sáb. Oct 31st, 2020

Preocupación en el oficialismo entrerriano: la caída del 19% de la intención de voto obliga a negociar con los enemigos internos y a convocar el congreso partidario

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Concern in Entre Ríos ruling party: the 19% drop in voting intention forces them to negotiate with internal enemies and to convene the party congress.

El gobierno intenta maquillar la pésima realidad de la provincia en los medios y en las redes con presupuestos exorbitantes pero el hartazgo por los desmanejos y el despilfarro crece cada vez más, en vísperas de un año electoral.

Esta semana salieron a la luz los resultados de encuestas y sondeos de opinión que tienen que ver con la caída de la intención de voto tanto de las autoridades a nivel nacional como de las provinciales.

Según Synopsis, que dirige Lucas Romero, y otras consultoras coinciden, en la nación el 17% de quienes votaron a Alberto Fernández en octubre pasado, no lo volvería a hacer en una nueva elección, mientras que en el caso del gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, el número de quienes no lo volverían a votar asciende a un 19%.

A nivel provincial, la caída es más abrupta y, si las elecciones fueran hoy, el oficialismo entrerriano apenas superaría el 20% de los votos.

En vísperas de un año electoral que cada vez está más cerca, se trata de una pésima noticia para el mandatario y su gestión.

Es más, esta caída del 19%, lo llevó a Bordet a tener que negociar con los dirigentes que más lo criticaron, como el intendente de Santa Elena, Domingo Daniel Rossi, a quien el mandatario recibió en su oficina con promesas de obras y demás.

También se habla de convocar al congreso del Partido Justicialista, que Bordet preside a pesar de su poca participación, ya que pisó la sede partidaria solamente una vez en los cinco años que lleva de gestión, en una visita que también fue un intento por encontrar respaldo.

En menos de un año, con respecto al 44% que obtuvo el oficialismo entrerriano en las elecciones de octubre de 2019, la intención de voto cayó un 19%, lo que enciende las alarmas a meses de los próximos comicios.

A nivel nacional, el aumento de la inflación y del dólar, la prolongación de la cuarentena, los preocupantes índices de desocupación y pobreza, la difícil situación de los privados y demás, son fuertes golpes en apenas nueve meses de gestión.

Pero Bordet lleva ya cinco años como gobernador de Entre Ríos, por lo que, en su caso, esta merma en la intención de votos es más acentuada y golpea más.

Si las elecciones fueran hoy, el peronismo entrerriano contaría con poco más del 20% de los votos.

Ese número se asemeja a la performance que tuvieron Julio Solanas con la Lista 100 en 2007, Jorge Busti con el FEF en 2011, o Adrián Fuertes con el Frente Renovador en 2015.

El justicialismo entrerriano es consciente de esta abrupta caída en los sondeos, producto de diversos factores que se juntan: una provincia quebrada, deficitaria, sin servicios, sin obra pública, con un gasto y una planta política enormes, con índices alarmantes de pobreza y de desempleo, una fuerte presión tributaria, entre otros.

Todo esto, producto de y para solventar una planta política monstruosa, con sueldos exorbitantes, mientras que no se pueden pagar los salarios, el cronograma de pagos termina con hasta 20 días de demora, el aguinaldo se pagó en cuotas, sin aumentos salariales.

Solamente la planta política tuvo un aumento de sueldo, fue a fines del año pasado, cuando tuvieron un incremento del 50%.

En tanto, los trabajadores de diferentes sectores del Estado tienen que salir a marchar para exigir un salario y condiciones laborales dignas, mientras el sistema sanitario afronta una pandemia absolutamente desprovisto, sin mantenimiento ni personal, al igual que otras áreas.

Los anuncios del gobierno provincial, además, son vacíos. Se publicitan obras e inversiones que en la realidad no se ven.

El panorama es desolador: la provincia está fundida, en default, con una deuda en dólares por más de 500 millones, que ya ascendió a 800 desde 2017.

En agosto vencía un pago de intereses (que rondan el 10%), que la provincia no pudo pagar, po lo que Entre Ríos entró en cesación de pagos y no tiene posibilidad de volver a financiarse o de tomar un nuevo crédito.

Lo que se recauda en la provincia, con los altísimos impuestos, con la coparticipación o con las ayudas extraordinarias que brinda la nación se esfumó, se lo gastaron, ya no existe y no se destinó ni a los intereses de la deuda ni a mejorar la calidad de vida de los entrerrianos.

Lo mismo ocurrió con los 800 millones de dólares de la deuda que Bordet contrajo en 2017: también desaparecieron, no se sabe qué destino tuvieron los fondos, porque aunque se haga un anuncio tras otro, en la realidad las inversiones no se ven.

Mientras la provincia esta devastada, tanto en lo institucional como en lo político, el año que viene son las elecciones para renovar bancas de representantes entrerrianos en el Congreso de la nación.

Para afrontar un proceso eleccionario son fundamentales los fondos en dólares o en pesos para invertir y generar inversión, trabajo, confianza, pero en Entre Ríos no hay un peso, la provincia está fundida.

Los sueldos se terminan de pagar con significativas demoras, el aguinaldo, históricamente, se pagó en cuotas, algo nunca visto, y Entre Ríos no tiene acceso al crédito porque está en default.

Pero no sólo la provincia está impedida de acceder a financiación externa, sino que las ayudas de la nación también se ven limitadas.

El gobierno nacional ya sufre las consecuencias de la emisión de moneda, que tiene un costo terrible como la imparable escalada del dólar, la inflación por las nubes, el desempleo y la pobreza que avanzan.

Es por ello que difícilmente el presidente continúe con la emisión para enviar ayuda a las provincias, y mucho menos a Entre Ríos, a donde ya han llegado varios salvatajes que son utilizados para que siga la fiesta y el gasto en la política.

La provincia está al borde del colapso: en los hospitales falta mantenimiento, insumos, camas, en medio de una pandemia que no se detiene. La policía no se acuartela por temor de sus miembros a represalias, pero ya salieron a la calle con fuertes reclamos, al igual que lo hicieron enfermeros y personal sanitario. Los trabajadores públicos también se manifestaron por mejoras salariales. En el IAFAS, salvo los miembros del directorio, los 2000 empleados cobran el 50% del sueldo. Los privados permanentemente reclaman ayuda y soluciones a un gobierno provincial que responde aumentando la presión tributaria.

Del otro lado, la inacción, el desinterés y la desidia de las autoridades provinciales son indignantes.

El gasto político no cesa y sigue aumentando, al igual que lo hacen los fondos que se destinan al área de comunicación, para imponer una fuerte presencia en los medios y en las redes sociales, en donde todo se pinta color de rosas mientras la provincia se incendia.

Son 320 millones los que se destinan a la secretaría de Comunicación, más otra gran partida presupuestaria en los organismos descentralizados para hacer anuncios y copar los medios y las redes como si todo estuviera bien.

No está muy claro, porque obviamente no se informa, a quién se destinan precisamente los fondos de la comunicación, pero está claro que se utilizan para instalar el mensaje de que las autoridades están en acción, aunque nada de eso se vea en lo concreto.

Más allá del intento de maquillar la pésima realidad de la provincia, hoy hay un 19% de los entrerrianos que lo votaron a Bordet el año pasado que ya se dieron cuenta de que este gobierno se ha comido los fondos de la recaudación, de la deuda, de la coparticipación y de las ayudas nacionales, en el gasto político y no para destinarlos a mejorar la calidad de vida de los entrerrianos.

Fuente: El Portal de Ricardo David.


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