Prostitución: Más controles y nuevas formas de ofrecer sexo .Según una investigación de Nova Comunicaciones, se volvieron casi la única alternativa para quienes eligen el trabajo sexual como medio de vida.
– Vi tu aviso en una página web, quería saber si esta noche estás libre.
– Sí, a las ocho puedo verte en mi departamento, por Microcentro.
– ¿Cuánto cobrás?
– 600 pesos el turno de media hora y 800, una hora.
– ¿Y cómo es el servicio?
– Convencional. El completo podemos conversarlo.
Los contactos de la mujer que atendió el teléfono figuran en uno de los tantos sitios de Internet que ofrecen servicios sexuales. En su ficha de contacto aclara que recibe a sus clientes en un departamento. En la jerga histórica del comercio sexual a esos lugares se los conoce como “privados”. Es imposible calcular cuántos hay, pero los especialistas consultados por Nova aseguran que cada vez hay más en la Ciudad. Por las políticas anti–trata y la norma que prohíbe los cabarets, bares y whiskerías en la mayoría de las provincias, los privados se volvieron una opción para las trabajadoras sexuales. Para la Justicia, en cambio, puede encubrir explotación.
En Argentina la prostitución no es delito. Lo que sí está penado es el proxenetismo, es decir, que un tercero lucre por el servicio sexual que ofrezca una persona. La implementación de la Ley de Trata y el decreto presidencial que en 2011 prohibió la publicación de avisos sexuales por cualquier medio impreso, “cercó” a las mujeres adultas y autónomas que eligen el trabajo sexual como medio de vida.
Los perfiles en Facebook, las cuentas en Twitter y la pegatina de volantes en la vía pública es otra forma de contactar clientes, pero también se pone en debate.
“Son pocas las opciones que tienen la trabajadoras sexuales para publicitar servicios o contactar clientes. Las políticas anti–trata parecen dirigirse al mercado sexual todo, por lo que termina siendo prohibicionista. Pueden imputarles contravenciones, sufren allanamientos, robo de pertenencias, son criminalizadas, estigmatizadas. Vale la pena preguntarse si no es hipócrita sostener que en Argentina el ejercicio del trabajo sexual no está penado”.
Hay privados donde trabaja sólo una mujer. Hay otros compartidos por dos mujeres, que pueden alternarse o atender juntas. Y también hay prostíbulos encubiertos, con varias habitaciones, regenteados por otras personas. La diferencia es sutil, pero fundamental: los primeros son legales, el tercero no. Como la mayoría de las mujeres no tiene un recibo del sueldo para justificar un alquiler, terminan prestando servicio en prostíbulos. El proxeneta se queda con la mitad –o más– de la ganancia diaria y pide que cumplan un horario.
“El derecho penal no tiene nada que hacer en el caso de las mujeres autónomas y adultas que trabajan en forma privada. Pero sí debe intervenir cuando se determina que hay explotación sexual de un tercero. Pero para llegar a ese punto, hay que hacer investigaciones serias, eficaces y respetuosas porque son universos muy diferentes”.
Primera parte del informe de Nova Comunicaciones.
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