Eliana Fernández de Lourdes, la primera patrona de lancha de la Armada: “Ya no hay trabajos solo para hombres”

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Eliana Fernández de Lourdes, the first skipper of the Navy: “There are no longer jobs only for men.”

Eliana Fernández de Lourdes es la primera mujer en conseguir el cargo de patrón de lancha dentro de la Armada Argentina.

Celebra que cada vez más mujeres ganen terreno en diferentes ámbitos y sueña con más oportunidades para todos. Retrato de una mujer guerrera.

Eliana Fernández de Lourdes es cordobesa, de Río Ceballos, y tiene 30 años. Eliana es hija, hermana (la menor de diez) y madre de un niño de 7 años.

Eliana es cabo segundo, pertenece al BIM3, el Batallón de Infantería Marina 3 de la Armada, y es la primera mujer en conseguir el cargo de patrón de Lanchas de Asalto Ribereño Guardian 22, o sea, es la que maneja una de esas cuatro embarcaciones que tiene la unidad. “Cada vez que me subo a una lancha me recorren por el cuerpo las mismas sensaciones: siento un poco de miedo, porque la lancha intimida un poco; siento mucho respeto y un gran sentido de la responsabilidad”, confiesa, pero agrega que coraje y valentía son algunas de sus principales virtudes.

-¿Qué te inspiró a entrar en la Fuerza?

-Tengo a mi hermano dentro de la Armada. Él tiene 15 años más que yo, y cuando se anotó para enlistarse en la Armada, yo tenía 2 años; sin embargo, desde que tengo uso de razón, a los 4, 5 años, lo recuerdo venir de vacaciones vestido de blanco, con su uniforme de gala, y para mí era una locura verlo vestido así.

Era superraro y emocionante al mismo tiempo, porque no conocíamos mucho de qué se trataba lo que él hacía. Pero me gustaba mucho. Con el tiempo, fui descubriendo cosas a medida que él nos contaba lo que hacía o lo que les enseñaban en ese momento. También me llamaba la atención la ropa que él traía cuando venía a casa y que mi mamá lavaba en ese entonces, por ejemplo, los diferentes uniformes. Me fue picando el bichito y la curiosidad por ese mundo.

-¿A ninguno de tus hermanos les pasó algo similar?

-Somos ocho mujeres y dos varones. Uno de ellos es el que te conté y que sigue en carrera. El otro estuvo un tiempo como marinero, pero se fue de baja porque no le gustó. A él le pasó lo mismo que a mí con el tema de la curiosidad, pero entró, vio cómo era todo el sistema y se fue de baja antes de graduarse.

-¿Y tus hermanas?

-Hicieron vida de casadas y se convirtieron en amas de casa. Ellas miraban todo esto “desde afuera”.

“Cada vez que me subo a una lancha me recorren por el cuerpo las mismas sensaciones: siento un poco de miedo, porque la lancha intimida un poco; siento mucho respeto; y un gran sentido de la responsabilidad”, confiesa Eliana. Foto: Fernando Calzada.“Cada vez que me subo a una lancha me recorren por el cuerpo las mismas sensaciones: siento un poco de miedo, porque la lancha intimida un poco; siento mucho respeto; y un gran sentido de la responsabilidad”, confiesa Eliana. Foto: Fernando Calzada.

-¿Cómo tomaron tus padres el hecho de que siguieras los pasos de tu hermano?

-Mi mamá se puso super feliz. Mi papá hizo el servicio militar obligatorio cuando era joven. Prestó servicio en la Armada también, en la Séptima Batería de Punta Alta, una compañía que hoy no existe y de la que hoy solo quedan recuerdos. Tuve la oportunidad de conocer ese lugar, porque hice un curso ahí como marinera. Mi papá se puso supercontento. Yo creo que a él le dio cierta satisfacción que su hija hiciera algo como lo que él supo hacer alguna vez.

-Es buenísimo que ellos te hayan apoyado de entrada.

-En ese sentido, siempre fueron muy liberales en lo que tiene que ver con la toma de decisiones y lo que debíamos o no hacer a medida que fuimos creciendo. Nos inculcaron el hecho de tomar decisiones y de saber que si nos iba mal, ellos siempre iban a estar apoyando y que “un tropezón no es caída”.

-¿Cómo fue que les diste la noticia?

-Se lo dije dos días antes de partir hacia la Escuela. Se lo tuve que decir porque, al ser menor de edad, tenían que firmarme las autorizaciones y no podía no comentárselo. Tengamos en cuenta que eso implicaba irme de casa, lejos, sola, con un montón de gente que no conocía. Lo más doloroso de todo ese proceso fue eso, irme lejos y no tener a nadie cerca para que me pudiera dar una mano. Porque la realidad es que, si no me iba bien o no me gustaba, ¿quién iba a estar ahí?

UNA DECISIÓN DIFÍCIL, PERO ACERTADA.

-¿Qué te pasaba cuando estabas arriba del bus que te iba a llevar desde tu casa hasta la escuela?

-Me atravesaban muchas sensaciones: nervios, dudas, incertidumbre, todo junto. Pero también estaba esa cosa linda de la adrenalina por hacer algo nuevo, diferente. Creo que esto último fue eso que no me hizo torcer el brazo y volverme, además del orgullo, por supuesto.

-¿Sos muy orgullosa?

-Si, cien por ciento. Cuando me subí al colectivo, dije: “No me vuelvo ni loca”. Si mi hermano había podido, ¿por qué yo no? En el momento en el que ingresé, no era muy frecuente que entraran mujeres como voluntarias. Ese año (2011), éramos 600 voluntarios, de los cuales solo 101 éramos mujeres. Muy pocas, realmente. Por eso, el hecho de volver a mi provincia y decir “che, probé y no me gustó”, no estaba en mis planes.

-Pero supongamos que no te hubiera gustado, ¿tampoco tenías pensado volver?

-No manejaba esa posibilidad. Mi hermano ya me había estado comentando bastante sobre cómo iba a ser. O sea, no me contó todo para que yo también pudiera descubrir todo ese mundo por primera vez, pero sí me había explicado muchas cosas. Igual, nunca dije que tenía a mi hermano dentro de la Fuerza, porque hay mucha gente que se respalda en eso y yo quería hacer mi camino. De hecho, al día de hoy tampoco lo digo. Me valgo por mí misma, y con esto no es que desmerezco la jerarquía ni la trayectoria de él, sino que quiero construir mi camino.

-¿Cuántas mujeres egresaron de tu promoción?

-Cien. Solo una chica se dio de baja. Éramos bastante aguerridas. Mantuve el contacto con todas las que estuvimos en ciudad y provincia de Buenos Aires; con algunas tuve la posibilidad de seguirnos viendo a lo largo de los años, compartiendo trabajos, navegaciones, comisiones. Eso es algo que está buenísimo, el hecho de poder juntarse después de una jornada laboral, sentarse a compartir una coca o tomar un mate, y ponernos a recordar cosas que vivimos en el curso, las travesuras que hacíamos.

También tuve la dicha de compartir mi trabajo con la teniente de navío Elisa Roth, una de las instructoras que tuve cuando ingresé. Ella era guardiamarina en ese entonces y, en 2020, fue mi jefa. Trabajar con ella, para mí, fue lo más. Me saco el sombrero ante ella, porque, a pesar de la diferencia que hacen todos por el hecho de ser mujer y demás, siempre se arremangó y trabajó a la par nuestra, y esa predisposición no siempre se ve por parte de los jefes. Es una persona excelente, no solo como profesional, sino también en lo humano.

SUPERMAMÁ.

-¿Tenés hijos?

-Si, tengo un hijo de siete años y es fanático de lo que hago. Cuando él iba al jardín, me tocó vivir una experiencia bastante particular: él siempre hablaba de mí y de lo que hacía, pero en el jardín no me conocían, porque él no está conmigo en el día a día, sino que vive con mi mamá en Córdoba. Por ese motivo, siempre trato de combinar mis vacaciones con su primera semana de clases, para poder llevarlo y acompañarlo en su primera semana escolar. Volviendo a la anécdota, él siempre decía que yo manejaba botes, lanchas, que me visto de verde, que salgo al campo, que trabajo en los ríos y que también ayudo a niños, ancianos y a todo tipo de personas.

El tema es que el resto de sus compañeritos de escuela le decían “tu mamá es una superhéroe”, y un día me pide que lo vaya a buscar a la salida, con mi uniforme, porque sus compañeritos me querían conocer. Pedí autorización a mi superior para poder hacerlo, me la dieron y fui nomás. Cuando llegué, estuvimos desde las 17:00 hasta las 19:00 en el aula y todos los chiquitos me hicieron una pequeña entrevista. Todos sus amigos lo felicitaban por mí y él estaba superorgulloso.

La historia cierra con que toda esa semana fueron viniendo a casa diferentes compañeros para compartir juegos con él y conmigo. Por eso, compartir pequeñas cosas mi hijo, cosas de mi trabajo y mi profesión, me llena de felicidad.

Madre: "Si, tengo un hijo de siete años y es fanático de lo que hago", cuenta con emoción y orgullo cuando es consultada sobre como combina la maternidad con su profesión. Foto: Fernando Calzada.Madre: “Si, tengo un hijo de siete años y es fanático de lo que hago”, cuenta con emoción y orgullo cuando es consultada sobre como combina la maternidad con su profesión. Foto: Fernando Calzada.

-¿Qué te pasa cuando él dice todas esas cosas de vos?

-Se me infla el pecho. Me emociona mucho.

-¿Sentís que vos, junto a las mujeres que entraron con vos a la escuela, sirvieron de inspiración para que cada vez más chicas quieran hacer lo mismo que ustedes?

-Creo que cada una de las que ingresamos cuando arrancamos en esto pusimos nuestro granito de arena. Por ejemplo, yo soy de Córdoba y allá no conocen mucho el trabajo de la Armada. Eso mismo pasó con el resto de mi promoción y camaradas mujeres que, al volver a sus hogares en los diferentes puntos del país, hicieron visible y generaron interés por nuestra labor. También colaboramos desde nuestro comportamiento por fuera de la institución, para intentar marcar un camino y una forma de proceder. Creo que también hay cosas que están cambiando a nivel social para que todos entiendan que las mujeres podemos desempeñarnos en diferentes ámbitos, y que no hay trabajos solo para hombres.

-¿No existen tratos diferenciales por ser mujer?

-Siempre pedí que me trataran igual que al resto y, la verdad, siento que hoy en día, hay muchos aspectos en los que superamos a los hombres en los trabajos, dentro y fuera de la institución. Tal vez sea por eso que algunos hombres se sientan frustrados.

-¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

-Lo que más me gusta es que todo el tiempo hacemos cosas diferentes y no hay ninguna rutina.

-¿Qué significa para vos subirte a la lancha?

-Esta es mi última navegación en este destino, es mi última vez arriba de una de ellas. Dentro de dos semanas, me voy a otro lugar. Para mí, es un orgullo y mi sueño es que alguna vez las cuatro lanchas sean tripuladas por mujeres; ese día será como tocar el cielo con las manos.


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