“Estaba encallado desde 1986, pero en algún momento iba a disminuir (de tamaño) lo suficiente como para perder adherencia y empezar a moverse. Yo detecté el primer movimiento en 2020”, explicó Andrew Fleming, experto en sensores remotos para la BBC.

Además, los investigadores se encargarán en seguir de cerca el movimiento del icerberg que se desplaza rápidamente por las corrientes y temen que toque tierra en la isla Georgia del Sur, lo que podría complicar a las focas, pingüinos y otras aves marinas. No solo eso, sino que podría afectar las rutas de los animales que utilizan para alimentar a sus crías.