Se cayó la careta de la mentira, y los disfraces de la manipulación, los gualeguaychuenses viven más inseguros

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The mask of the lie fell, and the costumes of the manipulation, the gualeguaychuenses live more insecure.

El día a día de los gualeguaychuenses se ha convertido en un gran escenario teatral donde se conjugan hechos trágicos e inseguridad delictiva con la ciudad “turística” que pretenden vender una realidad disfrazada de entretenimientos coloridos, música alegre y mucha permisividad.

Los manotazos de ahogado que intentan dar un paliativo a la constante y creciente ola de inseguridad no alcanzan, son ínfimos.

Nos está ganando, y nos estamos acostumbrando, a enterarnos y/o ser partícipes de hechos donde la delincuencia es la vedette de este verano.

Robos a mansalva acompañados de violencia. Droga por doquier. Permisividad y puerta giratoria. Derechos humanos para algunos.

¿Dónde quedó la Gualeguaychú en la que todos nos conocíamos y nos cuidábamos?

¿Qué pasa con los que ocupan cargos que deben hacer e involucrarse con las personas que habitamos la ciudad?

¿Dónde se puede recurrir para que, realmente se nos tome en serio cuando nos pasan hechos que avasallan y superan nuestros derechos?

Hay mucho por enumerar… Hay mucho por arreglar. Cortes de luz en exceso, calles de los barrios destruídas, sin ningún mantenimiento por años, vecinos víctimas de robos que nunca recuperan lo suyo. Miedo y apatía.

Los motochorros, una modalidad que crece, evoluciona y se perfecciona.

La ola de inseguridad no se puede negar. Esto de ocultar el sol con un dedo no le sirve a nadie. ¿O sí?

Cuesta creer que unos pocos puedan sacar ventaja de esta situación. Pero es evidente que algo o alguien no están cumpliendo su función. El “dejar pasar” no es una forma de gestión, el “mirar para otro lado” no es una forma de comprometerse con la comunidad.

Los gualeguaychuenses nos merecemos otra cosa. La ciudad que construimos entre todos y que hoy es para unos pocos.

Acá está la gente indefensa que queda  expuesta y sin posibilidad de cambiarlo. Acá está la gente que pide a gritos que dejen actuar a la policía y que dejen de transar con los capos de la droga. Acá está la gente que sale a laburar y que vuelve a su casa con miedo. Acá está la gente que espera ver volver a sus hijos sanos cuando salen a la noche. Acá está la gente que ve como una ciudad tranquila se convierte, a pasos agigantados, en un lugar donde gana la delincuencia y la desidia  de los políticos.

Pasó el mes de enero del 2020. Hubo reuniones para, “supuestamente”, hacer algo con respecto a la inseguridad. Hubo muchas palabras bonitas. Aparecieron frases, que, en lo personal las considero desafortunadas, porque para una persona preparada con un título de “juez”, no le puedo poner el mote de “ignorante”-¿O sí? “El adicto no es un delincuente, es un enfermo- Los delincuentes son los narcotraficantes”, o sea…. ¿y cómo le llamamos al “adicto que delinque¨?

No desvirtuemos los conceptos porque después los delincuentes terminan con una defensa exagerada de los DDHH y nos encontramos con que un policía no goza de ninguno de estos derechos.

¡Basta de hipocresía, abandono, desidia y falta de compromiso!

Me parece fantástico que participen del carnaval con un tamborcito pero, por favor, gestionen y trabajen para todos. Gualeguaychú no es sólo de la Avenida Parque hasta la costanera. Hay muchos barrios abandonados. Hay mucha gente que padece el día a día.

Gestionar, involucrarse, trabajar en equipo, usar la empatía y empezar a sanar y parar esta locura en la que se está convirtiendo la ciudad.

Hay mucha gente capaz. Es necesario dejar actuar a los que saben. No nos creamos tan omnipotentes. Las soluciones llegan cuando salimos de la apatía y el egocentrismo y nos ponemos a trabajar en función del bienestar de todos.

Que no sea una utopía.

Por: Brave…


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