Niels Högel: otra cadena perpetua para el ex enfermero alemán acusado de matar a más de 100 pacientes

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Niels Högel: otra cadena perpetua para el ex enfermero alemán acusado de matar a más de 100 pacientes.

Niels Högel se confirmó este jueves como el asesino en serie más prolífico de la Alemania de posguerra, al ser condenado a una segunda cadena perpetua por la muerte de 85 personas.

El ex enfermero alemán, de 42 años, había sido originalmente acusado de haber asesinado a 106 personas bajo su cuidado, pero durante su juicio en la ciudad de Oldenburg la fiscalía consideró tener pruebas suficientes solamente en 97 casos.

Högel, que ya cumplía cadena perpetua por otros dos fallecimientos, se declaró culpable de 43 de esas muertes.

Dirigiéndose a los familiares de las víctimas, el ex enfermero dijo estar arrepentido y avergonzado.

También aseguró que durante el juicio finalmente logró comprender el enorme sufrimiento causado por los hechos, cometidos entre 1999 y 2005 en las clínicas de Oldenburg y Delmenhorst.

Con anterioridad, Högel ya había admitido que las muertes habían sido causadas por sus intentos de impresionar a sus colegas resucitando a pacientes a los que les había dado dosis letales de fármacos para el corazón.

También dijo que en ocasiones actuaba “por aburrimiento”.

El caso le valió duras críticas a las autoridades sanitarias alemanas, acusadas por los familiares de las víctimas de cerrar los ojos ante la actividad criminal del enfermero.

Los investigadores dicen incluso que pudo haber matado a más pacientes, pero muchas de esas víctimas potenciales fueron cremadas.

El caso.

Högel fue capturado por primera vez en 2005 cuando inyectaba medicamentos no recetados a un paciente en Delmenhorst. En 2008 fue condenado a siete años de cárcel por intento de asesinato.

En 2015, un segundo juicio lo encontró culpable de dos asesinatos y dos intentos de asesinato y recibió la pena máxima. En ese juicio admitió haber matado a unas 30 personas y la indagatoria se amplió.

El equipo toxicológico exhumó los cadáveres de 130 pacientes para buscar restos del fármaco que pudo haber colapsado sus sistemas cardiovasculares.

También examinaron los registros en los hospitales donde Högel trabajó.

Los archivos de la clínica de Oldenburg mostraron que las tasas de muertes y resucitaciones habían aumentado cuando Högel estaba de guardia, reportó la revista alemana Der Spiegel.

Aún así, el cuidador recibió una buena referencia y se fue a trabajar a un hospital en la ciudad cercana de Delmenhorst, donde un número inusual de pacientes también murió mientras él estaba de turno.

Sus letales prácticas, sin embargo, llegaron a su fin luego de que una de sus colegas notó que un paciente previamente estable había desarrollado palpitaciones irregulares.

Högel estaba en la habitación cuando hubo que resucitar al paciente y la otra enfermera que estaba ahí encontró cajas de medicinas vacías en el basurero.

En su primer juicio, el ex enfermero describió con detalle la tensión que vivía ante lo que podía suceder cuando inyectaba a los pacientes el medicamento, lo bien que se sentía cuando conseguía reanimarlos y lo deprimido que le dejaban las muertes

Cuando un paciente moría se prometía a sí mismo no provocar más casos mortales, pero sus buenos propósitos “se desvanecían con el tiempo”, recuerda un reporte.


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