Vio a su abuelo llorar ante la impotencia de los campos quemados, y hoy impulsa un plan para reconstruir las tierras

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He saw his grandfather cry at the impotence of the burned fields, and today he is promoting a plan to rebuild the lands.

Tobías Ozan vio a su abuelo llorar el 17 de agosto cuando su campo se incendiaba. Desde el Ateneo de la Sociedad Rural de Deán Funes, hoy colabora con donaciones de alfalfa, maíz y balanceado a los productores y planea un proyecto para reconstruir esas tierras arrasadas.

Las imágenes de campos cordobeses incendiados recorrieron las redes sociales y medios de comunicación en las últimas semanas, tras un frente de unos 20 kilómetros de largo que avanzó sobre establecimientos de diferentes productores de esa provincia. A la historia viral de Sergio Cotoloni, que fue furor en Twitter, se suma la de Tobías, que vio a su abuelo llorar ante la impotencia y hoy planea la reconstrucción de los campos quemados en su zona.

Tobías Ozan tiene 19 años y es estudiante de Agronomía, forma parte de la Sociedad Rural de Deán Funes y preside el Ateneo. El lunes patrio del 17 de agosto, el fuego llegaba al establecimiento “El Sauce” que su abuelo compró hace 17 años, y quemaba alrededor del 100% del campo (casi 200 hectáreas) ubicado entre Deán Funes e Ischilín.

“En 72 horas se perdió toda una estructura armada a lo largo de muchos años: infraestructura -alambres, postes, varillas, boyeros, pantallas solares- y ganado bovino que criamos en ese establecimiento”, cuenta el joven, y revela que todavía no saben qué pasó con seis madres que no llegaron a mover de la zona afectada antes del incendio, dos con cría y dos al parir. “No sabemos si las agarró el fuego porque en los recorridos posteriores nunca pudimos dar con esos animales, por lo que los contamos entre las pérdidas”, explica.

Tobías vio llorar -como muy pocas veces- a su abuelo, Roque Ozan, al que define como “un hombre que no suele mostrar sus sentimientos pero que quedó devastado” al ver cómo en pocas horas se arruinaba el trabajo de casi dos décadas. “Arrebato” es la palabra que usó Roque y que Tobías, generación de por medio, siente como propia a la hora de definir lo que sintieron al ver arder esas tierras y, días después, al aceptar que las planificaciones genéticas del 2020 quedaron suspendidas porque, además, desde el incendio hasta hoy solo llovió 2 milímetros en ese campo.

Lejos de quedarse en la impotencia y la tristeza que le generó ver cómo un frente de 20 kilómetros de fuego avanzó sobre las tierras que pertenecen a su familia casi desde que él nació, el joven cordobés participa de las donaciones organizadas por la Rural a la que pertenece, que recolecta fondos para comprar rollos de alfalfa, bolsas de maíz o balanceado, los lleva a un feedlot cercano, los descarga y recibe a cada productor -que ya fue informado tras un relevamiento de los afectados que hizo la entidad- para darle su ayuda.

Con esta movida solidaria como disparador, los 13 jóvenes que participan del Ateneo empezaron a capacitarse con técnicos del INTA y hacer relevamientos sobre el estado de la tierra y el clima de la zona, mientras elaboran un proyecto de “Planeamiento de reconstrucción de tierras y productores” que busca aumentar la productividad en los lugares afectados por los incendios mediante la implantación de pasturas.

“Todo ha sido quemado acá y más del 90% de esos productores afectados hacen cría de ganado bovino, por lo que necesitan pasto. Si bien en esta zona la modalidad más habitual es la de separar en potreros y usar pastura seca o rústica, la implantación nos permitiría mejorar rendimientos. Somos criadores y necesitamos a la vaca todo el año en buen estado, en una región que viene con inviernos muy secos -con cuatro o cinco meses sin lluvias-, por lo que es clave contar con proteínas para que la vaca tenga buena aptitud materna y el ternero se desarrolle de la mejor manera. Esta sería una forma de lograrlo”, cuenta.

Una vez capacitados en el tema, elevarán el proyecto a la Sociedad Rural local, a CARTEZ y a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) -que los nuclea a nivel nacional- para hacer llegar el plan al gobierno provincial, pensando en la posibilidad de que se financie esta inversión a los productores, ya que no todos quedaron en condiciones de afrontar los costos que requiere: las pasturas coloratum que planean implantar cuestan de 8 a 10 dólares el kilo.

“Si vemos que no contamos con aportes del Estado, pensamos sostener el plan aunque sea a través de recaudación solidaria de fondos, para garantizar una compra -por más mínima que sea- a los que más la necesitan”, resalta, y adelanta que el proyecto incluye además la capacitación a cada productor: “Es importante que, para lograrlo, hablemos todos el mismo idioma”.

Fuente: Infocampo.


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