Diario Nova

La inolvidable huella de “Chiche” Arrejoría en el corazón del Centenario

La inolvidable huella de “Chiche” Arrejoría en el corazón del Centenario

Por años, su presencia fue sinónimo de la calidez humana del hospital de Gualeguaychú. Arturo “Chiche” Arrejoría Maglione no fue solo un paciente o un habitante; fue, en esencia, el alma del nosocomio.

A meses de cumplirse un tiempo de su partida, recordamos al hombre cuya inocencia y carisma unieron a toda una comunidad.

En los pasillos del antiguo Hospital Centenario de Gualeguaychú, las paredes no solo guardaban historias clínicas; también albergaban la vida de quien se convirtió, por adopción y cariño, en el “hijo” de toda una institución: Arturo “Chiche” Arrejoría Maglione.

Durante más de cuatro décadas, Chiche no fue un transeúnte de los pabellones, sino un residente permanente. Para las generaciones de médicos, enfermeras, camilleros y personal de maestranza, él era un miembro más de la familia. Su vida, marcada por una inocencia inquebrantable, fue un bálsamo en medio de la rutina sanitaria, transformando un lugar de dolencias en un espacio de humanidad compartida.

Un personaje de película.

Quienes caminaron junto a él recuerdan su personalidad única. Chiche poseía esa rara virtud de iluminar el entorno con poco: una mirada, un gesto o una picardía cotidiana. Entre las anécdotas que hoy se cuentan como tesoros locales, resalta su clásica respuesta ante la pregunta de si había almorzado: con una sonrisa pícara, elevaba las manos y simulaba haber devorado “cuatro platos”, una actuación espontánea que arrancaba carcajadas incluso a los pacientes más angustiados.

No era solo un habitante; era un referente. Chiche conocía cada rincón y cada rostro del hospital. Su presencia era la constante que daba sentido de pertenencia a quienes trabajaban allí, recordándoles, en el día a día, la importancia de la empatía.

El difícil cambio de casa.

Cuando el Hospital Centenario inició el proceso de mudanza hacia el moderno edificio del Hospital Bicentenario, Chiche fue parte central de esa transición. Sin embargo, el traslado fue mucho más que un cambio de estructura física; para él, fue el desarraigo de su hogar de toda la vida.

El impacto del nuevo entorno, moderno pero ajeno a su memoria afectiva, comenzó a notarse en su ánimo. Su salud, siempre vigilada con amor por sus “familias” del hospital, comenzó a debilitarse. Finalmente, aquel 9 de diciembre de 2020, a los 63 años, Chiche partió, dejando un vacío que ni las nuevas instalaciones pudieron llenar.

Un legado de humanidad.

El fallecimiento de Chiche Arrejoría no fue solo la pérdida de un paciente emblemático; fue el cierre de una época. Su historia es un testimonio de cómo la comunidad de Gualeguaychú, a través de su personal de salud, supo abrazar la diferencia y cuidar a uno de los suyos por encima de cualquier formalidad administrativa.

Hoy, la memoria de Chiche persiste en los relatos de quienes siguen trabajando en el Bicentenario. Él demostró que el verdadero servicio de salud es aquel que no solo cura el cuerpo, sino que también protege el alma y el espíritu de quienes, como él, encuentran en el hospital el refugio de su propia vida.

Redacción : Nova Comunicaciones.

Relacionadas

El intendente Mauricio Davico encabezó un encuentro con la Comisión Vecinal Molino de Viento

Nova

Robo a plena luz y en zona transitada: violentan un carrito y se llevan tres garrafas frente a la Terminal de Ómnibus

Nova

Una escritora de Gualeguaychú publicó su primer libro a los 14 años

Nova
Secret Link