Han pasado 31 años del atentado terrorista que marcó la historia argentina, rescatamos la historia de César Gómez, un profesional cuya trayectoria en la Policía Federal y los Bomberos Voluntarios lo convirtió en un referente de coraje y profesionalismo en su comunidad.
Por Redacción Diario Nova.
La vocación de servicio no es algo que se adquiere en un manual; es un fuego interno que se templa en las situaciones más extremas. Para César Gómez, nacido en Gualeguaychú un 16 de marzo de 1965, esa llama se encendió temprano, en 1981, en el cuartel de su ciudad natal, y lo llevó a los escenarios más oscuros de la Argentina contemporánea.
El estruendo que cambió todo: 18 de julio de 1994.
Gómez, quien formaba parte de la División Explosivos de los Bomberos de la Policía Federal en Capital Federal, recuerda aquel lunes con una nitidez que estremece. Con apenas 29 años, tomó su guardia a las 08:00 de la mañana. Menos de dos horas después, a las 09:53, un estruendo lejano pero profundo sacudió la ciudad.
“Jamás imaginamos que se repetía lo acontecido hacía dos años atrás en la Embajada de Israel. Pero sí, lamentablemente habían volado la AMIA”, relata Gómez en diálogo exclusivo con DIARIO NOVA.
El escenario era apocalíptico: 85 víctimas fatales, más de 300 heridos y una sede reducida a montañas de polvo y hierro retorcido.
El “trabajo de hormigas” entre el silencio y el dolor.
La labor de rescate en la AMIA exigió un nivel de precisión casi quirúrgico. Gómez describe lo que llama un “trabajo de hormigas”: largas cadenas humanas pasando baldes que subían vacíos y bajaban cargados de escombros.
“Recuerdo los pedidos de silencio cuando se oía algún ruido bajo los escombros. El comando ordenaba suspender todo: se apagaban los grupos electrógenos, quedábamos a oscuras, se detenían las herramientas de corte. Todo para escuchar una señal de vida”, narra con emoción.
En medio de esa labor minuciosa, César vivió uno de los momentos más duros de su carrera. Mientras cargaba un balde, notó que la superficie bajo sus pies era inusualmente frágil. Al retirar los restos de mampostería, descubrió que estaba sobre el torso de una persona fallecida. Fue la confirmación brutal de la magnitud de la tragedia.
Una vida dedicada a proteger.
Tras retirarse de la Policía Federal en 2005, Gómez no colgó el casco. Regresó a sus raíces como Bombero Voluntario en Gualeguaychú, donde volcó toda su experiencia para capacitar y entrenar a las nuevas generaciones. Su paso por el cuartel local es recordado no solo por su capacidad operativa en rutas y siniestros urbanos, sino por ser el motor de capacitaciones que optimizaron el profesionalismo del cuerpo.
Hoy, César está retirado y recordamos que también se desempeño como Supervisor del servicio de bomberos en la planta de Toyota en Zárate, una de las empresas más importantes del país. Sin embargo, su corazón sigue ligado a la comunidad de Gualeguaychú, donde es reconocido por su calidad humana y su disposición constante hacia la prensa y los vecinos.
Un reconocimiento necesario en vida.
Gualeguaychú tiene en César Gómez un capital invaluable: experiencia, trayectoria y, por sobre todo, humanismo. En una sociedad que suele reconocer a sus héroes cuando ya no están, hoy destacamos a este “ángel protector” que ha restado incontables horas a su familia para dárselas a los demás.
Es un hombre que trasciende cualquier circunstancia política. César Gómez es sinónimo de vocación pura. Como comunidad, mantener viva su memoria y su legado es un acto de justicia para alguien que, ante cada sirena, eligió poner su vida al servicio del prójimo.
¡Gracias, César Gómez, por cada vida salvada!
Cronología de una carrera de honor:
- 1981: Inicia su camino en Bomberos Voluntarios de Gualeguaychú.
- 1994: Actúa como rescatista en el atentado a la AMIA (División Explosivos PFA).
- 2005: Se retira de la Policía Federal y regresa a servir en su ciudad natal.
- Fue Supervisor de Seguridad en Toyota Argentina (Zárate).
Hoy se encuentra retirado.


