mié. Sep 23rd, 2020

Fabián Bassin: la fábula del escorpión y la ranita

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Fabián Bassin: the fable of the scorpion and the frog.

La fábula del escorpión y la ranita.

Cuenta la historia que un grupo de parlanchines, mandados por su «rey concordiense», y cómodamente apoltronados en sus coquetos domicilio, votaron una ley, que atropella y le sustrae dinero a los trabajadores tantos activos como pasivos.
Son los mismos que, y por temor a contagiarse, hacen reuniones virtuales, y le pidieron un esfuerzo, a los empleados públicos para enfrentar la crisis sanitaria reinante.
En ese esfuerzo, los docentes pusieron de su bolsillo los gastos de internet, luz, etc, para que la educación no fuera una falacia.

Los de seguridad, con protección mínima (solo barbijos), en muchos casos costeados, por ellos mismos, a la calle para controlar temperatura y documentos de los transeúntes.
Los de sanidad para tratar la enfermedad en boga.
Disfrazaron el proyecto, hoy ley, bajo el título de «progresista y solidaria», cuando el fin único y sincero era de mayor caja.

Es la hora de sincerarse, la caja no tendría déficit, si no se jubilasen de privilegios, ex funcionarios, con pocos tiempo de aportes, si los parlanchines renunciaran a los «gastos reservados.
Si quieren realmente que está ley sea como la intitularon, habrían reasignados los recursos a los trabajadores, a los jubilados y pensionados más vulnerables, y que tienen menores ingresos.
No solamente eso, sacan de circulación una importante suma de dinero, que inexorablemente traerá más recesión a la actual.

Está en su naturaleza, parlanchines, es más fácil, atacar y vulnerar al más débil, al que no tiene voz, en vez de ir con los sectores con mayor capacidad contributiva, o será que ustedes son parte de ese grupo de privilegio.

Ustedes le requirieron el esfuerzo al trabajador y este cumplió, y a mitad del río le han clavado su aguijón, son miserables.
Por último les recuerdo una de las frases del fundador de «su partido» que decía «yo tenía un perro que llame león, entonces cuando lo llamaba león, león, el venía, pero yo sabía que no era un león, era un perro, así mismo cuando llamo a un peronista este viene, pero se que no es peronista.

Por Bassin Alfredo Fabián .


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