La comunidad bajó el martillo en el caso de Goméz, la sentencia es libertad

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The community lowered the hammer in the case of Goméz, the sentence is freedom.

Como lo decía el General San Martín, así de clarito. Hoy nos estaría haciendo falta un poco de sangre sanmartiniana que corriera por nuestras venas. Esa sangre que supo luchar contra  toda potencia que pretendía la dominación extranjera en nuestra patria.

Estamos tan anestesiados que no podemos distinguir entre lo que es justo y lo que no lo es. Defendemos, con discursos retorcidos los derechos humanos de “todos” pero nos olvidamos de aquellos que por cumplir con su deber, los perdieron.

Me encuentro leyendo artículos donde las comparaciones son realmente ilógicas. Un policía, que cumplía con su trabajo, cae en desgracia tras un hecho fortuito y ajeno de intención. Y se lo pone en igualdad con personas que han reincidido en la delincuencia o han matado a sangre fría.

¿Qué nos está pasando como sociedad?, ¿qué pretendemos hacer con la vida de uno de los azules que fue a trabajar y, por el maldito infortunio le tocó cargar con el peso de la muerte de una persona?

¿De qué vara me hablan cuando dicen “que la justicia no midió de igual manera”, citando casos incomparables y sin ninguna posibilidad de coincidencia?

Hay una sociedad que pide JUSTICIA y se siente al límite del hartazgo y la decepción porque quienes tienen que impartirla,  están jugando con el doble discurso y la impronta retrógrada de querer hacer leña del árbol caído.

Quiero pensar, y a la vez, creer que se entiende que no se puede cortar el hilo por lo más delgado. Que un policía no debe estar condenado a prisión perpetua, y que además, se lo use como chivo expiatorio para tapar las negligencias, ausencias y equívocos de un  Estado con paupérrimas políticas de seguridad.

¿Cuántos Mauricio Gómez se necesitan para darnos cuenta de que estamos haciendo las cosas mal?

¿Dónde está el representante de los Derechos Humanos de nuestra ciudad para atender a una familia que espera contención y protección?

¿Quién se ocupa y se preocupa por afrontar el día a día de la familia de un policía,  cuando transita  un proceso legal que lo imposibilita de trabajar y aportar a su hogar?

Somos rápidos a la hora de poner rótulos y juzgar al otro. Pero si usáramos la empatía, entenderíamos que no es cierto, el discurso de personajes que aparecen y mezclan épocas pasadas de  nuestra historia con errores muy groseros, para tapar las falencias actuales

Hoy es otra la situación. Hoy convivimos a diario con el miedo, la apatía y la ausencia de políticas de seguridad que eviten situaciones límites.

“Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción” (Simón Bolívar)

Salgamos del comodísimo, de la apatía, del conformismo y no seamos meros opinólogos. Involucrarse hará que se nos escuche como sociedad.

Una sociedad que clama por la LIBERTAD del Sargento Mauricio Gómez, ya que entiende que no es él quién debe pagar por los errores inconmensurables de un Estado ausente.

POR BRAVE…


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