Mauricio Gómez: prisionero de un Estado ausente

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Mauricio Gómez: prisoner of an absent State.

Luego de un mes de prisión preventiva, Mauricio Gómez  ha sido notificado de  su nueva situación: “prisión domiciliaria con tobillera”.

Rápido, efectivo y contundente accionar de la justicia en su caso. El hombre que salió aquella fatídica mañana a trabajar, NO a matar, recurriendo al llamado de auxilio de un barrio asolado, harto y con miedo, soportando la cotidianeidad y el desparpajo en el que se mueven los amigos de los ajeno. El infortunio y la inintencionalidad han sido lapidarios con su suerte.

Los pasos legales serán cumplidos. Pero… ¿para todos se actúa de la misma manera?, ¿los delincuentes reincidentes de nuestra ciudad que se pasean con tobillera electrónica, mientras roban autopartes de autos y hasta macetas  en nuestras caras, también son tratados  de la misma forma?

El rostro del Sargento Gómez ha sido paseado y publicado por cuanto medio hemos visto. Esposado y llevado por sus propios camaradas. Pero, ¿y  el de los “pibes chorros” que les conocemos los nombres? Circulan por grupos de whatsApp,  porque algún vecino decidió crear un grupo de ayuda,  en caso de que los delincuentes entren o ataquen a algún integrante del barrio. Clara muestra de un Estado ausente.

El paralelismo creado por esta ausencia es terrible, nefasto y desolador.

Hay una necesidad imperiosa de poner cada payaso en su circo y saber qué rol cumple cada uno en esta sociedad.

“Convivir” es vivir con otros. Para lograrlo existen normas, reglas que regulan esta convivencia. Si bien tenemos la libertad de hacer lo que deseamos, nuestr derecho termina donde comienza el del otro.

Hay quiénes no comprenden este concepto y por lo tanto, avasallan sin escrúpulos los derechos de los demás.

Si vamos a ser “justos” hablemos de DERECHOS HUMANOS PARA TODOS. No juguemos con la doble moralina y el discurso hipócrita de que, si portas un uniforme tus, derechos son “distintos”.

Detrás de cada uno de los AZULES hay una familia: un padre, una madre, hermanos, esposa, hijos. Son quienes aguardan a que vuelvan enteros luego de una guardia.

La función de los AZULES no es nada simple: tapar agujeros, de un Estado que no se ocupa de las más mínimas condiciones de seguridad de la población. Muchos de ellos, se desenvuelven en una comisaría pobrísima de amoblado, arcaica de insumos de computación,  detrás de un escritorio, sostenido por un pedazo de madera para que no se mueva. Los AZULES se compran su uniforme, se desenvuelven  como pueden. Son trabajadores como cualquiera de nosotros.

Repensar estas cuestiones nos abre la cabeza para que dejemos de juzgar y empecemos a entender.

Que la justicia sea justa. Que los DERECHOS HUMANOS SEAN PARA TODOS IGUALES. Que nuestro policía no pague las consecuencias de una cadena de inoperantes.

 Por Brave…


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