redacción de NOVA recibe denuncias de ciudadanos que ven cómo sus barrios se transforman en zonas liberadas. El consumo crece, los transas ganan terreno y las respuestas institucionales no llegan.
Por Redacción NOVA.
Gualeguaychú ya no es la ciudad tranquila que alguna vez fue. Detrás de las postales de turismo y carnaval, se esconde una realidad mucho más oscura y silenciosa que avanza a pasos agigantados: el narcotráfico. A diario, las casillas de mensajes de NOVA se inundan con el mismo grito de auxilio de los lectores, quienes, cansados de vivir con miedo, exponen con nombre, apellido y dirección los búnkeres de droga que florecen en los distintos barrios de la ciudad.
El panorama que describen los vecinos es el de una comunidad acorralada. Lo que antes eran transas al menudeo en esquinas oscuras, hoy se ha convertido en una red de búnkeres perfectamente instalados que operan a la vista de todos, destruyendo la vida de los jóvenes y sembrando el terror en las familias.
Entre el consumo y el miedo.
Las denuncias que llegan a este medio coinciden en un diagnóstico alarmante: la ciudad está atrapada en un callejón sin salida. Por un lado, un consumo que no para de crecer y que golpea de lleno a los sectores más vulnerables; por el otro, la desprotección total de los ciudadanos que se atreven a alzar la voz.
“Ya no se puede salir a la calle después de las siete de la tarde. Los chicos caen en esa porquería y nadie hace nada. Los búnkeres funcionan las 24 horas y los que tendrían que cuidarnos miran para otro lado”, relata con impotencia uno de los tantos mensajes recibidos en nuestra redacción.
El temor a las represalias es el factor común, pero la desesperación es más fuerte. Los lectores recurren a los medios de comunicación independientes como NOVA porque sienten que las vías institucionales tradicionales están agotadas o, peor aún, bloqueadas por la complicidad.
La alarmante falta de acción oficial.
El foco de la bronca vecinal no solo está puesto en los narcotraficantes que ganan terreno, sino en la flagrante falta de acción de quienes tienen la obligación constitucional y legal de combatir este flagelo. La policía local, la justicia y el poder político parecen ir siempre varios pasos por detrás de la velocidad con la que se despliega el negocio de la droga.
La falta de operativos certeros, la lentitud en los allanamientos (que muchas veces se ejecutan cuando el búnker ya fue desmantelado o alertado) y la ausencia de políticas públicas de contención para las adicciones dejan a Gualeguaychú en un estado de vulnerabilidad absoluta.
¿Falta de recursos, impericia o connivencia? Es la pregunta que resuena en cada rincón de la ciudad. Mientras las autoridades dilatan las respuestas en promesas y burocracia, los búnkeres siguen operando a metros de escuelas, plazas y clubes de barrio.
Un compromiso con la verdad.
Desde NOVA, asumimos el compromiso de seguir siendo el canal de expresión de una ciudadanía que se niega a naturalizar la violencia y la desidia. El avance del narcotráfico no se frena ocultándolo bajo la alfombra, sino exponiéndolo y exigiendo de manera urgente que las fuerzas de seguridad y el poder político asuman la responsabilidad para la cual fueron elegidos: proteger a los honestos y perseguir a los delincuentes.
Gualeguaychú exige respuestas. Sus vecinos ya no piden, exigen que se actúe antes de que el daño sea irreversible.


