“Luego del bombazo periodístico” de la revista Análisis Digital, el abogado Gustavo Rivas fue noticia en todo el país. Han pasado semanas de la escandalosa noticia, y Rivas pasa sus días como antes, una parte de la sociedad de Gualeguaychú sigue indignada por los supuestos hechos que la justicia lo está investigando.
En las redes sociales la gente le salió al cruce y expresó su repudio:
No entiendo, de verdad no entiendo. Sé que casos nacionales de desapariciones pueden superponerse a noticias locales. Sé que la grieta está cada vez más honda y tal vez, todos caigamos en ella, sé que el juicio de Micaela será muy doloroso y espero que se haga justicia, pero el caso Rivas me subleva. 500 seguidores, 500 obsecuentes que se creyeron sus crónicas que eran más charlatanerías que investigación, 2000 abusados. Señorito de familia acomodada lo salva de la condena social. ¿Tan pronto olvidamos? El sábado se lo vio sacando fotos en la publicación de un mal poeta, que hace poemas porque le agarró la mano a la métrica pero no dice nada o siempre dice lo mismo.
En su abundante producción no ha habido evolución y él se ha adjudicado ser “el nuevo Bécquer” (patético) pero también con una corte que lo sigue. En medio de ese público que compra mala literatura estaba el “ciudadano ilustre” sonriente, sin condena social.
Mi repudio y mi empatía a sus víctimas. El link no sé si abrirá porque para ser coherente lo eliminé de mis contactos. Era una manera personal de hacer justicia y que le quedarán 499 seguidores. No me importa el impacto que esto pueda ocasionar. Ahora a escribir sobre otra cosa. Fueron 2000, Nunca Más y a una amiga mía “cuyo nombre no quiero acordarme” mi admiración por las bofetadas que le pegó en la calle. Así lo plasmaba hace unas horas la Señora Marta Ledri de la ciudad.