La banda criminal de origen mexicano utiliza veedores extranjeros y complicidad local para vulnerar los controles de seguridad en la frontera entrerriana. Alerta por la posible escalada de violencia y sicariato.
GUALEGUAYCHÚ, Entre Ríos — Las grietas en los operativos de control fronterizo y la aparente pasividad de las fuerzas de seguridad han convertido a Gualeguaychú en un objetivo estratégico para el crimen organizado transnacional. Según los primeros datos recabados por el equipo periodístico de NOVA, la presencia de una célula vinculada a carteles mexicanos operando en la región se remonta al mes de enero de 2026.
Bajo la fachada de visitantes y turistas que frecuentan a diario la localidad, estos ciudadanos extranjeros no actuarían como meros visitantes, sino como veedores y articuladores logísticos. Su misión principal: estudiar minuciosamente las falencias del esquema de seguridad local, mapear las zonas desprotegidas y consolidar una red de distribución de estupefacientes en conjunto con cómplices e intermediarios locales.
La pista del fin de semana lluvioso.
El hilo de la trama comenzó a develarse de manera insólita durante un fin de semana lluvioso. En la zona comercial de Pueblo Nuevo, dos hombres de nacionalidad mexicana fueron captados intentando adquirir un vehículo usado. Confiados en la impunidad y subestimando la astucia de los vecinos, los sospechosos mantuvieron conversaciones abiertas donde detallaban la logística para acondicionar y ocultar cargamentos de cocaína dentro de la carrocería del automóvil.
El episodio fue presenciado por una comerciante local que, alarmada por la impudicia del accionar criminal, expuso los hechos a través de la plataforma TikTok.
Sin embargo, a pesar de la gravedad de lo narrado y del valor de los testimonios ciudadanos que se animan a denunciar a estas mafias, la advertencia pasó desapercibida para las autoridades competentes.
Alerta por territorialidad y sicariato.
El informe periodístico advierte sobre un paulatino pero firme control territorial ejercido por estos agentes externos. La consolidación de estas estructuras criminales no solo altera la tranquilidad histórica de la ciudad, sino que introduce un riesgo inminente: el desembarco del sicariato y la violencia armada por la disputa de zonas de distribución.
Si las autoridades provinciales y federales no intervienen de manera directa para cortar de raíz el despliegue de esta red, Gualeguaychú se enfrenta al peligro cierto de convertirse en un nuevo punto neurálgico del narcotráfico internacional en el litoral argentino.


