Visualizar al leopardo de las nieves en el Himalaya, un reto a 4.000 metros

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Visualize the snow leopard in the Himalayas, a challenge at 4,000 meters.

Durante dieciocho días el fotógrafo de naturaleza Oriol Alamany Sesé intentará conocer más sobre el leopardo de las nieves, también conocido como “el fantasma de las montañas”, y su hábitat, en el tercer viaje que emprende hoy al Himalaya indio.

El  leopardo de las nieves vive en zonas de alta montaña de Asia, en Mongolia, el Tibet, el Himalaya indio y de Nepal, entre otros sitios, y “su población mundial actual se estima entre 4.600 y 8.700 ejemplares”, señala Alamany Sesé.

Leopardo de las nieves o el “fantasma de las montañas”.

Durante cerca de veinte días el fotógrafo y técnico en biología catalán junto a su inseparable compañera, Eulàlia Vicens, intentará visualizar ejemplares de esta especie “poco conocida, muy resistente al frío y la nieve y que vive entre 3.000 y 4.500 metros de altura”, explica.

Este es el tercer invierno que viaja a la zona para conocer más sobre un “felino que es más pequeño que el normal de su especie, y que entre febrero y marzo se encuentra en época de celo”, de ahí que sea un “poco más fácil” (a 4.000 metros de altura), poder fotografiarlo.

En la “zona donde vamos nosotros se estima que apenas hay entre 200 y 600 ejemplares”, dice el fotógrafo catalán, y asegura son “solo estimaciones” porque de este animal solo se ha empezado a conocer más datos a partir del año 2000, cuando un equipo de National Geographic logró con cámaras trampa captar imágenes.

Debido a la “delicada situación de la especie”, que está amenazada según varias organizaciones ecologistas por el cambio climático o la construcción de grandes infraestructuras en la zona, surgieron hace unos años tres onegés estadounidenses dedicadas a su conservación, Snow Leopard Conservancy, Snow Leopard Trust y Panthera.

La población local, factor fundamental para el conocimiento de la especie.

Las dos primeras han “contactado con la población local para educar a la gente, seguir los rastros de los felinos y recoger información sobre esta especie”, porque se dieron cuenta que simplemente el trabajo de un biólogo suyo “no era suficiente”.

Ha sido la población local la que ha recopilado numerosos datos sobre el leopardo de las nieves, por ello, “nuestro sistema allí es contactar con la gente que hace el seguimiento de la especie”, explica.

Con ellos “salimos a prospectar” zonas donde se pueden encontrar en esta época de apareamiento, cuando se encuentran más distraídos intentando encontrar una pareja, sostiene Alamany Sesé, y añade que este tipo de felino “no es agresivo con los humanos”, más bien “discreto y esquivo”, asegura.

Es un felino que prefiere “apartarse” más que atacar, aunque no sabe qué harían de “verse acorralados”, y, precisamente, por ese motivo durante años hasta fechas recientes “poco se sabía de él”.

Las capturas fotográficas suelen ser “muy lentas”, es cuestión de instalarse en la ladera de una montaña, a veinte grados bajo cero, para intentar visualizar algún ejemplar. Y se podría decir que este amante de la naturaleza ha tenido “suerte” ya que en los viajes anteriores pudo encontrarse con cuatro en la primera ocasión y con una hembra y dos crías y un macho intentando cazar, en la segunda.

Pero son animales “muy camuflados”, señala, y añade que se alimenta de herbívoros como los íbices del Himalaya y los carneros azules, que una vez capturados no los suelta ni aún cuando se encuentre en las peores circunstancias.

Como buen felino.

Y explica que el año pasado vio un vídeo de un cámara indú “totalmente sorprendente, en el que un ejemplar se abalanzaba sobre un carnero azul, se despeñaban juntos por una roca en un alcantilado y el leopardo no soltaba la presa, a pesar de los batacazos que se iban dando, y, como los típicos gatos que siempre caen de pie, el leopardo conseguía superar la caída y acababa capturando al carnero azul”.

Rastrea sus presas como buen felino, siempre escondiéndose, camuflándose hasta llegar al ‘spring’ final salir disparado e intentar capturar a uno de estos animales, señala.

Explica Alamany Sesé que tras el “éxito” del primer viaje decidieron realizar el segundo y hoy inician el tercero, aunque sabe que a veces “pateas las montañas durante días sin encontrar nada, buscar y no encontrar y pasar muchas horas inmóviles, no es como ir a ver leones en Kenia, donde cada día vez algún ejemplar y su familia”.

Allí “es un viaje más duro, si veo uno o dos me sentiré satisfecho, además, hay tan pocos datos y fotografías que cualquier observación es bienvenida”, sostiene.

Amor por la naturaleza gracias a la educación de sus padres.

Alamany Sesé cree que su amor por la naturaleza se lo debe a los paseos que realizaba con sus padres por las montañas de Cataluña, cuando muchas familias pasaban domingos de fútbol y televisión.

Este amante de la fotografía y la naturaleza recuerda que se vio obligado a dejar sus estudios de biología en la universidad en los años setenta al coincidir con la muerte del ex dictador Francisco Franco y  una época convulsa en el centro universitario, lo que le obligó a seguir estudios en su otra pasión, el dibujo, la fotografía y el diseño gráfico.

Se especializó en fotografía de viajes y actualmente se dedica a hacer reportajes y viajes de naturaleza.

Alamany Sesé ha publicado varios libros, y además en revistas, diarios y  empresas en España, Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Portugal y Suiza, y ha sido galardonado con varios premios.


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