Se nos quemaron los papeles se nos quema la historia-Nova

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El incendio del archivo del ex Frigorífico Gualeguaychú es una noticia, tal vez, para muchos no reviste gran importancia.

Para quienes apreciamos la historia y la cultura, es un hecho muy doloroso. Las llamas consumieron años de riquísima historia local, resumida entre toneladas de papeles que reflejaban lo que aconteció en la Argentina de principios de siglo hasta casi nuestros días.

 

Ese archivo era un fiel reflejo de la realidad económica, social y política de nuestro país. Por eso, las llamas se llevaron algo más que papeles. Se llevaron parte de nuestra historia, desarrollada en un lugar emblemático como fue el frigorífico para la ciudad de Gualeguaychú.

 

Allí, entre las cenizas, quedaron las historias de miles de trabajadores, su esfuerzo para forjar un país poderoso, sus anhelos personales, sus buenos y malos momentos, los altibajos del país, los progresos de un pueblo a la luz de un emprendimiento levantado puramente por capitales locales.

 

En diálogo con Natalia Derudi, encargada de los museos de la ciudad, sabemos que se preservan un diez por ciento de toda esa documentación. Afortunadamente, desde el año 2005, la Asociación Amigos del Museo Agrícola trabajaron en la clasificación y rescate de parte del material, gracias al financiamiento del programa “Identidad Entrerriana”.

 

 

Esa ayuda les alcanzó para rescatar esa parte del material que hoy está preservado y bien guardado. Allí se encuentra innumerable documentación de interés histórico y legal. Los legajos de los trabajadores fueron rescatados y actualmente sirven para que muchos de ellos puedan justificar sus aportes para obtener una jubilación, entre otras cosas.

 

La pregunta es ¿por qué no se continuó con este rescate?. Para los que no conocen de este tipo de actividad, debemos decir que no es una tarea sencilla. Requiere mucha mano de obra para la limpieza, clasificación y ordenamiento de tanto material. Para ello, hacía falta financiamiento.

Si bien siempre existió el interés por el rescate, las distintas gestiones municipales terminaron priorizando otras cuestiones más urgente y nunca se pudo disponer fondos para llevar a cabo esta tarea.

Como ya sabemos, la historia y la cultura suelen pasar a un segundo plano, cuando hay que solucionar cuestiones edilicias, de salud o asistencia social.

No debería ser así, pero la cruda realidad que rige en Argentina nos indica que pocas veces hay dinero para estos menesteres.

 

¿QUE GENERO EL INCENDIO?

 

Esa pregunta flota en el aire por estas horas. En la ciudad se barajan todo tipo de especulaciones. Se escuchan los comentarios más disparatados. Se habla de “vendettas”, negligencia, intereses políticos, y otras yerbas.

Difícilmente haya venganzas que se traduzcan en el incendio de un archivo que no contenía información que pudiera comprometer a alguien en particular.

Quienes afirman que podría existir allí documentación municipal comprometedora, sabemos que es totalmente falso. Allí no había más que documentación del frigorífico.

Si hablamos de negligencia podríamos decir que de algún modo sí existió, por haberse dejado pasar el tiempo sin tomar ninguna decisión sobre ese material.

 

Por otra parte, es imposible que en ese lugar se hubiese generado un incendio de manera espontánea. No hay electricidad ni otro factor que pueda desencadenar un incendio de papeles.

 

Por ello, no es descabellado pensar que el incendio fue intencional. Tal vez, generado por irresponsables que sólo quisieron hacer daño o simplemente divertirse, sin tomar conciencia del estrago que estaban perpetrando.

 

En el lugar hay vigilancia, pero quienes conocen el predio saben que se puede acceder fácilmente por diversos lugares.

Sabemos que se ha pedido un peritaje a Bomberos de Concepción del Uruguay, para determinar las causales del incendio.

 

 

Más allá de eso, ahora ya nada se puede hacer. El archivo se destruyó y con él se nos fue un pedazo grande de historia gualeguaychuense.

Natalia Derudi, angustiada por lo ocurrido, trata de conformarse con lo que se ha podido rescatar.

Dicen que el fuego limpia. En este caso, se encargó de sepultar en la niebla del olvido las memorias de un pueblo que creció a la sombra de la industria más importante que tuvo la ciudad en muchos años.

Los papeles son algo más que eso. En ellos está contenido el trabajo, las alegrías, las penurias, los amores. En ellos está plasmada la vida que ahora quedó reducida a cenizas.

Sería bueno que esta desagradable experiencia nos sirva para que, desde los ámbitos políticos, se comience a dar la importancia necesaria al rescate de nuestra historia. Tanto se habla en estos tiempos de “la memoria”, que sería bueno tener “memoria” para todo.

 

ALBERTO JOSE DORATI

Por Alberto Dorati

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