He managed to get his son to walk with equine therapy and now he works to “change lives” thanks to horses.
Elena Cataldi Fleming cuenta su historia y la de su hijo ‘Panchi’: cómo la equinoterapia ayudó a su recuperación, el trabajo que está haciendo para potenciar esta actividad y por qué estos animales “cambian vidas”.
“Cuando voy arriba del caballo mi sensación es de plenitud, de poder, de libertad, soy una eterna agradecida a lo que los caballos han hecho y hacen por mí y por otras personas, incluso mi hijo, ´Panchi´, que pudo, contra los pronósticos médicos, caminar”.
Así emociona, relata y vive su relación con los caballos Elena Cataldi Fleming, una salteña, nacida en un medio rural que se encontró con la equinoterapia con su hijo Francisco, quien necesitó rehabilitación, y lo hizo con caballos. .
Técnica en Producción Agropecuaria, Elena estaba radicada en Azul (Buenos Aires) cuando dio a luz a ‘Panchi’, su tercer hijo. “A los dos meses tuvo un paro respiratorio que le dejó secuelas neurológicas, los médicos decían que iba a estar toda su vida en una silla de ruedas, incluso, no sabían si iba a tener control cefálico, pero, nos recomendaron que lo subieramos al caballo”, cuenta Elena.

Elena (tercera desde la izquierda), junto a sus tres hijos
Francisco tenía tres meses, ellos se habían criado entre caballos y todos sus otros hijos, incluso, habían cabalgado casi al mismo tiempo que empezaban a caminar. Y probó. Hoy ‘Panchi’ camina, cabalga, hace su vida.
– ¿Dónde naciste, cómo fue tu vínculo con el campo y la ruralidad de niña?
– Nací en Salta capital, pero en una familia de campo. Nos hemos criado en el departamento de Cerrillos, donde está la finca que se llama “Ojo de Agua” y Lesser, entre cerros y ríos, un paisaje lindísimo, somos privilegiados por vivir acá. Mi familia tenía tambo de toda la vida desde hace varias generaciones, mi papá, mi abuela, gente muy amante de los animales y de los caballos en especial y eso me lo transmitieron. Mi papá se encargó de transmitir este legado y amor por los caballos. Somos seis hermanos, yo soy la cuarta. A todos nos gusta muchísimo. Pero mi relación con los caballos se resignificó cuando nació Francisco, “Panchi”.
– ¿Cómo era hasta entonces?
– Lo de cualquiera que vive en el campo. Era mi medio de transporte, de chica iba y venía hacia el lugar donde estaba la movida a caballo. Era mi hobbie. Hice deporte a caballo, hacíamos pruebas de rienda. Esa es una zona donde se hacen travesías también, hay muchos cerros, vivimos al pie de la cordillera de los andes, tenemos muy por costumbre agarrar caballos e irnos 3, 4, 5 días cuando se puede. Aún hoy lo sigo haciendo, me apasiona. Pero los caballos resignificaron mi vida cuando nació Francisco.

Elena montando un caballo de niña, cuando iba a los desfiles en homenaje a Güemes.
– ¿Qué sensaciones te transmiten los caballos? ¿Qué recuerdos tenés desde la niñez?
– Los caballos fueron algo importantísimo siempre en mi vida. Si cierro los ojos, desde chica y al día de hoy me sigue pasando lo mismo, me despierto pensando en caballos y me acuesto pensando en caballos. Todo el día proyecto futuros planes con caballos. Desde muy chiquita, esperaba que lleguen las fechas importantes con caballos, que eran el desfile del 17 de junio, que es la fiesta de Güemes, que para los salteños es muy importante. El 20 de febrero que es el desfile que se hace por la batalla de Salta. La Rural. En el verano nos la pasábamos arriba del caballo desde que nos levantábamos hasta que nos íbamos a dormir. Literal. Para mi cumpleaños pedía siempre algo que tuviera que ver con los caballos. Para los 15 no quise hacer fiesta, pedí un caballo. Siempre estuvieron muy presentes. Y si cierro los ojos, y te digo sensaciones me dan, la primer palabra que se me viene es libertad. El estar arriba del caballo por algún motivo genera además de bienestar y alegría, libertad. Yo me siento plena arriba del caballo.
– ¿Y hoy?
– Hoy soy miembro de muchas actividades que tienen que ver con el caballo. Soy presidente de la comisión de marchas y cabalgatas de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos, soy miembro de la cámara nacional de la industria equina, presidente de la Fundación de Equinoterapia el Azul, miembro fundador de la Red Argentina de Equinoterapia… los caballos me llenan mucho mi tiempo no sólo en estar con ellos y cuidarlos y trabajar con ellos para mejorar la calidad de vida de muchas personas, pero además en todos mis proyectos están ellos.
LOS CABALLOS Y LA REHABILITACIÓN DE SU HIJO.
– Contame de cuando nació Panchi y cómo esa “resignificación” que tuviste con los caballos…
– Siempre fueron una pasión. Pero cuando pasaron a ser un instrumento de trabajo para la rehabilitación de mi hijo cambió mi vida. Panchi tuvo un diagnóstico de parálisis cerebral a causa de un daño neurológico importantísimo, adquirido por un paro respiratorio que tuvo a los dos meses de nacer. Yo vivía en el campo, en ese momento en la provincia de Buenos Aires, en Azul (N de la R: de allí el nombre de la Fundación que actualmente preside), en un establecimiento rural ganadero, dedicado a la cría de caballos criollos también, y cuando nació Francisco y nos vamos con el panorama de sus secuelas neurológicas comencé a viajar todas las semanas al Fleni, en Buenos Aires, para rehabilitación. Y allí me empezaron a hablar de los beneficios terapéuticos de los caballos, los cuales desconocía por completo.
– ¿Cuáles son?
– Yo sabía que para mí era terapéutico andar a caballo, que me hacía bien. Pero ahora sé por qué a todos nos encanta andar a caballo. Se liberan endorfinas, hay un montón de cosas que pasan cuando uno está en contacto con el caballo. Los médicos del Fleni me decían “subilo”, y Panchi tenía tres meses. Mirá que mis otros hijos, casi que habían aprendido a andar a caballo al mismo tiempo que empezaron a caminar. Pero tres meses me parecía muy chiquito. Y me explicaban los beneficios motores que tiene el movimiento del caballo, el tiempo y el espacio… Y empecé a instruirme a estudiar cómo era que andar a caballo podía ayudar a mi hijo. Empecé a ir de voluntaria a centros en distintas partes de la provincia de Buenos Aires, para ayudar a Fran todo lo que podía. Así empecé.
– ¿Cómo fue la rehabilitación con Fran? ¿Qué cambios notaste?
– Cuando Panchi cumplió 5 años, que fue un momento muy determinante en mi vida, me hicieron la devolución anual en el Fleni. Y ellos me dijeron que estaban muy sorprendidos con su evolución y que no coincidía cómo estaba él clínicamente, con su estudio neurológico. Si uno ve la resonancia nunca te podrías imaginar que es este chico que camina, anda a caballo, hace un montón de cosas. El panorama era que estuviera en silla de ruedas y que ni siquiera tuviese control cefálico. Y dijeron que para ellos tenía mucho que ver haberlo hecho andar a caballo desde tan chiquito. Ese día, fue el día que cambió mi vida. Me marco el camino de vida, lo torció. Yo venía dedicada a las tareas rurales pero de repente me agarró una sensación tan fuerte de agradecimiento a los caballos, que me habían dado tanto, además le cambiaron el pronóstico a Francisco, que iba a andar en silla de ruedas toda su vida y camina. Y esa alegría vino con una necesidad profunda de devolver esto. La gente tiene que saber que esta terapia funciona, que cambia vidas. Yo vivía en el campo y los caballos eran un elemento cercano para mí, pero mucha gente no lo tiene. Ahí empecé con la idea de formar la Fundación de Equinoterapia el Azul. Que se lanzó en pocos meses.



– Puede sentir el viento en la cara…
– ¿Cuán cerca o lejos estamos de la sanción de una Ley Nacional de Equinoterapia que permitiría, entre otras cosas, que las obras sociales cubran el acceso a esta terapia ecuestre y así más personas podrían acceder a ella, porque es una terapia onerosa dado que incluye al caballo, y, al menos dos personas?
– También la ley tiene que ver con regularizar la actividad, ¿No?
– ¿Una mujer que haya sido o sea tu inspiración o que admires?
