El paralelismo entre las muertes de Fátima y de Úrsula y por qué los tres poderes entrerrianos son responsables por un nuevo femicidio

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The parallelism between the deaths of Fatima and Úrsula and why the three entrerrianos powers are responsible for a new femicide.

Ambas jóvenes denunciaron en reiteradas oportunidades a sus femicidas antes de que estos las mataran; legisladores, funcionarios ejecutivos y judiciales de Entre Ríos tuvieron la oportunidad de sentar un precedente para evitar más muertes, pero eligieron los negociados de la política.

Seis veces denunció Fátima Acevedo a su ex pareja, Jorge Nicolás Martínez por violencia familiar, de género, psicológica y sexual, lesiones leves, intimidaciones, amenazas. La encontraron estrangulada en el fondo de un pozo.

Menos de un año después,  Úrsula Bahillo, de 18 años, apareció muerta de 30 puñaladas que le propinó su ex pareja, Matías Martínez, a quien ella había denunciado previamente en 18 oportunidades.

Ambos femicidios, el primero ocurrido en Entre Ríos y el segundo en Buenos Aires, presentan preocupantes paralelismos, que amenazan con convertirse en patrones que se presenten en otros casos si no se actúa al respecto.

Las dos jóvenes habían denunciado en reiteradas oportunidades a sus agresores; las dos tenían miedo, y casi la certeza, de que terminarían muertas en sus manos; las dos fueron ignoradas, abandonadas, desprotegidas por el Estado.

Fátima y Úrsula peregrinaron por pasillos de la Justicia denunciando los actos de violencia que sufrían de parte de quienes en algún momento fueron sus parejas.

A medida que sus reclamos ante la Justicia no eran escuchados, la situación de ambas se agravó cada vez más, ya que los violentos gozaban de total impunidad y complicidad de parte del Estado.

A tal punto llegó el desamparo que sentían de parte de las autoridades que debían protegerlas que ambas jóvenes les comentaron a sus amigas que temían terminar muertas, lo que finalmente ocurrió.

El femicidio de Fátima y las circunstancias en las que se dio generaron un enorme rechazo en la sociedad paranaense, que se movilizó exigiendo no solo Justicia, sino también la renuncia de todos los que le dieron la espalda y terminaron siendo responsables de su muerte.

La ciudadanía observó con preocupación y estupor cómo se manejó el caso desde la cúpula de la Policía de Entre Ríos y del ministerio de Gobierno, que conduce Rosario Romero, de quien depende la actuación de la fuerza policial.

En la sociedad paranaense se supone que el cuerpo de Fátima fue encontrado el viernes, pero que el hallazgo se ocultó y que lo habrían dejado  tirado yaciendo en el aljibe donde el domingo comunicaron que fue encontrado.

Frente a la bronca social, el ministerio de Romero no brindó nunca ningún tipo de explicación a la ciudadanía. Apenas se limitó a emitir un comunicado de circulación interna de las autoridades provinciales, que pusieron mucho recelo en que no se difundiera.

A raíz del silencio oficial de la ministra, el diputado de Cambiemos Eduardo Solari hizo un pedido de interpelación, para que la funcionaria se presentara ante la Cámara de Diputados para brindar las explicaciones sobre el caso que la ciudadanía esperaba oír.

Sin embargo, primaron los acuerdos políticos y el pedido fue rechazado por el bloque completo del oficialismo, integrado entre otros por el hoy presidente del Tribunal de Cuentas, Diego Lara; y por cuatro diputados de Cambiemos: Zacarías, Acosta, Anguiano y Troncoso.

En su momento se denunció que la ministra de gobierno y justicia Rosario Romero, habría puesto manos a la obra en un acuerdo con dos diputados de Cambiemos para evitar que el pedido de interpelación prosperara y no tener que dar explicaciones ante la Legislatura.

En tanto, la ciudadanía seguía pidiendo Justicia, exigiendo que los responsables del Poder Judicial, el Legislativo y el Ejecutivo dieran explicaciones y que se hicieran cargo de una muerte de la que fueron responsables por no actuar a tiempo.

Las marchas que se realizaron pidiendo justicia y renuncias eran cada vez más numerosas, pero llegaron la pandemia del coronavirus y el aislamiento para sacar a la gente de la calle y salvar el pellejo de todas aquellas autoridades que estaban sumamente complicadas por su inacción antes y después del femicidio de Fátima.

La cuarentena evitó que se realizaran más reclamos, y le permitió a las autoridades judiciales, ejecutivas y legislativas continuar con su silencio cómplice como si nada hubiera pasado.

La muerte de Fátima ya era un hecho, nada podía devolverle la vida a una joven madre, pero los responsables de la Legislatura, del Poder Judicial y del Ejecutivo tenían la oportunidad de actuar y sentar un precedente para evitar que casos como este se sigan dando.

¿Cómo? Evaluando por qué fueron desoídas las denuncias, analizando por qué Martínez pudo repetidamente acercarse a Fátima, apartando de sus cargos a quienes en su momento por no actuar o por actuar mal fueron cómplices de este femicidio.

Pero quienes tienen el poder de hacer algo no lo hicieron. Entre Ríos podría haberse convertido en un ejemplo de cómo actuar ante las denuncias de mujeres para evitar femicidios.

Pero los funcionarios políticos y judiciales y los legisladores prefirieron llenarse los bolsillos a cambio del silencio y de mirar para otro lado. La dejaron sola a Fátima y a todas las mujeres de la provincia que no saben a quién recurrir cuando son víctimas de violencia.

No solo debería pesar en sus conciencias el femicidio de Fátima, sino también el de Úrsula.

«Puede ser que cuando termine muerta, la policía y el juzgado y toda la mierda que tienen que hacer algo, puedan hacer algo”, le escribió Fátima a su amiga apenas unos días antes de que Martínez le arrebatara salvajemente la vida.

Casi un año después otro Martínez le quitó con saña la vida a otra joven con paralelismos preocupantes entre ambos casos, que amenazan con convertirse en constantes, en siniestros patrones de los femicidios.

En el medio, y ahora tampoco, no hicieron nada. Los tres Poderes del Estado siguen mirando para otro lado. Las dejaron solas, a ellas y a las otras 30 mujeres que fueron asesinadas este año en contextos de género.

Los tres poderes del Estado son responsables y no hacen nada. Para este viernes ya se están convocando marchas en todo el país con el fin de que se haga Justicia, de que no haya que lamentar a otra Fátima, o a otra Úrsula. La sociedad no va a permitir que las olviden.

Fuente: El Portal de Ricardo David.


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