Mujeres juntas por el cambio: la mujer y las distintas varas del Intendente

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Women together for change: women and the various rods of the Mayor.

Espacio gratuito que concede DIARIO NOVA para publicar un documento enviado por mujeres juntas por el cambio.

Cuenta la historia que Gregorio Potemkin, un estadista, militar y político ruso que vivió en el siglo XVIII, llevó a cabo un engaño formidable, deseoso de impresionar a su amante y protectora Catalina II de Rusia (la Grande). Potemkin invadió Crimea -posteriormente sería nombrado gobernador- y prometió que transformaría esos parajes desolados en una zona próspera. Pasados los años, la zarina se dispuso a visitar el territorio para admirar los avances, pero Crimea no había cambiado nada. Rápidamente, Potemkin ideó un plan para enmascarar la realidad: ordenó construir pueblos enteros de cartón pintado y los llenó de campesinos “contentos”. Catalina la Grande y su séquito, desde su carroza imperial, admiraba una Crimea de ensueño. Pero todo era ilusión. Desde entonces, decimos que algo es de “cartón pintado” cuando hay un artificio, una mentira que esconde la realidad.

Traemos a colación esta historia porque, si algo ha caracterizado a la gestión Piaggio, es la utilización de lo simbólico y lo discursivo para anclar en el inconsciente colectivo realidades que no existen o que son muy distintas de las declamadas. Mostrar, en varios aspectos, cartón pintado.

Por ejemplo:

Fachada de ciudad ambientalmente amigable y saludable con una puesta en escena –formidable- de la prohibición del glifosato. Cartón pintado que ocultaba, durante meses, el volcado al río Gualeguaychú de toneladas de efluentes cloacales sin tratamiento: Potemkin en estado puro.

Fachada de intendente cercano al vecino y con las familias como protagonistas. Cartón pintado que distrae de la droga a pleno en la ciudad, droga que se apodera de los barrios sin que haya una sola política real que la enfrente y nos mata nuestros chicos: Potemkin y sus habitantes contentos para la emperatriz.

Y sigamos. ¿Qué es si no cartón pintado una gestión que tiene doble funcionariado en el área de Derechos Humanos, actuando sonoramente en un caso de supuesto abuso policial, pero que nunca ha salido al ruedo en defensa de las tantas mujeres que en nuestra ciudad sufren estado de vulnerabilidad, sometidas a diario a violencia física o verbal o psicológica? ¿Cómo llamar a un área de DDHH que no muestra una sola acción concreta en defensa de las familias cuyos hijos mueren en nuestra ciudad a causa de la droga? O que no hace nada por las víctimas de la delincuencia, víctimas de robos y salvajes golpizas de patotas. Dirección de Derechos para Algunos Humanos.

Pero hay un caso aún más claro de la particular vara con que mide las cosas nuestro intendente: la cuestión de la valoración de la mujer, los estereotipos y el uso de la belleza física como atracción turística.

Sí. Fue el mismo intendente quien puso el tema enérgicamente sobre la mesa cuando, hace unos años, decidió terminar con la elección de la Reina del Turismo y proponer que la ciudad tuviera en su lugar una elección de Representante Cultural. Una forma de ir directo a los valores y comenzar a superar la cosificación femenina.

La propuesta no daba lugar a dobles interpretaciones: “Nuestro presente tiene entre sus conflictos más agudos la violencia contra la mujer, simbólica y física, cuestión que obliga a revisar nuestras prácticas, criterios y costumbres asociadas al modelo de mujer que representan (…) el cuerpo de la mujer como principal atracción en concursos de belleza, elecciones de reinas y princesas resulta una práctica extendida y naturalizada como estrategia de promoción turística”, afirmó el comunicado oficial con que la Municipalidad informó el cambio de paradigma en 2017. Pedía “transformar los significados” que “cosifican a la mujer en tanto objeto de consumo. El Estado debe ser el primero en plantear la redefinición de estas tradiciones”, se leía allí. La propuesta de Piaggio denunciaba patrones estereotipados, dominación, desigualdad y discriminación, subordinación de la mujer en la sociedad, “criterios de belleza ligados a la cultura occidental en detrimento de otras culturas (…) la delgadez y la eterna juventud. Se margina con estos sentidos las luchas por el respeto y por la igualdad de la mujer”. Y pedía “transformar los significados sociales negativos que cosifican a la mujer en tanto objeto de consumo”.

Usted y nosotras podemos estar o no de acuerdo, es cuestión de miradas. Pero lo que no es cuestión de miradas es la doble vara y doble moral, la sobreactuación, la incongruencia, el usar un tema tan sensible como fachada de un respeto que –fíjese cada uno y cada una- resulta cartón pintado. ¿Por qué?

Porque el mismo intendente que propone y promueve esta valoración y este cambio de paradigmas y habla de enfrentar la cosificación de la mujer, es quien marcha los 500 metros de la pasarela del Carnaval del País marcándole el ritmo e incentivando a moverse frenéticamente a una joven, de modo tal que levante fervorosos aplausos masculinos mientras avanza. Un intendente que como jefe de batucada va a la cabeza, marcando el ritmo a la pasista. Un intendente que integra al desfile a su hijo de corta edad y que lo imita en su recorrido, en un claro ejemplo de transmisión cultural.

A ver. El Carnaval del País es una construcción colectiva social y cultural, lo sabemos, donde la mujer forma parte de un conjunto simbólico y artístico. No estamos en contra del carnaval, que quede claro. Por el contrario. Somos amantes del carnaval y respetuosos de su espíritu. No se trata de carnaval sino de las contradicciones del jefe de nuestro municipio.

¿Cómo compatibiliza su llamado contra la cosificación de la mujer con el hecho de dirigir cada noche de fiesta, durante 500 metros, a un grupo (de hombres) que marcan el ritmo a una joven (casi sin ropas, escultural) que se sacude y levanta fervores con un claro canon de belleza que él mismo propuso desmitificar? ¿Qué vara utiliza para ser las dos cosas a la vez, el funcionario del cambio y el batuquero de la consolidación del mismo hecho/exhibición de mujeres como objeto de atracción turística? ¿Desde dónde se para a condenar a las jóvenes que nos representaban como Reinas del Turismo mientras avala a las Reinas del Carnaval del cual es parte?

Lo proclamó él a tambor batiente: “criterios de belleza ligados a la cultura occidental en detrimento de otras culturas…; delgadez y eterna juventud…; se margina con estos sentidos las luchas por el respeto y por la igualdad de la mujer”. Cartón pintado.

Los gualeguaychuenses merecemos congruencia.


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