Inseguridad cuando la vida no vale nada-Nova

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El asesinato a mansalva de un remisero sacudió a toda la sociedad de Gualeguaychú.

 

Con la muerte de Juan Carlos Waller nos asomamos a la más oscura y macabra consecuencia que produce la tantas veces nombrada “inseguridad”.

 

Hay mil formas de inseguridad, pero esta es la que se lleva la vida de personas que tienen familia, proyectos, ilusiones y sobre todo el derecho a vivir en paz.

 

En Gualeguaychú estamos más acostumbrados al delito contra la propiedad, algún asalto a mano armada, pero no esta salvajada injustificable desde todo punto de vista.

 

Waller era uno más de los tantos hombres y mujeres que ante la imposibilidad de tener un trabajo con un salario mensual seguro, abrazó la actividad del remis para llevar un dinero diario a su casa.

 

Era padre de cinco hijos, tenía 45 años y había inculcado a sus hijos la importancia de ganarse la vida “por derecha”, tal como uno de ellos lo expresó a través de los medios.

 

Ahora, sus colegas andan por las calles de la ciudad consternados y con miedo. Ese miedo que se genera cuando sabemos que en este pueblo, donde todavía todos nos intercambiamos un saludo, andan personajes sin escrùpulos como los que cometieron esta locura.

 

RECLAMO 1

 

No podemos soslayar que las drogas son importantes protagonistas en estos hechos violentos. Han llegado para instalarse y minar las mentes de nuestros jóvenes.

 

Las drogas que llegan de la mano de otros personajes más inescrupulosos aún que también habitan entre nosotros y se dedican al negocio del tráfico y venta.

 

Este flagelo se infiltra cómodamente en una sociedad que ha perdido sus valores, donde da lo mismo vivir que morir, donde crecen los resentimientos.

 

En algunos casos, se infiltra en quienes ya la pobreza ha hecho estragos, llevándolos a jugarse al todo o nada, porque las oportunidades han desaparecido, porque ya nada tiene sentido.

 

Se supone que los dos detenidos por la policía serían los autores del crimen. Seguramente la justicia les dará el merecido castigo.

 

Eso nos da soluciones a medias. Más allá que todos exigimos justicia, no es solamente una pena aleccionadora la que nos hará retomar la paz perdida.

 

Estamos transitando tiempos difíciles, en los que la sociedad ha trastocado sus principales ejes de convivencia.

 

RECLAMO 2

 

El excesivo consumismo, impuesto por unos pocos buitres que dominan el mundo, el deterioro de la educación, la destrucción de la cultura del trabajo y la destrucción de los valores más profundos del ser humano; nos han llevado lenta pero inexorablemente a esta realidad.

 

Hoy salimos de nuestra casa y no tenemos la certeza de volver sanos y salvos. Nos enrejamos, no salimos por miedo a dejar nuestra casa sola, andamos en la calle mirando si hay algún sospechoso que nos pueda arrebatar. Esa vida nos enferma de angustia y nos llena de impotencia por saber que poco o nada podemos hacer frente a un monstruo que pareciera manejar los hilos desde algún recóndito lugar.

 

Un monstruo que tiene olor a muerte y para quien la vida no vale nada. 

 

ALBERTO JOSE DORATI

Por Alberto Dorati

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