Lo primero que haremos será meter en un bol grande los huevos junto con el azúcar.
Los batimos muy bien con una batidora eléctrica de varillas y a máxima potencia para conseguir que espumen. Este proceso nos llevará unos 5 o 6 minutos, y gracias a este paso nos aseguraremos de que nos quede un bizcocho super esponjoso.
Cuando los huevos hayan triplicado su volumen y tengan un aspecto cremoso y amarillo clarito, ya los tendremos listos.
Seguidamente agregamos el aceite de coco, si no tienes aceite de coco, puedes sustituirlo por aceite de girasol u otro aceite suave. También añadimos el yogur y la leche.
Seguimos batiendo durante medio minuto más. Cuando ya esté todo integrado añadimos la harina y el polvo de hornear previamente tamizados.
Por último agregamos el coco rallado y la sal. Mezclamos un poco manualmente y luego con la batidora eléctrica de varillas a mínima potencia.
Es importante no sobrevestir la mezcla para que el bizcocho quede muy tierno, así que nada más que veamos que la harina se ha integrado completamente paramos de batir.
Vertemos la masa del bizcocho dentro de un molde con las paredes y el fondo cubierto con papel sulfurizado para que luego sea más fácil desmoldarlo.
Lo llevamos al horno que tenemos que tener precalentado a 180º C con calor arriba y abajo.
Lo colocamos a media altura sobre la rejilla y horneamos durante 40 minutos aproximadamente, ya sabes que cada horno es un mundo, por lo que el tiempo puede variar.
Para saber si está hecho clavamos un palillo en el centro y si sale limpio ya lo tendremos listo.
Lo sacamos del horno y dejamos que se enfríe unos 15 minutos sobre una rejilla.
Pasado este tiempo lo desmoldamos con cuidado porque el molde todavía puede estar caliente.
Le quitamos el papel y dejamos que repose sobre la rejilla hasta que se enfríe completamente.
Para decorar y de forma opcional, espolvoreamos coco rallado por encima dejándolo listo para disfrutarlo con toda la familia.