mié. Nov 13th, 2019

Diálogo con el doctor Juan Ignacio Weimberg, abogado-Nova

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“El proceso penal está pensado para encarcelar a personas en situación de pobreza, pero no a personas poderosas” Por Nahuel Maciel EL ARGENTINO.
Juan Ignacio Weimberg tiene 38 años y es abogado. Nació el 28 de mayo de 1979 en Gualeguaychú. La prudencia del sabio es una de sus cualidades y casi nunca se lo puede encontrar en el campo de lo políticamente correcto. Y quiere cambiar, aunque sea en algo, el actual sistema de despojo y de erosión de derechos. Sostiene algo incómodo pero cierto y su opinión es clara: a la cárcel solamente van los pobres, pero el poderoso o el rico casi nunca.
Es crítico del legislador necio que no produce mejores leyes: Cree que esta mediocridad –como nunca vista en la historia- se da porque como lo dice Immanuel Kant se ha perdido el atrevimiento de pensar. Pero como Kant, también sostiene que las sociedades pueden llegar a expresar un punto de inflexión cuando asumen su deber y creen que al final los cambios se producen como un ejercicio de la razón y del diálogo del hombre con su cultura.
Es hijo único del matrimonio compuesto por Eliazar Weimberg y Mabel Mazaeda. El padre fue abogado de la matrícula y su madre fue productora ganadera.
La primaria la cursó en la Escuela Tomás de Rocamora y la secundaria en el José María Bértora, del Club Central Entrerriano. En 1996 ingresó en la Universidad Nacional del Litoral para estudiar Derecho y se recibió en 2006. Desde entonces ejerce la profesión en la ciudad.
De posturas claras, Weimberg sostiene que está de acuerdo en que los jueces no paguen Ganancias. En rigor, dice que nadie que cobre un salario debería pagar Ganancias.
Recibió a EL ARGENTINO el viernes por la mañana en su estudio de calle Montevideo, entre Urquiza y 25 de Mayo. Rodeado de una biblioteca generosa, Weimberg trazó una radiografía sobre la Justicia pero principalmente de la sociedad vinculada con las leyes. Recordó a sus maestros formadores que lo estimularon en la sed de saber y reflexionó en voz alta sobre la condición humana: “Está el que robó una gallina porque tenía que darle de comer a sus hijos; y está el que robó una provincia con sus palmeras y hoy es titular de la Cámara de Diputados. Y lo que me motiva es la posibilidad de cambiar, no digo todo, pero aunque sea algo de esta realidad lacerante que nos carcome los valores”, sostendrá acaso como una bandera de vida.
-La vocación por ser abogado le llega de su padre o fue un descubrimiento más allá de la familia…
-Es una vocación que nació por cuestiones innatas, del ambiente. Desde chico en la primaria intervenía en todas las peleas y conflictos, tratando de defender a algunos compañeros que atravesaban una situación injusta. Ya las maestras me decían que tenía alma de abogado.
-Vocación por el conflicto o por la solución…
-Hoy, con experiencia vivida, puedo decir que es una vocación por la solución. Primero, como todo chico, participaba del conflicto; y cuando era sancionado buscaba argumentaciones para demostrar que no era culpable o responsable.
-Hay un vínculo estrecho entre quienes abrazan la vocación por la solución y el fortalecimiento de la democracia. Abreva en esa concepción de la democracia más allá de la justicia…
-Democracia y justicia son dos términos vacíos. Teóricamente hay muchas posibilidades y desarrollo de modelos democráticos, a los cuales hay que precisar para hablar con propiedad; y el mismo término de Justicia también implica adherir a un modelo de ese Poder Judicial. Hay teóricos que afirman que la Justicia no existe como valor y están embarcados en una corriente que dice que no se puede conocer lo que es justo y plantean los problemas cognoscitivos. Y por otro lado están quienes afirman que la Justicia está compuesta por valores y como tales se pueden conocer y la tarea de los jueces es establecer la justicia; es decir, que prevalezcan esos valores. Mi tarea desde hace mucho tiempo y en la actualidad es investigar sobre estos temas. 
-¿Pero no toma partido por una u otra postura?
-No necesariamente. Mi tarea es hacer un muestreo o informar a la población acerca de que no hay un concepto de democracia como tampoco existe un concepto unívoco de Justicia.
-Sin alimentar el ego ombliguista, Gualeguaychú tiene una particularidad en la formación de los estudiantes primarios, pero especialmente en la secundaria desde el Desfile de Carrozas hasta el Gualeguaychú Joven, pasando por el carácter específico de una formación como es el caso del Bértora con su orientación deportiva y ambiental y que en muchos casos son instancias trasversales a la propia curricula…
-Estoy convencido que mi generación, como seguramente serán las actuales y las pasadas, fuimos afortunados. Desde la infancia pude conocer a docentes y profesores, verdaderos maestros, que nos impulsaron y nos alentaron al conocimiento.
-¿Podría recordar a algunos de esos maestros?
-A muchos. El primero que se me viene a la mente es Carlos Arturo MacDougall. En aquella época tenía el Serpentario y a mí me gustaba mucho la biología, a pesar de que me incliné por las Ciencias Jurídicas. Pero fue este docente quien me alentó a la curiosidad, a querer saber más, a estudiar cada tema a conciencia. Además viví lo que él hizo con la Cruzada Deportiva de la Argentinidad, una gesta que hoy es muy difícil de replicar. También puedo nombrar del Bértora, ese colegio que descubro a principios de los años ´90, cuando comencé mi secundaria con profesores con alma de maestros como Guillermo Nicodem, Razzetto, “Gordo” Rodríguez un dirigente inquieto, con Osvaldo Abraham que era nuestro profesor de Educación Física y el primer rector que fue Jesús Legaria, entre tantos otros. Todos ellos nos alentaron para el crecimiento y el desarrollo integral y nos plantearon temas que iban más allá de su propia cátedra. Ya de por sí eran personas de avanzada para crear un colegio dentro de un Club y encima que ese colegio tuviera una orientación deportiva y ecológica. Es decir, tenían la convicción de que el ser humano está íntimamente ligado a la naturaleza y por eso los cuidados no quedaban limitados al físico humano sino también al entorno que nos rodea.
-Gualeguaychú se caracteriza por tener muchas instituciones intermedias, muchas ONGs… todas comprometidas en la materia donde direccionan sus esfuerzos. ¿Esto es una defensa para evitar el conflicto o es una interpelación de cómo estamos viviendo o construyendo una comunidad?
-Gualeguaychú tiene un lema que dice que es madre de sus propias obras y esto expresado alejado del sentimiento chauvinista. Y esto es así por las instituciones intermedias y la propia comunidad que es inquieta y es una característica que es muy difícil encontrar en otra ciudad. Incluso el espíritu innovador de Gualeguaychú, el de ser solidario y que motoriza el desarrollo, tampoco es fácil de encontrar en otras localidades. Mis abuelos, por ejemplo, tenían un almacén que estaba a una cuadra del ex Frigorífico y desde ese lugar pudieron hacer que mi padre accediera a una universidad. Se trata de uno de los primeros almacenes de Pueblo Nuevo, que en aquella época parecía una tierra extraña a Gualeguaychú; pero gracias a ese emprendimiento los hijos pudieron acceder a una movilidad social a través de la educación. Mi padre fue abogado y mis tíos Saúl y Raúl fueron médicos.
-Su padre lo llegó a ver como abogado.
-No. Falleció cuando yo tenía ochos años. Murió por un cáncer de colon. Era la época de la crotoxina, que era conocida pero también considerada ilegal. Todas estas cuestiones bioéticas se repiten a lo largo de la historia. Algo similar ocurre en la actualidad con el aceite de Cannabis. En la época de mi padre la crotoxina era considerada ilegal.
-Como sociedad se suele pensar que se tienen buenas leyes pero un mal sistema de Justicia. Sin embargo, pareciera que es al revés…
-Es así. La hipótesis del legislador nacional se ha quebrado totalmente. El sistema jurídico cree que las leyes son perfectas o tenemos legisladores al estilo de Dámaso Simón Dalmacio Vélez Sarsfield, que era casi enciclopédico. Él solo podía escribir un Código, solamente utilizando amanuenses, y podía hablar de un montón de temas con absoluta propiedad. La hipótesis de un legislador como Vélez Sarsfield o como Osvaldo Magnasco –que es hijo de esta ciudad- o como fueron Onésimo Leguizamón o Alejandro Carbó a nivel provincial, se quebró. Hoy tenemos personas que no tienen conocimientos jurídicos, que además no están inmersos en el compromiso de temas sociales y encima no saben desbrozar una teoría social para saber qué está pasando y se dedican más a la rosca política que a maximizar las herramientas del Estado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Obviamente, las leyes que surjan de ese pobre universo conceptual de los legisladores contemporáneos, se reflejan en leyes malas.
-¿Y entonces?
-Esas leyes malas sujetan a los jueces en una confluencia en un mismo campo legal de cuatro o cinco leyes que regulan sobre la misma materia y de manera disímil. Entonces, muchas de las culpas que recaen sobre el Poder Judicial provienen de una mala producción normativa por parte del Congreso.
-Pasa en la actualidad con el caso del juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Gualeguaychú, Carlos Alfredo Rossi, que enfrenta un Jury a raíz del femicidio de Micaela García por haber concedido un beneficio de libertad a quien luego se confesó autor de esa atroz muerte…
-En el caso de Rossi hay una aplicación de los criterios legales correcta. Y el escozor social es alimentado porque no se comprende la función de ese juez. El juez tiene que guardarle fidelidad a la Constitución Nacional y en segundo lugar a la voluntad soberana que está expresada en las leyes. Si las leyes tienen una explícita definición, es una expresión de una sociedad que en su momento quiso que se sancionara una determinada ley. Mal podría un juez en erigirse soberano a la medida de cada caso. Entonces, cuando la Constitución Nacional dice que hay que resocializar, que las cárceles serán sanas y limpias, que no serán lugares para castigo sino para su reinserción a la sociedad; el juez está atado a ese concepto y no puede hacer lo que quiere. Si los jueces crearan por iniciativa propia tipos penales, no tendríamos seguridad jurídica. Aquí el problema principal se suscitó porque hemos tenido malos legisladores.
-Se podría decir que tenemos aspiraciones de convivencia como sociedad propias del siglo XXI pero una concepción medieval de la pena…
-Ingresamos a un campo filosófico sobre la finalidad de la pena. Pero creo que hoy hay una neta inclinación de no considerar que la pena restaura la norma, es decir, la norma que ha sido violada es restaurada a través de la norma; sino de solucionar un conflicto social. Muchos de los nuevos mecanismos que están surgiendo en el Derecho Penal y en el Derecho Procesal Penal tienden a solucionar un conflicto antes que restaurar una norma. Creo que hay un criterio diferente de legalidad, un criterio diferente en la legitimidad por la cual se impulsan las causas penales… y eso lleva a una mutación de la racionalidad penal que se está aplicando en la actualidad.
-En Gualeguaychú no se ha tomado real conciencia que la Justicia funciona de prestado. En edificios alquilados y en los que son propios sin siquiera tener sanitarios adecuados. Queremos señalar que es toda una concepción del lugar que se le da a la Justicia en la sociedad…
-Coincido con la apreciación. Quiero señalar también que más allá del lugar que se le asigne como infraestructura, también lo que caracteriza al razonamiento judicial se mide por cómo ejerce la coerción; es decir, la posibilidad de hacer cosas que la gente no quiere hacer o contra su voluntad. Y para aplicar la coerción, el Poder Judicial tendría que tener una policía judicial propia. Y de eso modo aplicar medidas sin el doble comando que existe en la actualidad, porque la policía depende del poder Ejecutivo y no del Judicial. Gran parte de la corrupción que existe hoy, gran parte de la falta de investigación que prevalece en la actualidad es porque el Poder Judicial o parte del Ministerio Público Fiscal, sobre todo sus cabezas, tienen una gran inacción, a veces desidia y en otros casos complicidad… todo esto con el agravante que no tiene la facultad de aplicar sus propias decisiones sin depender del Poder Ejecutivo.
-Se suele escuchar en las audiencias orales y públicas que el Ministerio Fiscal argumenta en base a políticas criminales. Sin embargo, el pliego de esa política criminal nunca se explicita en términos de protocolo de actuación… Y queda la sensación de que la política criminal es un concepto vago que se aplica de acuerdo a cada situación.
-El problema que señala es que el criterio de política criminal se ignora antes de tomar una decisión y se la esboza después. Sería saludable que el Procurador la definiera de manera pública. Hay que recordar que en el actual sistema los jueces tienen roles acotados a las garantías y de juzgamientos y quien impulsa la acción penal es el Ministerio Público Fiscal. Le daré un ejemplo. Es habitual leer la cantidad de casos que han recibido condena; pero me pregunto: ¿Cuántos de ellos responden a la figura de delitos complejos? ¿Cuántos son delitos de los llamados de cuello blanco? Los principales delitos que se están tramitando en Gualeguaychú como en el resto de la provincia, vinculados a causas complejas no están resueltos.
-¿Por qué ocurre esa situación?
-Porque el sistema está hecho para gente rica y poderosos. Mal puede jactarse el Ministerio Público Fiscal que ha encarcelado a cien o doscientas personas, si todas ellas son pobres, casi analfabetos, sin posibilidad de una robusta defensa y en la mayoría de los casos dependiendo de una defensoría oficial que tampoco tiene los recursos necesarios para equiparar un equilibrio en la producción de pruebas. Los que van a la cárcel son pobres, porque los ricos o los poderosos pagan abogados, puede producir la prueba y pagar los peritajes e incluso estirar los tiempos a cómo le venga en ganas. Prueba de lo que digo lo encontramos con los políticos denunciados por corrupción. Con penas que no están firmes de casos que ya tienen casi dos décadas. Así las cosas, el proceso penal está pensado para encarcelar a personas en situación de pobreza pero no a personas poderosas.
-Esto lo desanima como abogado…
-Al contrario, me motiva profundamente. Uno conoce diferentes situaciones: está el que robó una gallina porque tenía que darle de comer a sus hijos; y está el que robó una provincia con sus palmeras y hoy es titular de la Cámara de Diputados. Y lo que me motiva es la posibilidad de cambiar, no digo todo, pero aunque sea algo de esta realidad lacerante que nos carcome los valores.
Fuente: Diario El Argentino.

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