mié. Nov 13th, 2019

La salud a terapia intensiva ( pero parece que no hay cama )-Nova

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La muerte de Andrea Schllothauer fue como un tornado que abrió puertas y ventanas a una realidad insoslayable: las serias fisuras del sistema de salud en Gualeguaychú.

 

Esta pérdida que, a todas luces, podría haberse evitado, fue la gota que colmó el vaso. A decir verdad son muchos los episodios que han venido sucediendo en los distintos centros de salud, públicos y privados, que han generado indignación entre los vecinos.

 

En algunos casos por personas que perdieron la vida por falta de atención o negligencia y en otros por muertes dudosas que nunca tuvieron explicaciones que dieran satisfacción a los familiares.

 

Ni hablar de las demoras, la falta de respeto, la desidia y otras prácticas inconcebibles cuando se trata de atender a personas con algún problema de salud.

 

            LA SALUD PUBLICA DESBORDADA

 

Hay diversas causas que han ido produciendo una fabulosa demanda al hospital público. Muchos trabajadores en situación de precariedad, muchos otros sin trabajo, obras sociales que no hacen frente a sus obligaciones y cortan sus servicios, son algunas de las causas por las cuales los vecinos tienen que acudir al hospital público, sin contar con otra alternativa.

 

Esto ha hecho que el hospital deba atender una población numerosa, más allá de la capacidad de respuesta que tiene hoy por hoy.

 

De todos modos, también hay que tener en cuenta las deficiencias del hospital por falta de insumos, falta de aparatología, falta de ambulancias y falta de medicamentos.

 

Sin dudas que esto obedece a una política de la dejadéz desde el nivel nacional. No se destinan los presupuestos necesarios o se invierten mal.

 

Cuando nos enteramos de los grandes robos al estado, como consecuencia de la omnipresente corrupción, podemos imaginarnos cuántos de estos problemas se solucionarían si esos dineros se destinaran a atender la salud de la población en lugar de llenar los bolsillos de políticos y empresarios corruptos.

 

También es evidente el desgaste que se produce entre quienes tienen la responsabilidad de manejar estos grandes centros de atención de la salud. Después de algunos años entran en una especie de aletargamiento que se traduce cuando se ingresa al hospital.

 

Falta de higiene, perros callejeros durmiendo en los pasillos, gatos rompiendo las bolsas de residuos, telarañas que cuelgan cual guirnaldas, instalación eléctrica deplorable, espacios abiertos sin atención, goteras en los días de lluvia, y una larga lista de situaciones que hacen del hospital un lugar deprimente y hostil.

 

Todos sabemos del nuevo edificio que se está construyendo y eso es más que positivo. Pero el nuevo edificio aún no se ha concluído. Mientras tanto, todos estos años,  se podrían haber hecho algunas refacciones para mantener un poco el viejo edificio.

 

Es inconcebible que un hospital de referencia como el nuestro no cuente con aparatología adecuada para realizar buenos estudios.

 

La sala de rayos está perimida. Los aparatos son de la época de nuestros abuelos y las radiografías son deficientes. El ecógrafo, si ahora funciona, también salió del túnel del tiempo. Ni hablar de contar con un tomógrafo. Cuando un paciente hospitalario debe hacerse una tomografía es derivado a un centro privado que, por otra parte, tampoco tienen aparatos modernos y los resultados de esos estudios también son deficientes.

 

Se entiende que la compra de esta tecnología es altamente costosa, pero un pequeño porcentaje de los drenajes de la corrupción alcanzarían para comprarlos.

 

El hospital local, además de atender los pacientes de Gualeguaychú, debe recibir las derivaciones de Islas, Larroque, Almada, Irazusta, Urdinarrain, Gilbert, además de atender todo accidentes que se produce en la Ruta 14 o la Ruta Internacional que nos une con Fray Bentos. Ni hablar de la temporada turística y el carnaval que genera el ingreso de miles de personas.

 

Es indignante que la gente pretenda atenderse un problema de salud y le den turnos a 15, 20, 30 días o más. En el área de salud mental se dan turnos muy a largo plazo y es de imaginar que alguien que esté con problemas emocionales o mentales no puede estar esperando a que alguien se decida a atenderlo. En la mayoría de los casos necesita ver a un profesional lo más rápido posible.

 

Lo mismo ocurre con las personas que por ahí tienen un síntoma al que no se le da demasiada importancia, pero resulta que al tiempo le diagnostican un cáncer. El síntoma más simple requiere premura, porque a veces es la señal para detectar a tiempo un mal mayor.

 

Por supuesto que esto no ocurre. La gente deambula rogando por un turno que la mayoría de las veces tarda mucho tiempo.

 

También debemos detenernos en lo que es la atención en sí misma. Hay médicos que son excelentes y dignos de admiración por la dedicación y el esmero hacia el paciente. Hay otros que son repudiables, porque atienden a la gente como si les estuvieran haciendo un favor, erigidos en un lugar de poder y omnipotencia que amedrentan a cualquiera.

 

En esos casos, si es que están cansados o disconformes, sería mucho más saludable que se quedaran en sus consultorios particulares y no le dedicaran horas al hospital público y dejaran lugar a quienes hacen de la medicina una verdadera misión de vida.

 

Esto que aquí comentamos es lo que todos vemos a diario. Por lo tanto, si los vecinos lo ven y lo padecen ¿Por qué la dirigencia política y los funcionarios de todos los niveles y colores no toman el toro por las astas y empiezan a buscar caminos de solución?

 

            LA SALUD PRIVADA ENJUICIADA

 

Si nos vamos al ámbito privado, tampoco tenemos buenas noticias. Los últimos acontecimientos demuestran las fallas que existen. En primer lugar, es ya una tradición en Gualeguaychú la falla en los diagnósticos.

 

Son cientos los casos de personas atendidas por un determinado diagnóstico en nuestra ciudad y cuando hacen una interconsulta en otro lugar resulta que el diagnóstico estaba equivocado. En algunas ocasiones es demasiado tarde y ya no hay soluciones para algo que se podría haber evitado con el diagnóstico correcto desde el primer minuto.

 

Cuando los pacientes llegan a centros médicos más especializados con los estudios en mano realizados en Gualeguaychú (Análisis, radiografías, ecografías, tomografías) es muy común que le digan que no sirven. Y no es extraño que esto ocurra, porque cuando se accede a otros centros médicos y uno se encuentra con la aparatología que tienen y luego ve los resultados traducidos en placas, se da cuenta a cuántos años luz estamos de contar con una medicina realmente competitiva.

 

Otro servicio que es fuertemente criticado por la población son las emergencias médicas. También están sobrepasadas y la atención se resiente. Cuando venden el servicio le prometen al socio innumerables ventajas, que luego, en la práctica no se cumplen.

 

No se puede obviar también los problemas que debe afrontar la medicina privada con las obras sociales que no cumplen, que no pagan en término, los altos costos de los insumos y la tecnología.

 

Años atrás hemos perdido dos centros privados: el sanatorio Gualeguaychú y el sanatorio Cometra.

 

Hoy estamos a punto de perder el sanatorio Agos, manjeado por 23 entidades sindicales que hoy no dan la cara ni se hacen cargo de una deuda que ronda los 20 millones de pesos.

 

Los médicos y trabajadores del lugar han hecho todos los esfuerzos posibles por mantener abierto el sanatorio. Pero todo tiene un límite. La situación no da para más. Hay deudas por sueldos, insumos, impuestos y juicios laborales.

 

Los mismos sindicatos son los que se han encargado durante años de administrar este sanatorio. Sería bueno que dén alguna explicación por respeto a sus afiliados, ya que es con su dinero que el sanatorio funciona.

 

¿Hubo malos manejos? ¿Alguien se quedó con un vuelto? ¿O acaso es imposible mantener un sanatorio sin que haya algún otro apoyo económico? Para disipar todas estas dudas sería bueno que se diga la verdad, que se informe cuál es el verdadero problema para poder ir encontrando soluciones duraderas.

 

LA GENTE BUSCA OTRAS ALTERNATIVAS

 

Es común en nuestra ciudad que la gente busque otras alternativas para atender su salud. Uno de los lugares más elegidos es el sanatorio adventista de Puíggari. Otros optan por la ciudad de Buenos Aires y algunos por la ciudad de Concepción del Uruguay o Colón.

 

Esto no es caprichoso. En esos lugares han encontrado mejor atención y sobre todo algo que se repite con mucha insistencia y que los profesionales locales deben comenzar a tener muy en cuenta: “mejor trato humanitario”.

 

Aquí, muchos médicos se ofenden y enojan cuando se enteran que su paciente busca estas alternativas. En lugar de ello, deberían ver por qué ocurre esto.

 

A todos nos asiste el derecho de tener opiniones variadas cuando de nuestra salud se trata. Ello no implica despreciar al profesional local.  Otra opinión profesional puede enriquecer a nuestro médico y realizar una tarea conjunta. De hecho, los médicos que actúan son humildad lo hacen y lo aceptan sin problemas. En muchos casos, le recomiendan a su paciente que haga otras consultas. Esa actitud no desmerece a un profesional. Por el contrario, lo engrandece.

 

Es bueno aclarar que esto no abarca a todos los profesionales, y es necesario destacar a todos aquellos que tienen un desempeño altamente profesional acompañado de un gran sentido humanitario y solidario en muchas ocasiones.

 

Deseo creer que estamos en un momento de inflexión. El pueblo marchando por las calles para pedir por la mejoría del sistema de salud nos da la oportunidad de barajar y dar de nuevo.

 

Las soluciones no son de una sola persona. Todos podemos aportar. Es muy importante el rol que pueden cumplir en este camino de buscar soluciones, los sindicatos, las obras sociales, los colegios profesionales, el estado municipal, provincial y nacional, las universidades y las entidades intermedias que apuestan al desarrollo de la ciudad y el mejoramiento de la calidad de vida de nuestra gente.

 

El sistema de salud debe ser internado en terapia intensiva. Por ahora no hay cama. Tendremos que hacerle un lugar antes que sobrevenga un desenlace no deseado.

 

ALBERTO JOSE DORATI

Por Alberto Dorati

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