La investigación judicial sobre el caso Gustavo Rivas avanza. Aunque con demasiados escollos, pero avanza. Las ocho víctimas que declararon aportaron información clara y contundente. Y Rivas está cercado. Pero hay un segmento que aún no se profundizó. El hecho de que el abogado no solamente utilizaba a los menores del albergue provincial de Gualeguaychú, “Manuel Alarcón” sino que también atacaba los barrios más pobres de la ciudad. ANÁLISIS DIGITAL dialogó con víctimas y con testigos de los barrios del club Tigre, La cuchilla o el Polideportivo. Siempre hubo la misma respuesta: “acá Rivas abusó de todos o de casi todos. La gran mayoría pasó por su casa. Nos pagaba entre 6 y 9 pesos por día y con eso podíamos comer los fines de semana”. Ellos viven en las mismas casas precarias de hace 10 o 20 años, cuando iban a la vivienda de Rivas, de Mitre 7. Alrededor hay pobreza, marginalidad y hambre. Como en los tiempos de gloria del doctor. Nunca les cambió la vida. Aunque ahora están mayores, son padres de familia y tienen hijos. Ninguno quiere ir a Tribunales a declarar, pero quizás sea una cuestión de tiempo. “Después nos van a apuntar con el dedo en el barrio”, dicen.
Ellos también iban los viernes o sábados de tarde, tal como sucedía con los menores del albergue oficial; en ese turno vespertino que les daba Rivas y para lo cual cada uno debía contar con su turno acordado de antemano. A la noche, el encuentro sexual era con los jóvenes de clase media o alta de Gualeguaychú, como si no hubiera pasado nada en otras horas de la jornada. De tarde, el horario era para los chicos pobres. No obstante, Rivas también solía usar a esos chicos de barrios marginales, para montar escenas, donde los espectadores eran los pibes de clase media y alta. Eran los autorizados a mirar cómo esos pibes necesitados penetraban al abogado o éste les practicaba sexo oral.
Pero hay otro elemento que se suma: la forma de cómo Rivas abusaba de los pibes que practicaban fútbol en los clubes más humildes de Gualeguaychú, a principios de la década del ’90, como el caso de Tigre. Algunos iban los sábados, a media mañana, antes de jugar el partido, que se hacía cerca de las 13. Y en especial cuando había que jugar contra Unión o en Pueblo Nuevo y por ende la vivienda de Rivas quedaba de paso. “Nos encontrábamos en la plaza San Martín y los pibes iban un rato antes para pasar por la casa del doctor Rivas”, se indicó. Esos chicos tenían entre 14 y 16 años. “El doctor nos hacía bañar primero y después nos daba de comer algo. Luego había que dejar que nos hiciera sexo oral”, manifestó quien fuera una víctima y hoy ronda los 40 años. Esa práctica la hicieron durante por lo menos un año y medio.
Y no era lo único que hacían. También acudían durante la semana. En especial, los martes y jueves, antes del entrenamiento de fútbol. “Ibamos a eso de las 2 de la tarde, antes de la práctica. Rivas siempre nos hacía bañar primero. Nosotros no teníamos una ducha caliente en nuestra casa. Nos bañábamos tirándonos un poco de agua fría en un tarro. Y estar en un baño como el del doctor era soñado”, recuerdan. “Después nos hacía sexo oral, nos daba plata, zapatillas o ropa y nos íbamos contentos”.
La mayoría de ellos eran del barrio Franco, cerca del Club Tigre “En la casa comían guiso y en lo de Rivas el doctor les servía peseto al horno. Los pibes iban quizás por divertimento, pero también por la necesidad”, se indicó. Y Rivas, en su grado de perversidad, sabía perfectamente jugar con esa carencia.


