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Recién llegado del continente blanco luego de la Campaña Antártica de Verano 2018/2019, la satisfacción del deber cumplido es el sentimiento que invade hoy al Suboficial Delpino.

Nacido en San Luis del Palmar, Corrientes, el Suboficial Segundo Aeronáutico Luis Alberto Delpino recuerda con añoranza su infancia. “Crecí en un pueblo cuya principal actividad era la industria algodonera. A medida que fue pasando el tiempo, creció y hoy es una ciudad importante donde diferentes actividades relacionadas a la agricultura son su motor”, cuenta sobre su lugar de origen.

Al momento de decidir cómo continuar su vida, Luis Alberto siempre tuvo en claro que quería ingresar a la Armada Argentina. Fue un hermano de su padre, Suboficial retirado, quien le contó sobre la presencia de aeronaves en la Fuerza, las aventuras y experiencias que le ofrecería la vida dentro de la Institución.

A sus 20 años y luego de un breve paso por Río Grande, Tierra del Fuego, donde trabajó junto a su hermana mayor armando muebles, decidió rendir el ingreso a la Escuela de Suboficiales en el Batallón de Infantería de Marina Nº 5. “En ese momento no me faltaba trabajo, por eso insisto en recalcar que mi elección de la profesión fue por vocación.”

Campo Sarmiento, Puerto Belgrano, Punta Indio: tres lugares en la provincia de Buenos Aires donde transcurrió su formación inicial. “Agradezco que hayan respetado mi elección en cuanto a la orientación aeronáutica. Creo que si no hubiera sido así, mi historia sería diferente. Mi motivación principal nunca fue volar, me interesaba la parte mecánica: armar y desarmar, buscar soluciones.”

La carrera profesional del Suboficial Delpino se desarrolló casi en su totalidad en la Base Aeronaval Comandante Espora en Bahía Blanca, con un pequeño intervalo en Río Grande y considera a su destino actual en la Segunda Escuadrilla de Helicópteros “su otra casa”.

“Algo que siempre había soñado era poder ir a la Antártida y los helicópteros Sea King me dieron esa posibilidad. Es un contraste completamente diferente a Corrientes, sabía que ni pagando iba a poder llegar a esos lugares. El primer contacto en el 2004 fue muy lindo, a pesar del dolor de haber dejado a la familia”.

Recuerda tener fotos impresas de aquel primer viaje sobre los hielos y paisajes que hoy, luego de su quinta campaña como parte de la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros de la Armada Argentina (EAH2), parecen repetitivos pero no lo son. El correntino destaca que siempre encuentra algo nuevo, que la vorágine propia del trabajo hace de cada ‘Antártida’ algo nuevo.

“El trabajo en cada campaña es arduo pero es positivo conocer personas distintas y es destacable el sentimiento de grupo al momento de realizar las tareas, no hay diferencias de jerarquías o de especialidades, todos nos comprometemos”, enfatizó.

Sobre su presente, el Suboficial es encargado de Electrónica y tiene 6 personas a su cargo. “Mi trabajo consiste en garantizar el buen funcionamiento de todo lo que es electrónico dentro del helicóptero: instrumentos de navegación, comunicación, posicionamiento GPS”.

Este aeronáutico ha participado no sólo en Campañas Antárticas, también lo ha hecho en operativos de búsqueda y rescate, y en patrullas de la plataforma continental argentina. “La Armada me dio todo. Una vez ingresado y decidido, descubrís que hay miles de oportunidades, y de opciones en la Armada. Es necesario ingresar porque te gusta, aceptar cómo es la Institución y seguramente vas a obtener muchas satisfacciones”, aconsejó. “El desarraigo cuesta, pero cuando entras a este mundo, la Armada te acuna como tu familia”, dijo convencido.

LOS SEA KING DE EAH2 EN LA ANTÁRTIDA.

Los helicópteros de la Escuadrilla están diseñados para operaciones antisubmarinas; tareas de exploración; guiado y ataque; helitransporte de asalto; búsqueda y rescate; evacuación sanitaria; apoyo a la población civil en siniestros y emergencias; reabastecimientos logísticos de bases terrestres y unidades de la Flota de Mar.

También son destacados a la Antártida a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar” como dotación complementaria para realizar las tareas de reaprovisionamiento de bases y recambio de personal.

El hangar del rompehielos alberga dos de los helicópteros Sea King que dependen de la escuadrilla. El Grupo Aeronaval Embarcado está compuesto por 8 pilotos oficiales, un oficial técnico y 17 suboficiales mecánicos, quienes son los encargados de poner a punto las aeronaves.

Los Sea King tienen la capacidad de transportar una carga externa (carga frigorizada, equipos científicos, combustible, vehículos, motos de nieve, materiales de construcción y traslado de personal) de hasta 2.700 kilogramos. Estas unidades son muy necesarias para operar en la Antártida, y se requiere de un trabajo previo y posterior al vuelo, donde intervienen los mecánicos.

La función del mecánico se divide en dos: en vuelo y en tierra. En vuelo, asisten al piloto en cuestiones mecánicas, instrumentales y en la visualización externa al helicóptero. En tierra le corresponden las tareas de mantenimiento preventivo –inspecciones programadas por el plan de mantenimiento– y correctivo –en caso de alguna novedad en los sistemas se realizan los procedimientos necesarios para su solución–.

Estos últimos se pueden hacer a bordo del rompehielos por lo que previo a la zarpada los mecánicos son los responsables de embarcar repuestos e insumos para su mantenimiento: motores, palas de rotor, repuestos hidráulicos, filtros, luces, ejes y equipos de comunicación.

Dentro de la formación básica del mecánico, una vez finalizada la Escuela de Suboficiales de la Armada, al personal que es destinado a la Escuadrilla se lo capacita con los conocimientos técnicos y específicos correspondientes a la aeronave. Una vez adquirida la experiencia, se lo sigue instruyendo para que pueda desarrollarse como ayudante de mecánico.

Cabe destacar que los integrantes de esta unidad realizan cursos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Instituto Nacional de Normalización y Certificación (IRAM) y la Fuerza Aérea Argentina, con el fin de potenciar la capacidad de mantenimiento sobre las aeronaves.

LUIS ALBERTO EN SU SAN LUIS DEL PALMAR.

Es el cuarto de cinco hermanos con quienes compartió una infancia llena de emociones al aire libre. “Me acuerdo la libertad que existía en ese entonces. Tuve una infancia muy sana, donde nuestros padres nos dejaban jugar en la calle, sin preocuparse por dónde estábamos. Ellos sabían que a la hora de cenar volvíamos”, relata entre tímidas sonrisas.

Cursó sus estudios secundarios en la Escuela Normal “Martín Miguel de Güemes” y, en esta etapa de su vida, guarda un hermoso recuerdo con su madre. “Ella arrancó como portera de una escuela primaria. Sin embargo, no tenía su título secundario. Lo consiguió a la par mía, un gran ejemplo. Luego estudió para ser maestra y se jubiló como directora.”


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