La iniciativa contempla la reducción de la carga de 44 a 40 horas semanales y busca poner fin a la escala 6×1 sin afectar los salarios. El texto, que modifica la Constitución, pasa ahora al Senado para su debate definitivo. El presidente brasileño celebró la medida y la calificó como un “logro histórico y civilizatorio”.
BRASILIA.— En una jornada parlamentaria que ya se perfila como un hito para los derechos de los trabajadores en América Latina, la Cámara de Diputados de Brasil dio luz verde al Proyecto de Enmienda Constitucional (PEC) impulsado por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva que busca reducir la jornada laboral obligatoria de 44 a 40 horas semanales, garantizando además dos días de descanso remunerado por semana.
La reforma obtuvo un contundente respaldo que superó grietas partidarias: incluso un sector mayoritario de legisladores de la oposición de derecha terminó acompañando la votación. Tras este triunfo clave en la Cámara Baja, el texto legislativo fue girado al Senado de la República, donde requerirá una votación por mayoría calificada en dos turnos para convertirse oficialmente en ley y modificar el artículo 7 de la Constitución Federal.
“Un logro histórico y civilizatorio”, definió el presidente Lula da Silva tras conocerse el resultado, comparando la resistencia empresaria actual con momentos históricos como la abolición de la esclavitud o la creación de la cartilla laboral. “Los contrarios decían que el país no lo soportaría, pero Brasil avanzó”, remarcó el mandatario.
Calidad de vida y el fin de la escala 6×1.
El eje central de la reforma apunta de manera directa contra la denominada escala laboral 6×1 —un régimen extensivo en el comercio y los servicios donde se trabajan seis jornadas consecutivas por solo una de descanso—. Con la nueva normativa, se establece un esquema de 5 días laborables por 2 de descanso, preferentemente fijando los domingos como uno de los días de cese de actividades.
Un punto que resultó innegociable durante las mesas de diálogo social previas fue la prohibición explícita de reducir los salarios de los trabajadores como contrapartida por el recorte de horas. El Ejecutivo defendió la medida amparándose en informes técnicos que demuestran que el impacto en los costos operativos globales para la industria y el comercio será menor al 1%, estimulando en cambio un aumento de la productividad gracias al descanso físico y mental de la masa obrera.
Consenso político en año clave.
El tratamiento express y la aprobación masiva del proyecto en la Cámara Baja se explican, en parte, por el fuerte arraigo popular de la demanda, apoyada por una activa movilización de sindicatos y agrupaciones de base como el Movimiento Vida Más Allá del Trabajo (VAT).
De cara a las elecciones que afrontará el gigante sudamericano, darle la espalda a una reforma que contaba con la aceptación de casi el 80% de los encuestados a nivel nacional se volvió un costo político que ni la oposición más férrea estuvo dispuesta a pagar.
De ratificarse este rumbo en la Cámara Alta en las próximas semanas, las empresas contarán con un período de transición técnica para adecuar los turnos y la logística laboral a la nueva e histórica era de las 40 horas en Brasil.
Para ampliar la información sobre las demandas sociales que impulsaron este cambio, podés ver este reporte sobre el apoyo de los trabajadores a la propuesta de Lula, que detalla el impacto económico proyectado y la postura de los movimientos populares.
Redacción Nova Comunicaciones.


