NOVA EDITORIAL: TERAPIA INTENSIVA PARA EL SISTEMA DE SALUD DE GUALEGUAYCHÚ

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La reciente muerte de la joven Andrea Schlotthauer como consecuencia de una apendicitis no tratada en tiempo y forma en el centro médico San Lucas, volvió a desempolvar una preocupación de larga data alrededor del funcionamiento del sistema de salud en Gualeguaychú.

La salud, junto con la justicia, la educación y la seguridad; son los ejes fundamentales sobre los que una sociedad se mueve para transitar sus días sin sobresaltos que pongan en riesgo la vida de sus componentes.

No hablaremos aquí de justicia, ni educación ni seguridad, porque deberíamos dedicar cientos de páginas a las diversas fallas que presenta el sistema.

Hoy nos ocupa fundamentalmente la situación del sistema de salud en nuestro medio, ya que lo ocurrido en estos días no es el primer caso en los que debemos lamentar una muerta por errores médicos.

Hace pocos días se denunciaba la muerte de un bebé al nacer en el Hospital Centenario. En el mes de Enero se radicaba otra denuncia por la muerte de un hombre que había sido operado en sanatorio Agos y luego fallecía en el hospital.

En Agosto de 2012, una joven madre que había tenido su bebé un mes antes en el centro de salud San Francisco, denuncia una supuesta mala praxis.

También en Mayo de 2012, un hombre radica una denuncia contra el hospital Centenario por la muerte de su beba, tras el indicación de la profesional interviniente que “debían esperar porque faltaba para el parto”.

En Abril de 2007, Zunilda Beatriz Berón falleció en el centro médico San Lucas tras se operada. Las causas habrían sido una necrosis tubular aguda producida por una transfusión de sangre no compatible.

En Septiembre de 2002, una mujer que dio a luz por cesárea en ex sanatorio Cometra, le provocaron una perforación de colon, lo que le produjo una peritonitis aguda y tuvieron que practicarle una colostomía (ano contra natura) para poder salvarla.

En Mayo de 2005, en el Hospital Centenario, moría Silvina Teresita Broese, vecina de Larroque, que había sido sometida a una intervención quirúrgica. En el lavaje final, los médicos derramaron sobre sus órganos internos soda cáustica en lugar del producto que correspondía, provocándole lesiones gravísimas que la llevaron a la muerte.

Estos son sólo algunos de los casos que tomaron estado público. En algunos casos se determinó la existencia de mala praxis, en otros no, y en otros aún siguen los debates en el ámbito judicial.

NO TODOS SE EQUIVOCAN.

Como en cualquier profesión, la medicina también es falible a los errores humanos. Para ello, los médicos tienen una cobertura especial que los asegura ante un riesgo de mala praxis. Pero ese no es el problema. El nudo crucial de esta cuestión es que la gente deja lo más preciado que tiene, su vida, en manos de un médico y confía en él para su curación.

Si bien es cierto que hay una fuerte desconfianza en la población hacia la medicina local, debemos dejar en claro que hay grandes médicos, que atienden esmeradamente a sus pacientes, que brindan excelentes soluciones a sus dolencias y que se manejan con un alto grado de honestidad. Tenemos médicos que se especializan permanentemente, que están atentos a cuanta innovación surge y aplican sus mejores conocimientos en beneficio de sus pacientes.

Pensemos que todos los días, son miles las personas que se atienden por diferentes problemas en el hospital público y en los distintos centros privados. Seguramente, podemos recoger miles de testimonios agradecidos con los médicos locales.

Sin embargo, también hay de lo otro. Lamentablemente, los casos en los que se cometen errores y se mal diagnostica son los que más resaltan en las noticias, porque generan tremenda bronca en la gente que pierde a un ser querido por un problema que no implica un gran riesgo si es tratado en tiempo y forma.

La fuga de los vecinos de Gualeguaychú a centros más especializados en Buenos Aires, Paraná o Puiggari, es una realidad palpable a diario.

Hay una frase que ya se ha transformado en un dicho cotidiano: “si te enfermás no te quedes acá”.

Esto es el resultado de experiencias muy negativas vividas por muchos vecinos que han sido tratados por un problema en Gualeguaychú y cuando interconsultan en centros más especializados se desayunan con que el diagnóstico es totalmente distinto.

Lo mismo pasa con los estudios radiológicos. Cualquiera de nosotros que nos hemos hecho estudios radiográficos o tomografías computadas, cuando las presentamos ante profesionales de otros lugares, las rechazan con fuertes críticas porque son estudios que presentan deficiencias.

Todos sabemos la importancia que tiene un estudio radiológico para elaborar un diagnóstico.

HOSPITAL NUEVO ¿RECURSOS VIEJOS?.

Es auspicioso contar con un nuevo hospital. No podemos menos que festejar esta importante inversión del estado.

Ahora, no es muy auspicioso que tengamos un cascarón nuevo y bonito si la aparatología será la misma que tenemos en el viejo hospital.

De nada servirá semejante edificio si los recursos humanos no se perfeccionan y están a la altura de las circunstancias.

Un nuevo edificio no podrá solucionar de por sí los errores de diagnóstico.

Se había prometido que el nuevo hospital iba a contar con toda la aparatología nueva, de última generación. A esta altura de los acontecimientos, pareciera que podemos agradecer si se termina el edificio, ya inaugurado varias veces, para la foto.

MUCHOS RIESGOS Y POCAS RESPUESTAS.

Debido al crecimiento que Gualeguaychú viene teniendo en los últimos años, su ubicación estratégica y la enorme cantidad de eventos que genera, se ha transformado en un punto que en cualquier momento puede requerir grandes respuestas en materia de salud y emergencia.

La autovía del Mercosur con alto nivel de tránsito, la permanente afluencia de turistas a la ciudad, un carnaval que congrega miles de personas y diversos eventos que tienen lugar a lo largo del año, más las necesidades propias de la población estable, son motivos más que sobrantes para que en cualquier momento se tenga que brindar alguna respuesta urgente por cualquier incidente que pudiera ocurrir.

Tal como están las cosas en materia de atención sanitaria difícilmente estaríamos en condiciones de dar esas respuestas.

En la ciudad contamos con un hospital público con equipamiento roto, faltante de insumos y medicamentos, falta de ambulancias adecuadas y un personal deteriorado por la falta de estímulos a su tarea.

Por otra parte, tenemos centros privados, como el sanatorio Agos, al borde del cierre por falta de recursos como consecuencia de malas administraciones y fuertes incumplimientos de las obras sociales.

Todo ello, en una ciudad que está en permanente riesgo de tener que atender un accidente o incidente de grandes dimensiones.

Todos apostamos a que ello no ocurra jamás, pero no podemos dejar librado al azar la ocurrencia o no de un infortunio. Debemos estar preparados para dar las respuestas necesarias. La realidad indica que no lo estamos.

La ciudadanía se siente indefensa a la hora de enfermarse. La incertidumbre embarga a muchos.

Algunos, con buena obra social y poder adquisitivo, pueden elegir irse a otros centros de mayor confiabilidad y atenderse.

Los más pobres, deben conformarse con lo que hay. En muchos casos, aceptar el destrato y la indiferencia. Resignarse a esperar un turno dado a uno o dos meses, obtener el medicamento que haya en la farmacia hospitalaria y sino dejar el tratamiento.

Así, la medicina de buen nivel se ha transformado en un bien al que pueden acceder sólo algunos privilegiados.

Otros, los que menos tienen, deben aceptar el sufrimiento y, en algunos casos,  la muerte.

Es bueno tener en cuenta lo dicho por el Dr. Ramón Carrillo: “Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si estas son accesibles al pueblo”.

 

ALBERTO JOSE DORATI

Periodista Alberto José Dorati. 

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