In Gualeguaychú: policemen playing their skins and covering the holes of the blessed absent state.
Soy gualeguaychuense, soy de la ciudad de los poetas, del río del tigre grande, del carnaval del país y de los domingos por costanera.
Y hoy, me sorprende, me angustia y me decepciona que tanta cosa linda solo quede en efímeros paisajes o en un folleto turístico que vende “pura espuma”.
Acá está el día a día: gurises que delinquen por dos mangos, gurises que se matan por la droga, familias destrozadas, realidades inimaginables, pero tangibles y nuestras, muy nuestras.
¿Por qué seguimos mirando para otro lado?,¿por qué cortamos el hilo por lo más delgado buscando culpables?, ¿por qué no nos sinceramos y nos sacamos ese hermoso traje de hipocresía?
El comodismo, la falta de compromiso, el liderazgo de políticos de cartón, los ventajeros, los supuestos defensores de los Derechos Humanos nos siguen poniendo palos en la rueda para salir del pantano.
El valor de una vida no es tema de discusión, pero, tener la posibilidad de repensar y brindad oportunidades de contención y recuperación, eso sí que se debe y se tiene que hacer.
¿Por qué Gualeguaychú cuenta con tan pocos medios para atacar el flagelo de la droga?
¿Por qué dejamos que esto avance? ¿Será un “negocio” de unos pocos para arruinar la vida de muchos?
Policías jugándose el pellejo y tapando los agujeros del bendito Estado ausente.



