Sigue siendo el uniforme, un peso para quien lo porta y un estigma enclavado en la delincuencia que avanza a pasos agigantados

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It is still the uniform, a weight for those who wear it and a stigma embedded in crime that advances by leaps and bounds.

POR BRAVE.

En el derrotero diario de hechos delictivos que nos toca vivir, nos encontramos en Gualeguaychú, nuevamente con un feroz ataque a los azules.

Parece que no hemos aprendido nada como sociedad, parece que ni la gravedad de los hechos, ni las vidas perdidas alcanzan para mitigar esta problemática que se enquista cada vez y con más fervor, en algunos estratos de la ciudad.

Murió de manera brutalmente injusta Froilán Pedroza, nada cambió desde entonces…

Sigue siendo el uniforme, un peso para quien lo porta y un estigma enclavado en la delincuencia que avanza a pasos agigantados.

Siguen siendo víctimas de juicios de valor por su accionar o por su supuesta falta de compromiso social.

 Me pregunto, ¿quién cuida a los que nos cuidan? 

Policías que son atacados por delincuentes que los doblan en cantidad y que, obviamente, solo buscan lastimarlos e, incluso, podrían haberles provocado la muerte… no pueden defenderse?  ¿Intocables los delincuentes? ¿Por qué? ¿Sólo para ellos se tienen en cuenta los DD HH?

Otra vez Gualeguaychú: ¿qué hacemos… callamos porque al otro no le gusta lo que pensamos o hablamos y que se rompa lo que se tenga que romper?

Recordar que enfrentar el delito y la delincuencia es condición necesaria para garantizar los derechos de todos y que, en ocaciones, el uso de la fuerza se justifica.

¡Señores acá hay algo que no está funcionando!

Uno de los azules corre riesgo de perder la visión de uno de sus ojos, el otro, herido en el cuero cabelludo en profundidad, ambos atendidos, y asistidos luego del hecho y permaneciendo hoy en sus domicilios.

¿Quién les devuelve a las familias la tranquilidad de que no volverá a suceder? ¿Dónde se garantiza que no vuelva a pasar? ¿Por qué hay gente que debería estar presa y está en la calle?

Estamos todos atravesados por una pandemia mundial que dejó al estado y a aquellos que digitan detrás de un escritorio, más expuestos que nunca.

Falencias de gestión arcaicas, pobreza de embestidura, sin elementos esenciales para llevar a cabo el trabajo de la policía, de esa policía que camina la calle y la ruta, que resguarda distintos puntos de la ciudad, que se para horas en una esquina protegiendo el orden social.

De esa policía que en este último tiempo sólo recibió exigencias: “niñeros” de los que no acatan reglas, receptores de una sociedad quejosa en muchas ocasiones solo de verlos recibidos a pedradas en varios barrios de la ciudad, insultados por pedir los permisos correspondientes de circulación,  aguantando la embestida de los prepotentes y los maleducados.

De esa policía que debe volver a casa con una familia que espera y que también debe proteger.

A los que deben “cuidar a los que nos cuidan”, les pido que recuerden que no solo están por un puesto, una categoría o una oficina impecable, en sus manos está la vida de muchos de los policías.

No olviden darles lo necesario para que desempeñen su trabajo pero, además, no olviden que son seres humanos y que por lo tanto, también para ellos deben hacer valer los derechos humanos.

Desde mi humilde lugar les digo “barbijo sí, mordaza e impunidad ¡nunca!”


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