“pica”: el irresistible antojo por comer tierra, tiza o hielo

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“pica”: the irresistible craving for eating earth, chalk or ice.

Quizás la idea de comer tierra te resulte un tanto asquerosa y pienses que los únicos que lo hacen son los niños pequeños y los animales.

Pero lo cierto es que son tantas las personas y culturas que tienen este hábito que existe un término para describirlo: geofagia.

Además no se trata de algo nuevo: hace 2.500 años en la Antigua Grecia el famoso médico Hipócrates ya describía esa práctica.

Resulta que comer tierra es apenas una forma de “pica”, como llaman los expertos en salud al consumo de sustancias que no son alimentos, como tiza, hielo, carbón, yeso, papel y muchas otras.

Este trastorno de la ingestión no solo afecta a humanos. De hecho, la palabra “pica” proviene del nombre en latín de la urraca, un ave famosa por consumir sustancias que no suelen ser comestibles.

Pero muchos otros animales también tienen la costumbre de comer cosas que no tienen valor alimenticio. Los perros, por ejemplo, comen huesos. Y los gatos, caballos, ovejas, loros y elefantes, entre otros, también comen cosas como tierra, rocas o madera.

Dos teorías.

La científica y sus colegas del Departamento de Antropología de Northwestern llevan a cabo una serie de experimentos y estudios para explorar lo que consideran las dos causas más probables de la pica: la suplementación y la desintoxicación.

La primera se basa en la hipótesis de que nuestros cuerpos anhelan aquello que necesitan.

Si se te antojan unos huevos, podrías estar baja de proteínas, por ejemplo. O las ganas irresistibles de comer chocolate podrían ser culpa de una insuficiencia de magnesio.

El trabajo de Young y su equipo ha constatado un vínculo entre la pica y la deficiencia de hierro. Sin embargo, la naturaleza de esa asociación no está clara.

Kent Berridge, profesor de Psicología y Neurociencia en la Universidad de Michigan, en EE.UU., señaló a la BBC que el posible vínculo entre nuestro apetito y una carencia en nuestro cuerpo empezó a estudiarse en los años 1930.

“Fue en esa época que surgió el concepto de que el cuerpo es sabio y busca nutrientes específicos”, explicó.

Sin embargo, las investigaciones realizadas desde entonces solo han podido comprobar ese vínculo en el caso de ciertos nutrientes específicos, principalmente el sodio.

“Cuando sufrimos una deficiencia de sodio tenemos grandes antojos de comer salado”, afirmó.

Con respecto al hierro, el experto señaló que si bien afecta nuestro apetito, “no crea antojos específicos de comer alimentos con hierro“. Más bien aminora nuestras ganas de comer, en general.

Anemia.

Los expertos aún no han logrado determinar por qué el vínculo entre deficiencia y apetito es más fuerte con el sodio que con el hierro y otros nutrientes.

Pero creen que podría tener que ver con el hecho de que entre nuestros antepasados la falta de sodio era frecuente, por lo que quizás nuestros cerebros desarrollaron un mecanismo para resolver el problema.

“Quizás la deficiencia de otros nutrientes era menos común y entonces hubiera resultado muy costoso, desde un punto de vista evolutivo, que el cerebro desarrollara apetitos para cada forma de deficiencia nutricional”, observa.

Es decir que si bien se estima que en el mundo hay unos 800 millones de mujeres y niños que sufren de anemia -o falta de hierro-, no hay evidencia de que nuestro apetito nos ayude a resolver el problema.

Young agrega que la mayoría de las sustancias que son consumidas como pica no contienen hierro que pueda ser absorbido por nuestro sistema digestivo. Eso incluye a la tierra.

Sus estudios incluso han revelado que la tierra es, de hecho, un obstáculo para la ingestión de hierro, ya que su consumo bloquea la absorción de este vital mineral.

Esto significa que si bien está establecido que muchas personas anémicas practican la geofagia, lo cierto es que lejos de curar su problema lo empeoran.

Otra asociación que desconcierta a los científicos es el fuerte antojo que sienten muchas personas con deficiencia de hierro por comer hielo.

“Es algo que no entendemos para nada”, confiesa Young.

La segunda teoría.

Si las personas que consumen sustancias raras no lo hacen para suplementar su dieta, ¿qué las impulsa?

Un estudio realizado en los años 1960 con ratas reveló una posible explicación. El trabajo mostró que los roedores que sufrían una deficiencia nutricional al comer un tipo de alimento, lo abandonaban y optaban por probar uno nuevo.

Se mostró que esto no ocurría porque buscaran acceder al nutriente que les faltaba, sino porque la deficiencia los hacía sentir mal y entonces asociaban su malestar con la primer comida, desarrollando una leve aversión hacia ese alimento, y prefiriendo optar por probar otro, incluso si no tenía el nutriente faltante.

Se cree que lo mismo podría ocurrir con la pica: personas con deficiencias alimentarias podrían estar probando sustancias nuevas para, inconscientemente,encontrar algo que les haga sentir mejor.

También es común que muchos animales que ingieren plantas o semillas que contienen algunos venenos coman tierra junto con estos alimentos para desintoxicarse.

Esto es efectivo porque la arcilla tiene la propiedad de atraer cosas a su superficie. Por ejemplo, toxinas, bacterias o incluso ácido, que es producido por el sistema digestivo y, en exceso, puede causar malestar.

Los expertos creen que los humanos podrían estar comiendo tierra con el mismo fin, aunque sin saberlo.

“Es como las máscaras de barro que se utilizan para remover toxinas de la piel. Creemos que (la geofagia) es como una máscara de barro para el intestino“, señaló Young.

La pica podría aumentar durante el embarazo ya que el sistema inmunológico se debilita durante ese período. Algo similar ocurriría con los niños pequeños, cuyas defensas todavía no están del todo desarrolladas.

Esta parece ser, por ahora, la explicación más probable para la pica, aunque entender qué procesos psicológicos podrían estar detrás de estos antojos inusuales tardará más tiempo en dilucidarse.


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