Mientras sectores radicales lanzan acusaciones extremas contra el intendente Mauricio Davico y el Estado de Israel, la justicia local mira para otro lado. Exigen que el Partido Comunista presente pruebas de sus graves afirmaciones o rinda cuentas ante la ley.
GUALEGUAYCHÚ. — La inacción judicial frente a los delitos de odio en la provincia de Entre Ríos ha alcanzado un punto crítico. En las últimas semanas, las calles y redes sociales de Gualeguaychú se han convertido en el escenario de una virulenta campaña de tintes antisemitas que no solo apunta contra la comunidad judía y el Estado de Israel, sino que también busca desestabilizar institucionalmente al intendente local, Mauricio Davico.
Ante este panorama, la pregunta que recorre a la comunidad es unánime: ¿Por qué la justicia penal sigue de brazos cruzados ante flagrantes violaciones a la Ley Antidiscriminatoria 23.592?
El ataque al intendente y la retórica del Partido Comunista.
La gota que colmó el vaso fue el reciente posicionamiento del Partido Comunista local. En un intento de burda politización de un conflicto internacional, el espacio radicalizado tildó abiertamente a Israel de “Estado genocida” y atacó la figura del intendente Davico.
La gravedad de estas afirmaciones no puede pasar por alto. Utilizar calificativos del derecho internacional penal a la ligera no es libertad de expresión; es una estrategia deliberada para sembrar el odio y deshumanizar a un pueblo. Si el Partido Comunista local o cualquier otra organización afirma tener constancia de semejantes acusaciones, tienen la obligación legal y moral de presentarse inmediatamente ante los tribunales correspondientes y aportar las pruebas. De lo contrario, sus declaraciones se configuran lisa y llanamente como calumnias, injurias y promoción de la discriminación.
A pesar de la virulencia de las publicaciones y el peligro latente de que el discurso de odio se traduzca en violencia física, los fiscales locales sostienen un silencio que roza la complicidad pasiva. La legislación argentina es clara respecto a la persecución de los delitos de odio, pero en Gualeguaychú, la ley parece ser letra muerta cuando se trata de defender a ciertos sectores.
Refutación a los discursos de odio: Desarmando la falacia del “Estado genocida”.
La retórica utilizada por el Partido Comunista local carece de sustento histórico, jurídico y fáctico. A continuación, se rebaten los puntos centrales de su discurso de odio:
Manipulación del término “Genocidio”: El genocidio implica la intención deliberada de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Israel no busca la destrucción del pueblo palestino; se defiende de organizaciones terroristas (como Hamás y Hezbolá) cuyo estatuto explícito sí exige la aniquilación del pueblo judío. Confundir una guerra legítima de autodefensa con un genocidio es una distorsión maliciosa.
El doble estándar antisemita: Juzgar las acciones de Israel —un Estado democrático bajo ataque constante— con una vara distinta a la de cualquier otra nación del mundo es la definición moderna de antisemitismo (según la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto – IHRA). Quienes callan ante las atrocidades de dictaduras globales pero demonizan obsesivamente a la única democracia de Medio Oriente delatan su verdadero sesgo.
Ataque institucional local: Utilizar la política exterior para atacar la gestión de un intendente local como Mauricio Davico es una maniobra de distracción política burda. Intentar importar un conflicto internacional para generar fracturas sociales en Gualeguaychú es una irresponsabilidad democrática que la sociedad entrerriana no debe tolerar.
La libertad de expresión encuentra su límite absoluto cuando empieza el discurso de odio y la incitación a la violencia. La sociedad de Gualeguaychú exige respuestas, y es hora de que la justicia despierte antes de que sea demasiado tarde.
Redacción: Nova Comunicaciones.


