3 keys to understanding the violence that plagues Haiti (and the context in which the assassination of its president is framed).
Este miércoles Haití amaneció con la noticia de la muerte a tiros de su presidente, Jovenel Moïse, a manos de un grupo de individios que asaltó de madrugada su residencia privada en el barrio de Pelerin de Puerto Príncipe.
Este suceso pone de nuevo en jaque la maltrecha estabilidad del país, azotado por turbulencias políticas, sociales y por la concatenación de desastres naturales en los últimos años.

Jovenel Moïse fue asesinado el miércoles por hombres armados que asaltaron su domicilio.
1. Pobreza y desastres.
Haití es desde hace años el país más pobre de América.
El riesgo de padecer hambre está siempre presente entre una población devastada por la concatenación de crisis, las malas cosechas influenciadas por los desastres naturales y la inflación del país.
La ONU estima que casi 4 millones de haitianos, entre una población de cerca de 11,5 millones, padece inseguridad alimentaria. Un quinto de la población, cerca de dos millones de personas, se ha visto forzado a emigrar.
Hace 11 años que el país fue devastado por uno de los desastres naturales más importantes de la historia reciente, un terremoto de magnitud 7 que tuvo epicentro en Léogâne, a unos 15 kilómetros al suroeste de la capital Puerto Príncipe.
Fue el sismo más grave sucedido en Haití desde 1842.
El terremoto y las dos réplicas que le sucedieron dejaron 316.000 muertos, 350.000 heridos, miles de casas desplomadas, el 60% de las infraestructuras médicas destruidas.
La virulencia del fenómeno y la fragilidad de los edificios e infraestructuras magnificó una tragedia con una cifra de víctimas mortales que fue 10 veces superior a todos los desastres ocurridos en Haití desde 1963, calcula el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El daño económico fue mayúsculo también: US$7.900 millones, el 120% del PIB del Estado. Además, 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar.
No sería el único desastre natural que verían desde entonces, pues en 2016 el huracán Matthew barrió el suroeste del país causando 573 muertes y dejando unos dos millones de damnificados y el huracán Laura pasó por el país en agosto de 2020 dejando también decenas de muertos y daños materiales a su paso.
Del mismo modo, las epidemias han diezmado a la población. La de cólera de 2010 infectó a 520.000 personas y causó la muerte de por lo menos 7.000.
La epidemia se volvió endémica y, aunque los casos han disminuido, el coronavirus recogió su testigo. Hasta el momento se han contabilizado oficialmente algo más de 19.100 contagios y 462 muertes.
Sin embargo, los expertos advierten de que las cifras reales son mucho más altas, pues no se realizan apenas test de control, y la llegada de las nuevas variantes está multiplicando el ritmo de contagios.
La tendencia al alza podría resultar “catastrófica”, según le dijo a AFP Laure Adrien, directora general del Ministerio de Salud de Haití.
2. Inseguridad creciente.
La inseguridad se ha instalado en Haití, especialmente en los últimos años.
Numerosas bandas armadas han proliferado por las calles.
Sólo en el mes de junio pasado, más de 150 personas fueron asesinadas y otras 200 secuestradas en la zona metropolitana de Puerto Príncipe, reveló un reciente informe del Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos (CARDH), una ONG especializada en la materia.

“El país está asediado por bandas armadas que siembran el terror, asesinatos, secuestros, violaciones (…). Puerto Príncipe está sitiado en el sur, el norte y el este. Asistimos a una sociedad cada vez más pasiva mientras el país está asediado”, sostiene el informe que describe la situación como de “hegemonía del crimen en Haití”.
Las fuerzas de seguridad parecen desbordadas por el fenómeno.
El Ejército, que fue eliminado en 1994 para evitar intentonas golpistas (e instaurado de nuevo en 2017), apenas tiene 500 miembros, y los 15.000 policías con los que cuenta el país no parecen ser suficientes para controlar la situación.
Además, las fuerzas y cuerpos han sido acusados de cometer matanzas indiscriminadas e incluso el Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido a Haití que investigue las masacres de La Saline en 2018 y de Bel-Air en 2019, en las que murieron decenas de civiles.
3. La inestabilidad política.
La inestabilidad política es una constante en el país, basta decir que es el único país de América que ha tenido más de 20 gobiernos en 35 años.
Con todo, su último conflicto tiene su origen en 2015.
Por aquel entonces el entonces presidente Michel Martelly finalizó su gestión, pero los polémicos comicios obligaron a nombrar un presidente interino de otro partido, hasta que la autoridad electoral reconoció un año después la victoria del este miércoles asesinado, Jovenel Moïse.
La oposición clamaba que el mandato de cinco años de Moïse debía haber acabado el pasado 7 de febrero, cuando se cumplían los cinco años del fin del gobierno de Martelly en 2016.
Moïse, sin embargo, insistía en que debía gobernar un año más porque no tomó posesión hasta el 7 de febrero de 2017.
El mandato de Moïse estuvo marcado por las protestas sociales, especialmente en 2019, donde miles de personas paralizaron prácticamente todas las actividades de las instituciones públicas y privadas del país.
Las protestas se han visto espoleadas por el malestar económico y un escándalo de corrupción en el que presuntamente funcionarios del gobierno habrían malversado US$3.800 millones en ayudas de PetroCaribe, un programa de asistencia petrolera.



