Con la mirada fija en el techo de una celda de aislamiento y el pulso acelerado por el pánico, el exgobernador Sergio Urribarri vivió una de las semanas más dramáticas de su vida tras ser detenido e ingresado en la Unidad Penal N.º 1 de Paraná. Lo que debía ser un alojamiento bajo estrictos protocolos de custodia se transformó rápidamente en un calvario psicológico marcado por las amenazas, la presión popular de la población carcelaria y el temor constante a ser trasladado a un pabellón común.
Desde su primer día de encierro, el ambiente dentro del penal estuvo tenso. Urribarri, junto a sus dos compañeros de causa también detenidos, fue ubicado en un sector diferenciado para evitar el contacto directo con la masa de reclusos. Sin embargo, el aislamiento fue solo físico: las paredes no lograron frenar el hostigamiento sonoro de los más de mil setenta internos que integran la población penal.
“Billetera andante”: el asedio constante.
Para la población reclusa, la presencia del exmandatario provincial no pasó desapercibida. Con el correr de los días, los gritos desde los pabellones comunes se convirtieron en una constante que no daba tregua, ni de día ni de noche:
Insultos y apodos: “¡Billetera andante!”, le gritaban a diario desde las ventanas y barrotes.
Exigencias de traslados: Los reclusos presionaban activamente a los agentes penitenciarios para que Urribarri y sus acompañantes fueran trasladados al pabellón común.
Extorsión explícita: Entre las hostilidades, las frases resonaban con claridad: “Ya te van a pasar acá, billetera andante. Estos tienen toda la teca, tienen que empezar a pagar para poder vivir en el penal”.
Según fuentes de entero crédito consultadas por NOVA, el exgobernador atravesó episodios de pánico severo. El temor a que la dirección del penal ceda ante la presión de la población carcelaria y disponga su pase a un pabellón general mantuvo a Urribarri y a sus acompañantes en un estado de alerta ininterrumpido.
Un traslado de madrugada y el esperado alivio.
El desenlace de esta semana crítica llegó en horas de la madrugada. Pasadas las 3:00 AM, un fuerte y discreto operativo de custodia penitenciaria irrumpió en el sector de aislamiento para retirar a los tres detenidos.
El destino asignado fue la Unidad Penal N.º 9 de Gualeguaychú, una granja penal con un régimen y condiciones de habitabilidad sensiblemente distintas a la hostilidad vivida en la capital provincial. La salida de Paraná representó para el exgobernador un verdadero suspiro de alivio tras siete días de encierro agobiante.
La tentación financiera: buscan la foto de Urribarri preso.
Pese al traslado y la paz relativa en Gualeguaychú, la atención mediática y del entorno carcelario no se ha extinguido. Según pudo saber NOVA, se estaría ofreciendo una suma sustancial de dinero en el mercado negro a cambio de capturar una fotografía de Sergio Urribarri tras las rejas.
La oferta pone a prueba la disciplina del personal penitenciario. En las próximas semanas se sabrá si las estrictas medidas de seguridad en la cárcel de Gualeguaychú logran contener la filtración o si, por el contrario, algún funcionario cede ante la tentación económica de registrar la primera imagen del exgobernador en prisión.
Redacción: Nova Comunicaciones.


