Alemania pasa de ansiar el sol a temer por sus bosques

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Germany goes from craving the sun to fear for its forests.

Los alemanes, ciudadanos habitualmente ansiosos de sol, empiezan a alarmarse ante las altas temperaturas de esta primavera, mientras los meteorólogos pronostican ya otro verano de sequía extrema y crece el temor por el futuro de sus bosques.

Las imágenes de alemanes al sol, en pleno abril, a 26 grados centígrados y en su propio país -no en uno de sus destinos vacacionales preferidos del Mediterráneo- fue el lado hermoso de la moneda durante el receso vacacional de Semana Santa.

Menos hermosos fueron este miércoles los pronósticos del Servicio Alemán de Meteorología (DWD), que prevén otro verano de sequía extrema, tras haberse batido el año pasado máximas récord -de 38,9 grados centígrados- y de haber vivido un invierno benigno.

El déficit en precipitaciones caídas el año pasado se estima en 200 o hasta 300 litros por metro cuadrado, según ese departamento, lo que ha dejado el suelo reseco, de modo que aunque llueva copiosamente en los próximas semanas no alcanzará para la regeneración del subsuelo.

En este receso vacacional de primavera, pero a temperaturas estivales, se activaron las alertas por riesgo de incendio, especialmente en la región que envuelve Berlín, donde se prohibieron preventivamente las tradicionales hogueras de Semana Santa.

La situación el año pasado fue alarmante.

Si la situación vivida en el año pasado fue alarmante, por unas máximas insólitas en ese país centroeuropeo y por la ausencia de precipitaciones, el invierno tampoco logró revertir la situación, pese a las copiosas nevadas caídas en Baviera y parte del sureste, pero no en el conjunto del país.

“El estado de la vegetación en muchas regiones de Alemania es mucho peor que el año pasado”, prosiguió el experto del DWD, cuyas advertencias siguen a las emitidas estos días por los servicios forestales y cuerpos de bomberos, que reclaman refuerzos de dotaciones y efectivos.

El propio DWD cerró 2018 con un balance demoledor, emitido el pasado diciembre, en que se vaticinaban sequías frecuentes y otras inclemencias extremas como consecuencia del cambio climático.

Ahí se advertía de que el cómputo de precipitaciones registradas en Alemania fue apenas el 60 % de lo habitual en ese país y de que los meses calificables de “secos” se extendieron de abril a noviembre.

Fue el año más cálido desde que empezaron a registrarse mediciones sistemáticas, en 1881, con una temperatura media de 10,5 grados.

Al cierre del año, uno de los “medidores” más comúnmente repetidos en los medios, como reflejo de la dramática situación, era la desastrosa cosecha de la patata, la peor en 30 años.

La alarma se ha trasladado ahora a los estragos causados en los bosques por la sequedad del suelo y por la proliferación de la denominada cucaracha de la corteza, un insecto cuya población explotó con las altas temperaturas del año pasado y que además ha sobrevivido con éxito al benigno invierno.

Madera inservible por insectos.

La cucaracha de la corteza devoró el año pasado 500 millones de árboles jóvenes e hizo caer a mínimos el precio de la tala, ya que la madera afectada por estas poblaciones es inservible o de baja calidad.

Alemania, país con 11,4 millones de hectáreas de bosques -un 32 % de su superficie total-, teme por el futuro de su riqueza forestal, no solo por los efectos económicos sobre el sector maderero.

La llamada “muerte de los bosques”, durante los años ochenta un motivo de alarma nacional derivada de las altas emisiones contaminantes y el crecimiento industrial, se dio por más o menos dominada hacia 2002, entonces bajo el Gobierno socialdemócrata-verde del canciller Gerhard Schröder.

El cambio climático es ahora el gran enemigo global para una mayoría de los alemanes, lo que se traduce en las masivas manifestaciones todos los viernes de decenas de miles de escolares, seguidores de la activista sueca Greta Thunberg.

La plana mayor de la política alemana, desde la canciller Angela Merkel, de la Unión Cristianodemócrata (CDU), hasta el presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, exlíder socialdemócrata, han mostrado su comprensión hacia ese movimiento.

La formación política emergente no son ni los conservadores de Merkel, pese a defender su posición de primera fuerza a escala nacional, ni menos aún sus socios socialdemócratas, en persistente caída de electorado, sino los Verdes.

Los ecopacifistas viven un consolidado auge y se sitúan en intención de voto en segunda posición a escala nacional, mientras su líder, Robert Habeck, compite con Merkel en la consideración de político mejor valorado del país, un año después de haber asumido la dirección del partido.


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